Marlon Maxey: La agresión de un ‘4’ durísimo que hundió al Breogán

Marlon Maxey: La agresión de un ‘4’ durísimo que hundió al Breogán
La agresión de un ‘4’ durísimo que hundió al Breogán

Javier Ortiz Pérez

Dos temporadas con Minnesota Timberwolves.
Dos temporadas con Minnesota Timberwolves.

Dos equipos tuvo en España Marlon Maxey y en ambos casos la historia no acabó nada bien. Sí rindió de forma excelente en el Breogán, cuando ejerció como revulsivo en la temporada 94-95, pero su agresión al árbitro Guillén en el cuarto partido del ‘play-out’ ante el Valvi Girona acabaría costándole probablemente la permanencia a los lucenses. Unos años después, en la 2000-01 y ya mucho más ‘cascado’ a nivel físico, fue reclamado por el Lucentum Alicante para que mejorase el juego interior del equipo, pero no llegaría a concluir su contrato.

Maxey era una auténtica ‘mula’: uno de esos interiores bajitos (2,03), pero peleones al máximo basados un amasijo de músculos. Técnicamente con limitaciones, lo que no se debía negociar con él era el tema de la fuerza, porque era fácil que te sacase de la zona. Nacido en Chicago y estrella en la Universidad de Texas-El Paso, encabezó la segunda ronda de un ‘draft’ glorioso como el de 1992 (Shaq, Alonzo Mourning, Robert Horry, Latrell Sprewell) con el número 28, escogido por los Minnesota Timberwolves. Allí se hizo un hueco durante dos temporadas, en las que hizo gala de su tremenda efectividad: en apenas 12 minutos en pista promedió 4,9 puntos y 3,7 rebotes, lo que da que pensar cómo le hubiese ido de disponer de un rol más importante.

Cuando terminó su contrato estuvo unos meses sin equipo, a la espera quizás de una llamada de la NBA que no se produjo. Sí la del Breogán en enero de 1995, cuando aprovechó que Ronnie Thompkins se lió a mamporros con el empleado de un hotel para sustituirle. No lo estaba haciendo mal, pero Maxey mejoró al equipo con su contundencia en las dos zonas. Un dato que explica su juego fue que más de un tercio de sus canastas de dos puntos las consiguió en forma de mate (57 de 159). Especialmente llamativo fue lo sucedido ante el Ourense, cuando machacó 8 veces (de 12 canastas totales) en lo que todavía es una de las marcas más altas en la historia de la competición desde que se contabiliza esa estadística.

El incidente ante el Valvi en 1995 (Foto: Diari de Girona).
El incidente ante el Valvi en 1995 (Foto: Diari de Girona).

Pese a todo, los lucenses se vieron abocados al ‘play-out’ contra el Valvi Girona, al que dominaban 2-1 y con un cuarto partido en casa en el que podían sentenciar. Pero ganaron los catalanes, 68-69 con final polémico, y a Maxey, visiblemente alterado, no se le ocurrió otra cosa que ponerle la mano encima a Guillén, lo que le ocasionó la automática suspensión para el quinto encuentro, que los suyos inevitablemente perdieron sin uno de sus bastiones (72-67). Casi pareció poco que el club le sancionase con un millón de pesetas (6.000 euros). Un descenso siempre sale más caro.

La sanción malogró sus buenos números (19,3 puntos y 8,8 rebotes) y le alejó de España los siguientes años, en los que estuvo a un nivel similar en Grecia (Larissa, Iraklis y Peristeri) y Francia  (Villeurbanne). Ya era demasiado tarde cuando el Lucentum Alicante (entonces denominado Proaguas Costablanca), en problemas, le dio el puesto de Amal McCaskill en diciembre del 2000. Solo duró once partidos, quejándose constantemente de la rodilla y acreditando 11,1 puntos y 6,1 rebotes. Aquello debía ser grave porque apenas si jugó algunos partidos más a nivel profesional en el Galatasaray.

No hay demasiado sobre su vida desde que dejó el baloncesto, aparte de algún homenaje en la universidad. Su hijo, del mismo nombre pero que juega más exterior, ha pasado por la ABA con los Chicago Steam.

Homenajeado en Texas-El Paso.
Homenajeado en Texas-El Paso.