Keith Hill: Dureza bajo los aros, pero comportamiento extraño

Keith Hill: Dureza bajo los aros, pero comportamiento extraño
Dureza bajo los aros, pero comportamiento extraño

Javier Ortiz Pérez

Con el Cáceres 99-2000.
Con el Cáceres 99-2000.

Jugador duro y práctico al máximo, pero también inestable, este Keith Hill.  Su única experiencia en la máxima categoría fue con el Cáceres en la temporada 99-2000, pero tuvo otras dos en España, bastante separadas en el tiempo entre sí: Leymakao Coruña en 1994 y Zaragoza en 2002.

Hill, nacido en Brooklyn, tenía un físico espectacular para el baloncesto. Con 2,09, no le sobraba ni un gramo de grasa, lo que le confería una presencia fiera en el centro de la zona. También tenía buen instinto para el rebote y el tapón y en ataque no se complicaba en absoluto. Más allá de 3-4 metros era difícil verle lanzar.

‘Escondido’ en una universidad pequeña como Shippensburg, en Pensilvania, sus primeros contratos profesionales fueron en Venezuela y Colombia antes de aquellos meses en A Coruña donde dejó huella de su potencial, aunque también de su inexperiencia. Era la primera edición de la Liga EBA y, aun siendo la segunda categoría nacional, aquel océano de equipos resultaba difícil de analizar en ocasiones.

Tras un breve paso por la CBA, donde realmente se hizo jugador fue en Francia, donde pasaría muy buenos años en Pau Orthez, Dijon (máximo reboteador de la ProA) y Nancy (elegido para el All Star). También se asomó a Estonia (Kalev Tallin) y Grecia (Larissa) antes de regresar a España, reclamado por Luis Casimiro para el Cáceres en 1999. Aquello fue un total acierto porque los papeles estaban perfectamente repartidos en el juego interior: Danya Abrams (bien conectado con Paraíso como ‘3’) se ocupaba del lucimiento y la anotación y Hill se centraba en un trabajo sucio que hacía de maravilla.

Unos meses en Zaragoza en 2002.
Unos meses en Zaragoza en 2002.

No se perdió ni un encuentro de los 34 de liga regular y en todos fue titular, alcanzando los 12,3 puntos (54% en tiros de dos), 7,4 rebotes y 2,2 tapones en 32 minutos.  Unos números que le valieron automáticamente la renovación... Hasta que avanzó aquel verano y de forma inesperada le comunicó al club extremeño que no quería cumplir el contrato, que se retiraba del baloncesto sin haber cumplido todavía los 30.

Aquello se interpretó primero como una rareza y más tarde como una informalidad, cuando se supo que había firmado por el CSKA, aunque no llegaría a debutar. Después no  tuvo inconveniente en jugar consecutivamente en Francia, Italia y Filipinas. Y en 2002 le llegó la llamada del recién nacido CAI Zaragoza: Pepe Arcega, director deportivo del club maño, confiaba en él porque había sido compañero suyo en Cáceres. Su papel iba a ser el mismo: ejercer de ‘picapedrero’ para Otis Hill. Sin embargo, aquello se torció desde el principio, cuando agredió inexplicablemente a un rival en la final de la Copa de Aragón. 8,4 puntos y 6,5 rebotes (en 27 minutos) ilustraban un rendimiento que no fue el esperado y que le dejó en la calle a los tres meses. “Yo estoy satisfecho. Siempre he jugado muy duro, muy fuerte, siempre he tratado de ayudar al equipo a ganar, con actitud, con ganas. Creo que he cumplido con mi trabajo. Lo que no sé es si lo que he dado es lo que ellos querían. A lo mejor prefieren fichar a un pívot que haga más puntos que yo (...). Siempre he hecho lo que el entrenador me ha pedido. Y la verdad es que nunca he tenido muchas oportunidades para anotar. Me he empleado más en defensa, en ser un jugador duro”, comentó entonces.

Jugó unos meses más en el Marinos de Oriente de Venezuela y emprendió su definitivo adiós al baloncesto. Según su perfil de Linkedin, vive en Carolina del Norte y trabaja para First Look Aproval, una compañía que ofrece créditos a empresas y particulares.

Imagen de su perfil de Linkedin.
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