Luis Muñoz: La decisión (acertada) de abandonar el basket con 23 años

Luis Muñoz: La decisión (acertada) de abandonar el basket con 23 años
La decisión (acertada) de abandonar el basket con 23 años

Javier Ortiz Pérez

Temporada 2000-01 con el Estudiantes.
Temporada 2000-01 con el Estudiantes.

Luis Muñoz siempre ha tenido fama de ser un chico inteligente, cerebral. En esa línea, en el verano de 2002 tomó una decisión que ahora puede parecer más normal (tenemos el caso de Luis Conde en 2014): abandonar el baloncesto profesional, en el que estaba bastante bien posicionado para tener una carrera larga, para centrarse en los estudios. Y eso que entonces no había llegado la crisis que hizo que, por lo general, bajasen los sueldos de los jugadores de este nivel.

Muñoz hoy en día no se arrepiente. Le ha salido bien: concluyó la carrera de Administración de Empresas, sacó una oposición que le llevó al Ministerio de Hacienda para trabajar en auditoría y control interno y desde hace tres años, tras una excedencia en su puesto de funcionario, es el jefe de la Unidad de Seguimiento de Control Interno en Enresa. Se trata de una sociedad mercantil que se dedica básicamente a la gestión de los residuos radiactivos y al desmantelamiento de centrales nucleares.

 “Llegó mi momento: o centrarme en los estudios o en el deporte. Y decidí ponerme con los libros ‘a saco’. El baloncesto no es como el fútbol. Para toda la vida se ganan la vida unos pocos. Para mí fue importante el apoyo de la familia, que te insistan en que sigas con los estudios. Creo que  los estamentos deportivos (Consejo Federaciones etc) y los propios clubs, por ejemplo a través de acciones ligadas a su Responsabilidad Social Corporativa, deben adoptar iniciativas para inculcar a las familias y  a los propios deportistas cuando están en activo (y también después) la necesidad de formarse, cada uno a su ritmo, para su etapa después del deporte.  Tenemos que cuidar el futuro de nuestros deportistas potenciando los valores que aprendes e interiorizas a través del deporte, (por ejemplo:  trabajo en equipo, adaptación y sacrificio para consecución de fines comunes). Estas características son valoradas positivamente por cualquier organización.

En la actualidad.
En la actualidad.

Y eso que empezó en el baloncesto gracias a su madre, que fue internacional absoluta seis veces en los años 70. Se llama Piedad Parrondo y era pívot. “Nací en Madrid, pero por motivos de trabajo de mi padre tuve una infancia muy de ir de acá para allá. Creo que cuando realmente aprendí a jugar fue en los Salesianos de Las Palmas, con los que Javier, mi hermano mayor, fue subcampeón de España junior. Carolo y Pablo, mis otros dos hermanos también tuvieron su época de baloncesto. Mi madre, con el apoyo también de mi padre, nos metió ese ‘virus’ en las venas a todos. Ahora nos toca a mi mujer y a mí involucrar a nuestros hijos, Irene y Mateo, en el mundo del deporte”, declara.

Cuando la familia volvió a asentarse definitivamente en la capital de España fue cuando Luis intensificó su relación con la canasta. Entró en el Estudiantes, se hizo notar en su cantera y vivió como tercer base una gran época del club, con el cambio de siglo. Eso incluyó la Copa ganada en Vitoria en el 2001. Pero el tiempo en pista escaseó: solamente 14 partidos ACB y 80 minutos en total, dejando su marca acumulando casi más asistencias (12) que puntos (14). Al tiempo era mucho más protagonista en el filial de EBA, rozando medias de 25 minutos y 10 puntos.

“Yo creo que era un base cerebral, que leía bien el juego y podía también tirar, pero no era excesivamente rápido. En el Estudiantes jugué muy poquito porque tenía delante a la que para mí era la mejor pareja de la liga y que formaban Nacho Azofra y Gonzalo Martínez. Eran dos jugadores que se complementaban muy bien y de los que aprendí mucho, no solo a nivel deportivo sino también desde el punto de vista personal. Son dos personas con ADN del Estu y eso se nota”, apunta.

Su última temporada en activo, la 2001-02, la pasó en el Complutense, aquel proyecto plagado de ex jugadores de Estudiantes y Real Madrid que hizo un papel muy positivo en la LEB. Demostró que podía estar a buen nivel en una categoría así (5,6 puntos y 2,5 asistencias en 19 minutos), pero recién cumplidos los 23 años le llegó ‘la decisión’. Y no parece haberle ido mal. Durante más de una década estuvo sin jugar, hasta que volvió hace poco a una de esas ligas municipales de veteranos en las que se ven muchos kilos, pero también mucha calidad. “Sigo sin ser rápido, pero me divierto jugando con algunos de mis antiguos compañeros y amigos de Estudiantes”, remarca.