Francis Perujo: Producto de Los Guindos en una generación mágica

Francis Perujo: Producto de Los Guindos en una generación mágica
Producto de Los Guindos en una generación mágica

Javier Ortiz Pérez

Temporada 2001-02 con el Cantabria.
Temporada 2001-02 con el Cantabria.

Perteneciente a la quinta malagueña de Carlos Cabezas, Berni Rodríguez y Germán Gabriel, Francis Perujo tuvo una carrera más discreta, que incluyó 14 partidos ACB entre Unicaja y Cantabria Lobos, además de unas cuantas temporadas aquí y allá en distintas categorías del baloncesto federativo.

Perujo es el clásico producto de Los Guindos. A ese recinto acudió para ver los entrenamientos de su hermano a los ocho años y allí conoció al padre de Berni Rodríguez en un momento que cambió su vida. “Me dijo que si quería entrenar y jugar porque él tenía un hijo de mi edad. Le dije que vale y me sacó fuera del pabellón y me llevó con Berni, presentándome a su entrenador. Así empezó todo”, recuerda.

Empezó entonces un largo camino hasta el debut con el primer equipo, en la jornada inaugural de la temporada 2000-01 ante el Cantabria: “Llegábamos como motos, no te puedes ni imaginar lo que es una pretemporada con Maljkovic. ¡Teníamos agujetas hasta en las orejas! El partido fue fácil desde el comienzo y nos marchamos rápido en el marcador y a falta de tres minutos Boza me llamo para salir al campo”.

Define aquel tiempo integrado en el primer equipo como “ilusionante”. “Éramos el equipo favorito para ganar la Copa Korac y la Copa del Rey se celebraba en Málaga por primera vez, aunque un triple de Herreros en los últimos segundos de los cuartos de final nos despertó del sueño. En la Korac fuimos pasando rondas hasta meternos en la final. Ganamos los dos partidos ante el Hemofarm, el primer título en la historia del club. ¡Fue la primera vez en temporada y media que vimos sonreír y reír a Maljkovic!”.

La temporada siguiente buscó en Torrelavega los minutos que no podía tener en el Martín Carpena. “Fue muy difícil siempre metidos en puestos de descenso y con cambio de entrenador y de jugadores, pero de todo se aprende y más cuando se pasa mal. El gran Moncho Monsalve nos dio un gran cambio al equipo, pero llegó demasiado tarde para poder salvar la competición”, recuerda

Con su hija Valeria, en la actualidad.
Con su hija Valeria, en la actualidad.

Ya no volvería a la máxima categoría y sí conocería LEB, LEB Plata, Bronce y EBA. Estuvo en Bilbao, Gijón, Melilla, Clínicas Rincón, Plasencia, Mérida, Molina de Segura y sobre todo Ciudad Real, donde jugó sus tres últimas temporadas, hasta 2012. “Hubo años mejores y otros peores tanto en lo personal como en lo colectivo, pero que a día de hoy estoy muy agradecido tanto a los equipos a los que pertenecí como las personas con las que compartí experiencias y vivencias. Como jugador siempre intenté potenciar mis virtudes que eran el tiro exterior y leía muy bien el juego, pero tenía un gran hándicap: me faltaba peso y músculos para competir con estos portentos. Siempre fui una persona muy delgada”, reconoce. “Si volviera a empezar, cambiaria mi año de Cantabria porque enganché dos temporadas seguidas casi sin jugar minutos en una edad que aún te estás formando. La mejor forma de progresar es compitiendo en partidos y disputando muchos minutos aunque tengas que bajar una o dos competiciones”, añade.

Tras retirarse, se asentó de nuevo en Málaga y empezó la siguiente etapa de su vida, “la que mas vértigo te da cuando dejas de hacer lo que has hecho toda la vida y laboralmente no tienes experiencia en otra cosa que en el deporte”. Ahora está en una de las mayores empresas cárnicas del país, El Pozo Alimentación, “en algo que siempre me gustó y me llamó mucho la atención: el aspecto comercial y las ventas. Llevo para cuatro años siendo agente-comercial en una zona de la provincia de Málaga”. Eso sí, lo compagina con quien define como su gran pasión: su hija de Valeria, de tres años. “No hay canasta, asistencia, mate, partido o titulo que la supere”, remarca.