Gaby Campos: ‘Triada’ y hepatitis contra el pívot de Totana

Gaby Campos:  ‘Triada’ y hepatitis contra el pívot de Totana
‘Triada’ y hepatitis contra el pívot de Totana

Javier Ortiz Pérez

Con la selección juvenil.
Con la selección juvenil.

“De Totana hemos salido Chendo, Bárbara Rey y yo”. Quien lo dice en tono arrolladoramente divertido es Gaby Campos, pívot de la localidad murciana que creció en la cantera del Real Madrid y cuya prometedora carrera en Málaga se vio truncada por la temida ‘triada’ y una hepatitis consecutivas. El colmo de la mala suerte que le tuvo casi dos años sin jugar.

“Es lo que pasa cuando juegas al baloncesto. Estás expuesto a las lesiones y a mí me tocó, lo que enlacé con la enfermedad. Cuando pude volver a jugar, ya no era yo, y eso que me machaqué trabajando para serlo”, añade desde Daganzo, la localidad madrileña en la que ahora vive. Desde que se retiró muy joven, ha estado metido en el sector de la seguridad en distintos papeles: guardia, escolta, especialista en armas e incluso detective privado...

Han pasado justo 20 años desde que tuvo que dejarlo, después de unos años en los que pasó de ser una enorme promesa a alguien al que le costaba enormemente mover la rodilla dañada. Su vida cambió el día que se puso a jugar al baloncesto en el Capuchinos de su localidad natal y a un profesor suyo de matemáticas le dio por mandar una carta al Real Madrid pidiendo que le probasen. “A los cinco o seis meses nos respondieron y nos invitaron a hacerla. Nos juntamos 80 o 90 niños allí y se quedaron con diez. Y eso que yo había empezado apenas un año antes, cuando era malo no, lo siguiente”, recuerda.

Machacando en Málaga.
Machacando en Málaga.

Campos llegó a la internacional en categoría juvenil, disputando el Europeo de Hungría en 1987 a las órdenes de Miquel Nolis. Fran Murcia, Mike Hansen, Antonio Medianero, José Miguel Hernández, Juanan Morales y Toni Pedrera formaban el núcleo principal de un equipo que perdió la batalla por el bronce ante la URSS. Asume que su nivel no era para el Real Madrid. “Me vieron en un Campeonato de España junior en Badajoz y fiché por Unicaja, que pensé que era mi sitio. Empecé jugando mucho, sin perderme ni un partido y aprovechando que Rafa Vecina se había lesionado. La triada que sufrí al principio de la temporada 92-93 lo cambió todo. Volví antes de lo esperado, pero en mayo lo enlacé con la hepatitis, que fue lo que ya me mató”, apunta.

Se mantuvo hasta 1995 bajo la disciplina del Unicaja, ya fuese arrancando algún minuto en el primer equipo o cedido en el vinculado de Liga EBA para que cogiese la fórmula, pero su idilio con Málaga había terminado. “Me machacaba, pero no conseguía volver a ser yo mismo. Fiché en Salamanca y tampoco tuve minutos”, lamenta. Acaban ahí 90 partidos ACB con 2,7 puntos y 2 rebotes de promedio en 13 minutos.

Su último equipo sería el Melilla en LEB. “Después de que me cortasen el contrato porque la cosa no iba bien decidí dejarlo, volver a Madrid y establecerme por mi cuenta”, añade. No había cumplido todavía los 27 años y las canastas quedaron definitivamente aparte en su vida.

En la actualidad con su hija menor, Candela.
En la actualidad con su hija menor, Candela.

A Campos, pese a su carácter afable, el queda ese sabor agrio de haber podido triunfar y no haberlo hecho por circunstancias ajenas a sí mismo. “Tengo una máxima: le di mucho al baloncesto y el baloncesto no me dio lo que yo merecía, así es que pasé página”, resume. A Totana regresa de vez en cuando (gracias al club de la ciudad por ayudarnos a localizarle, por cierto). Un futbolista y una vedette no pueden estar solos en el ‘altar’, ¿no?