Ralph Sampson: Crepuscular número 1 del ‘draft’ en Ciudad Jardín

Ralph Sampson: Crepuscular número 1 del ‘draft’ en Ciudad Jardín
Crepuscular número 1 del ‘draft’ en Ciudad Jardín

Javier Ortiz Pérez

Con los Rockets ante su siguiente equipo, los Warriors.
Con los Rockets ante su siguiente equipo, los Warriors.

Ralph Sampson protagoniza una de las historias más apasionantes (y al mismo tiempo tristes) de la historia de la Liga. Hasta el reciente advenimiento de Andrea Bargnani a Vitoria, era el único número 1 del ‘draft’ que había jugado en España. Y todavía hoy en día conserva la marca de ser el jugador más alto de la historia de la competición con sus 2,24. Aquello tan difícil de imaginar unos años antes, cuando era una inalcanzable estrella de la NBA, sucedió en la temporada 91-92 en el Unicaja de Málaga.

Sampson iba para estrella absoluta desde muy joven, cuando todo el mundo hablaba de él en la universidad de Virginia. Y de hecho lo llegó a ser, pero bastante brevemente. Elegido en más alto de la clase de 1983 por los Houston Rockets, en 1986 fue ‘MVP’ del All Star y jugó la final de la NBA contra los Boston Celtics. Inolvidable su canasta en el último segundo que eliminó a los campeones Lakers en la final del Oeste, ¿verdad?

A la prensa americana le gustó llamarle a él y a Hakeem Olajuwon ‘Las Torres Gemelas’, aunque muy gemelas no eran, porque el nigeriano estaba en 2,13 (luego se diría que incluso 2,08…). El futuro era de ambos, sobre todo de un Sampson que, con su estatura, se atrevía a subir el balón, tirar desde fuera y coquetear con las posiciones exteriores. De hecho, él era el ‘4’ de los Rockets y Olajuwon, el ‘5’.

A su llegada a Málaga.
A su llegada a Málaga.

Una serie de lesiones y el traspaso a Golden State en 1987 apuntaron su decadencia, confirmada en etapas aún más oscuras en Sacramento y Washington. Eso le llevó, ya iniciada la temporada 91-92, al Unicaja de Málaga en sustitución del colombiano Álvaro Teherán, un joven de 2,14 al que le estaba costando adaptarse. Al club andaluz le llegaron unos vídeos de Sampson. “Yo no lo veía muy claro, pero me autoconvencí de que podía ayudarnos. El anterior NBA que tuvimos años antes fue Adrian Branch y metía 25 puntos con la gorra”, comentó hace unos años el entrenador del equipo, José María Martín Urbano, en ‘Cuadernos de basket’, donde también se aseguraba que su contrato era de 150.000 dólares.

Fueron solo ocho partidos que confirmaron que se trataba prácticamente de un ex jugador: 7 puntos y 6,8 rebotes en 28 minutos de media y 29% en tiros de dos (21 de 71). Especialmente significativo fue lo sucedido en los encuentros ante Caja San Fernando (0 puntos en 23 minutos) y en el  último en casa frente a OAR Ferrol (1 punto con 0/7 en tiro en el mismo tiempo). Fue sustituido por un gris pívot llamado Edward Amos, repescado del entonces filial, el Melilla, que se lo estaba ‘comiendo’ en los entrenamientos, según los testimonios cercanos. “El problema venía cuando le defendía alguien. No podía moverse. No podía pivotar y como vino muy delgado, a nada que le tocabas, le desplazaba y perdía el equilibrio”, explicaba Urbano.

 “Tenía las rodillas muy mal”, reconocería años después en ‘Gigantes del Basket’. “Es algo que realmente acabó con mi carrera, lo sabe todo el mundo y no tiene mucho sentido darle más vueltas ya. Si todo hubiera ido normal, hubiese seguido en la NBA muchos años. Pensé que podía recuperarme en España jugando solamente un partido por semana, fortaleciéndome poco a poco. Pero es evidente que no fue así”, añadió. Cuando se le sacaba líquido sinovial, le salía mezclado con sangre: un síntoma nada bueno.

Último partido ante el OAR Ferrol de Lavodrama.
Último partido ante el OAR Ferrol de Lavodrama.

Con todo, conservaba vivamente en su memoria algunos detalles de lo que vivió en la capital de la Costa del Sol, guardando especial cariño por el delegado del equipo, Manolo Rubia, que lo sería años después de la selección española. No ocultaba algunos problemas ‘logísticos’. “Tuve que adaptarme a unas camas que era muy pequeñas.Y no había calefacción central en el apartamento que me dieron, así es que a veces pasaba mucho frío. Me dieron unos radiadores portátiles para mantenerme un poco templado, pero los circuitos eléctricos de la casa saltaban cuando usaba varios a la vez en distintas habitaciones”, sostenía entre sonrisas. Cuentan que solía invitar a comer a los juniors. Rafa Vecina le considera “una excelente persona. Me sorprendía que un tío de su fama fuera tan agradable y tan sencillo. Humilde, preocupado... Estaba por agradar y mezclarse con la gente”.

Y es que, pese a todo, consideraba que fue “una gran experiencia” haber pasado por España “una vez que me aclimaté a la cultura”, destacando sobre todo “las playas y la comida”. “Todavía tengo amigos hoy allí”, refiriéndose fundamentalmente a Rubia.

Apenas volvió a saltar a una pista a partir de entonces, con breves etapas como jugador-entrenador en Hong-Kong y en la CBA. Después también tuvo problemas personales: fue acusado de mentir sobre su situación financiera para no pagar la pensión alimenticia a dos de sus hijos (de distintas mujeres) por un montante de 300.000 dólares. En el 2006, asumió los delitos de fraude y falso testimonio, por lo que fue condenado a dos meses de cárcel. Los Phoenix Suns le dieron un trabajo como entrenador asistente en el 2012, pero prescindieron de él poco después.  

Sus hijos llevan también el baloncesto en la sangre, pero ni Ralph ni Robert han logrado de momento poner un pie en la NBA. Uno juega en la liga de desarrollo y el otro en Montenegro. Sí lo consiguió su sobrino Jamal, aunque tampoco es que destacase especialmente (cinco equipos en cinco años entre 2002 y 2007).

Imagen reciente.
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