José Carlos Muriel: El primer fichaje junior para la cantera malagueña

José Carlos Muriel: El primer fichaje junior para la cantera malagueña
El primer fichaje junior para la cantera malagueña

Javier Ortiz Pérez

Caja de Ronda, temporada 83-84.
Caja de Ronda, temporada 83-84.

José Carlos Muriel ejerció como junior en la primera época del Caja de Ronda en la recién fundada Liga ACB (temporadas 83-84 y 84-85). Solamente jugó un partido en la primera de ellas, una experiencia que se vio cortada por una rotura de escafoides con 15 años... que no se le detectó hasta que tenía 19.

Empezó en el Gilest, un equipo de su ciudad natal, Huelva. “Empecé animado por un compañero de clase que jugaba allí. Era alto y rápido y pronto destaqué. Al año siguiente fiché por el Atalaya, que en ese momento era el club puntero de Huelva que lo ganaba todo. La verdad es que me fue bien estuve en un par de concentraciones nacionales que organizaba la Federación Española e incluso estuve en una preselección nacional junior”. Llegó entonces la llamada que le llenó de ilusión: “tuve el honor de ser el primer junior fichado de fuera de Málaga. El año anterior lo habían intentado desde Manresa, pero no hubo acuerdo con el Atalaya”.

A la capital de la Costa del Sol se marchó. “El primer año fue estupendo. Era junior pero hacía dinámica del primer equipo. Había días que entrenaba cuatro veces. No jugué casi nada, pero la experiencia de vivir por y para el baloncesto fue única. Vivía con Antonio Márquez y el presidente de la Federación de Málaga, la maravillosa persona Antonio Paterna y su mujer, nos acogieron como dos hijos más, y eso que ya tenía seis”, recuerda. Fue una época en la que todo “era nuevo” para él: entrenar con americanos, defender a Gonzalo Sagivela... “Con Moncho Monsalve había coincidido en una de las concentraciones nacionales. José María Martín Urbano era nuestro entrenador de junior y lo pasé francamente bien”.

El debut lo recuerda perfectamente: “Fue en un partido amistoso contra Oximesa de Granada.  A falta de 7 minutos me mandaron a calentar, me hizo falta porque me temblaban las piernas. Salí cuando faltaban unos cuatro minutos y jugué bastante bien. Metí cuatro puntos y no hice ningún estropicio... Defendí bien y me sentí muy cómodo”.

En el segundo año pasó cedido al Marbella, de Segunda División, aunque entrenaba todos los días con el primer equipo del Caja de Ronda, que pasó a entrenar Ignacio Pinedo. “También fue especial y lo disfruté mucho. Viví con Quique Villalobos, con quien me sigue uniendo la amistad. Pero evidentemente no es lo mismo no estar en los partidos”. 

Escolta-alero de 1,94, como jugador se define como “rápido, agresivo, salía muy bien al contraataque y tenía un buen uno contra uno. Quizás era demasiado disciplinado. Los sistemas a veces hay que saltárselos y yo lo hacía poco. El tiro tampoco era mi fuerte”.

Fue en abril de 1985 cuando se operó de condromalacia rotuliana y descubrió que tenía el escafoide roto. Volvió a Huelva, donde jugó dos años y medio con el equipo de la ciudad, que había ascendido a Segunda. “Mi última temporada fue la del ascenso a Primera B, la 87-88”. Entonces, el escafoides dijo ‘basta’. Había estado estudiando Ciencias Económicas y Empresariales y cuando acabó se fue a trabajar a Madrid, donde todavía sigue. Ha trabajado en diversas multinacionales y ahora está en Telefónica, donde es el responsable de ventas para el sector de ‘utilities’ y construcción para clientes multinacionales. 

En la actualidad, con su familia.
En la actualidad, con su familia.

Mantiene vínculo con el baloncesto: es directivo del Torrelodones, donde juegan sus tres hijos (un niño y dos niñas). “El año pasado quedamos campeones de Madrid en categoria Junior por encima del Real Madrid, no está mal”, comenta.