Marc Rubio: El hermano de Ricky también debutó con Aíto en el Joventut

Marc Rubio: El hermano de Ricky también debutó con Aíto en el Joventut

Javier Ortiz Pérez

Debe ser complicado, sí. Él mismo lo dice. Eres Marc Rubio, internacional en categorías inferiores, un buen jugador, una promesa emergente. Pero tu hermano pequeño, Ricky, que solo tiene dos años menos, va para leyenda desde que niño. Así es que, por lo que sea, tu carrera no va muy lejos pese a que llegas a debutar con el Joventut en la temporada 2004-05.

“Ser hermano de alguien así es algo que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Es complicado porque debes saber llevarlo, sobre todo cuando estás en 15, 16 o 17 años y no entiendes cosas porque te falta madurez”, cuenta hoy en día Marc Rubio, que está ya en los 30 y, que quede claro, adora a Ricky.

Con el Joventut en el Circuito Sub-20

Si no llegó a más en la élite fue por sus propios errores, destaca. “Si yo ahora tuviese la cabeza que no tuve entonces, seguramente estaría jugando en la Liga Endesa, en un buen equipo. Las cosas que hice mal en su momento fueron de niño. Es así”, explica alguien que creció oliendo baloncesto por todos los rincones del hogar familiar de El Masnou. “Recuerdo ir a ver a entrenar a mi padre. Y saltar a la pista en los partidos a la media parte para jugar con el balón que hubiese suelto por allí. Siempre estábamos hablando de basket en casa”, añade.

Tras pasar por el club local, se incorporó al Joventut en edad infantil, “creo que con 13 años. Fui a la selección desde cadetes hasta la U20. Mi primera experiencia fue un Europeo en Rivas en el que perdimos contra la Serbia de Teodosic”. Con 1,90, siempre ha sido más bien un escolta que podía ayudar en otras facetas. “No me dejaban jugar por dentro ni tampoco me gustaba. Era muy pícaro. Me gustaba defender al bueno del rival para picarle”, apunta.

Internacional en categorías inferiores.

En la 2004-05 se asomó al primer equipo verdinegro y su primer partido fue ante el Bilbao Basket, 7 minutos. “Había muchos exteriores de calidad en aquel Joventut. Yo salí en el segundo cuarto. El 90% de los jugadores a los que Aíto García Reneses ha hecho debutar han llegado lejos. Yo soy del 10% restante”, cuenta entre risas.

Disputó cuatro encuentros más aquella campaña y siguió varias temporadas más en la órbita del Joventut (tres en Plata con el Prat). Estuvo también en el Alcázar (“mi entrenador Javi Juárez nunca me sacaba de titular y un día me preguntó que por qué no me molestaba. Yo le respondí que lo importante era jugar al final”) y en el Lleida, aquí ya en Oro. En 2012 su vida dio un giro. “Tuve algunas ofertas, pero entonces el tema dinero estaba muy mal. Estuve nueve meses sin cobrar allí y quería buscar una familia. Tuve algunas ofertas, pero mi hermano se rompió y me fui a Minnesota a estar con él. Me quedé allí un tiempo”, dice. Decidió dejar el basket y centrarse en otras aventuras empresariales, como un restaurante llamado Sp9rthouse y una empresa dedicada a llevar la imagen de jugadores y captar patrocinios para ellos.

Durante unos años ha desaparecido de la competición... hasta esta temporada, cuando ha regresado para promediar 15 puntos por partido en el Mataró, en Liga EBA. “Estoy con los amigos y me lo paso bien. Mato el gusanillo y ya está".

“Siempre digo que las cosas pasan porque tienen que pasar. Si no lo conseguí fue porque tenían que suceder otras cosas. Lo tengo clarísimo. Tienes que estar en el momento y lugar indicados y tomar buenas decisiones. Lamentarse ya no vale de nada”, concluye.