Ander García: Campeón ahora, hace nueve años y ‘currante’ con perdices

Ander García: Campeón ahora, hace nueve años y ‘currante’ con perdices
Campeón ahora, hace nueve años y ‘currante’ con perdices

Javier Ortiz Pérez

Festejando el título liguero con el Caja Laboral en 2008.
Festejando el título liguero con el Caja Laboral en 2008.

Debe ser especial jugar, aunque sea episódicamente, en un ‘grande’ como el Baskonia siendo un chico ‘de la casa’, pero más todavía verte en plena celebración de un título como la Liga. Lo vivió Ander García en el 2008 en Vitoria, pero las alegrías que le ha dado el baloncesto no pararon ahí: hace unos días festejaba el ascenso a LEB Oro con el Sammic ISB, el equipo de Azpeitia que ha completado una gran campaña en Plata. Y en este caso sí ha sido protagonista en la cancha.

Ander es un chico de Bergara, en la provincia de Guipúzcoa. “Desde muy pequeño era habilidoso para todos los deportes. Tenía raza de ganador y nunca me gustaba perder a nada. Empecé en el fútbol, pero siendo un niño mi tío me llevó a entrenar con el equipo cadete de mi pueblo. Aquel día me la pasaban, pero no metí ninguna. Me fui cabreado a casa y le dije a mi tío que me entrenara, que yo quería encestar”, recuerda.

Su progreso fue rápido y llamó la atención del Baskonia en edad cadete. Y fue escalando peldaños hasta que Neven Spahija le reclamó para echar una mano en los entrenamientos. El ‘premio’ era debutar con el primer equipo un 27 de enero del 2008 ante el Fuenlabrada, en el típico partido en el que los jóvenes tienen la ocasión porque el marcador ya está decidido. “Lo recuerdo como si fuese ayer. Son cosas que nunca se olvidan. El público empezó a cantar ‘Hoy es el día de Ander García’. En ese momento se te ponen los pelos de punta y se te revuelve el estómago. Neven me miró y nada más cruzar la mirada salí disparado hacia la mesa para pedir el cambio. Apenas fue un minuto. Pablo Prigioni me buscaba para poder anotar, pero me pasó lo mismo que cuando era un niño: no pude meter ni una canasta y, dentro de la alegría, me marché triste a  casa. Al día siguiente estaba el primero en el pabellón tirando yo solo. Debía entrenar más”. Hubo otros dos partidos (ante Girona y Granada), pero ni siquiera pudo lanzar. “Yo era un chaval y la verdad es que compartir vestuario con jugadores de la talla de Prigioni, Splitter, Rakocevic... fue increíble. Acabamos ganando la Liga ese año”, añade. 

Campeón de la LEB Plata con el Sammic ISB de Azpeitia.
Campeón de la LEB Plata con el Sammic ISB de Azpeitia.

Sin embargo, fue consciente de que jugar allí era muy complicado. “Había entrenamientos en los que me quedaba sentado viendo cómo hacían cinco contra cinco y si se lesionaba alguno entrenaba. Si no, nada. Me di cuenta que necesitaba disfrutar del baloncesto y divertirme. Estás en un mundo que no es real para un chico humilde de 18 años porque Ricky Rubio o Luka Doncic sale uno de cada un millón”, sostiene.

Así es que salió de Vitoria para explorar la EBA: Santa Pola, Cambados, Oñate... Su regreso a Cambados le permitió conocer también la LEB Plata, donde ha permanecido las últimas campañas con los minutos que buscaba y más cerca de casa y la familia, en Zornotza y Sammic ISB. ”Mi carrera no la cambiaría por nada. He disfrutado de ella y todavía voy a disfrutar lo que me quede. Ahora estoy haciéndolo como nunca, viendo cómo crecen mis primos, jugando con ellos, pudiéndoles contar lo que logré”.

Se considera “un jugador de equipo porque “quizás los primeros años sí que pensaba más en mí, en meter puntos, hacer mucha valoración para poder fichar en algún equipo mejor.  Pero uno se va dando cuenta poco a poco cómo funciona esto y ayudando al equipo, pasando para que otros anoten,  rebotear, hacer trabajo sucio, me divierte más y me hace más feliz, sin sentir esa presión de tener que anotar 20 por partido. Ver a los aficionados disfrutar de mi juego y hacer feliz a la gente es lo máximo para mí”. En esta última campaña ha promediado 9,8 puntos en 23 minutos (8,8 de valoración) en un ascenso “increíble, único”. “Quiero dar las gracias a todo el club por confiar en mí. Me he sentido desde el primer momento como en casa, con gente maravillosa y buena”, apunta. Y lo ha podido hacer mientras que compagina el basket con un trabajo en una granja de perdices con par de amigos que son los encargados.

En la granja de perdices en la que trabaja.
En la granja de perdices en la que trabaja.