Felipe García: En el Cajamadrid en la temporada del estreno de la nueva Liga

Felipe García: En el Cajamadrid en la temporada del estreno de la nueva Liga
En el Cajamadrid en la temporada del estreno de la nueva Liga

Javier Ortiz Pérez

En su época como jugador.
En su época como jugador.

“Felipe García” se trata de un nombre muy asociado al baloncesto. Hay al menos tres jugadores que se llamaban así que estuvieron a un cierto nivel: un ala-pívot melillense que participó en el ascenso del Cáceres a la ACB en 1992, un base cordobés que llegó a alcanzar la LEB con Cajasur y Drac Inca y nuestro protagonista de hoy, el único de los tres que militó en la máxima categoría. Se llama Felipe Esteban García y disputó un puñado de minutos con el Cajamadrid en la temporada 1983-84, la primera desde la fundación de la nueva Liga.

Tras no pocas pesquisas (gracias a Pepe Peinado, por cierto), conseguimos encontrarle para que nos hablase un poco de sí mismo. Era un alero madrileño de 1,94 de estatura, según los registros oficiales. “Empecé a jugar al baloncesto con ocho años en el  colegio San Viator. Era el ‘deporte rey’ para los clérigos capitaneados por el difunto Pepe Domaica”, recuerda.

De allí pasó al club de Alcalá de Henares, incluso antes de que existiese el vínculo de esponsorización con Cajamadrid que tanto lo fortalecería. “El primer patrocinador que tuvimos fue la empresa Wamba, afincada en Logroño. Ese año ganamos en el programa "Torneo", presentado por Daniel Vindel. Como consecuencia nos invitaban a numerosas competiciones y fueron años de viajar mucho. El año anterior también lo ganó San Viator. En ese equipo jugaba Paco Velasco, que fue base del Madrid entre otros equipos”, apunta García.

Según añade, “Cajamadrid tomó como cantera los equipos de San Viator. Para mí supuso empezar a jugar simultáneamente con mi generación y el equipo de Primera B y posteriormente el de Primera. Jugar con ellos me supuso crecer tanto física como técnicamente”.

En aquella 83-84, en una plantilla llena de prestigiosos veteranos en su mismo puesto como Wayne Brabender, tuvo pocas oportunidades (seis minutos en cinco partidos y cuatro puntos anotados en total), por lo que se centró en otro ámbito. “Empecé la carrera universitaria y luego a trabajar. Jugué un año en Segunda con Virgen de Atocha y a continuación dejé el baloncesto”, señala.

En la actualidad.
En la actualidad.

Preguntado por cómo era en la pista, contesta que “como jugador destaqué a partir de los 15 años. Antes chupaba mucho banquillo. Jugaba de alero. Creo que la potencia física y el tiro eran mis puntos fuertes. Mi principal debilidad era que, si las cosas no salían bien, me desconcentraba”.

Actualmente trabaja en banca. “Junto a mi mujer, estamos dedicados a los hijos”. Tiene nada menos que cinco y dos de las chicas juegan al baloncesto.