Dani López: De base físico a base cerebral con mando en la LEB

Dani López: De base físico a base cerebral con mando en la LEB
De base físico a base cerebral con mando en la LEB

Javier Ortiz Pérez

Con el Madrid en el 2000.
Con el Madrid en el 2000.

Sin ningún género de dudas, uno de los mejores bases de la LEB en los últimos años este Dani López. Ahora, cerca de los 35, está con un pie y medio en la retirada, dejando atrás una trayectoria en varios ‘grandes’ de la segunda categoría (y un par de ascensos de por medio). También tuvo su momento en la élite con un solitario partido con el Real Madrid cuando era un crío (2000-01) y un par de temporadas más que dignas en Manresa (2009-10 y 2010-11).

De López lo primero que llamaba la atención era su físico: largos brazos, piernas potentes y una tez mulata que no hacía sospechar que era de Salamanca. Pero a orillas del Tormes creció hasta que a los 14 años fue captado por el Centro de Alto Rendimiento Siglo XXI de Bilbao. “Desde niño intentaba hacer todos los deportes porque se me daba bien. Siempre he sido muy atlético. Empecé en el colegio Calasanz y nos vinculamos al Club Baloncesto Salamanca, colándonos en un campeonato de España con todos los grandes. Allí es donde me vieron y tuve varias ofertas, pero preferimos el Siglo XXI por el enfoque que le daban a la formación sin dejar los estudios de lado. Fueron cuatro años estupendos allí con un montón de amistades con las que sigo en contacto y compartiendo tiempo con jugadores como Jon Cortaberria y los hermanos Urtasun”, sostiene.

Después acabó en la cantera del Madrid, formando parte del filial de EBA, teniendo la ocasión de debutar en ACB ante el Cantabria Lobos.  “Soy madridista y me hizo mucha ilusión jugar allí, aunque solo fuese un año y sabiendo que era muy difícil llegar. Pero es que estar con gente como Djordjevic, los hermanos Angulo, Herreros fue increíble... Fue a Alberto al que sustituí aquel día ante el Cantabria. Le estoy muy agradecido a Scariolo, que también me llevó a algún amistoso por Europa”, cuenta.

Manresa, de 2009 a 2011.
Manresa, de 2009 a 2011.

A partir de entonces se sumergió en el universo LEB hasta casi nuestros días, con los únicos paréntesis de los dos años de Manresa (“tuve muy buenos compañeros y sensaciones contrapuestas, porque por un lado estuve bien y jugué unos 15 minutos por partido, pero por otro pienso que podía haber merecido más”) y una enriquecedora experiencia en México, con los Halcones de Xalapa de Sergio Valdeolmillos en México (2013-14). “Hubo problemas para cobrar, pero es algo que mereció la pena vivir. Es otro baloncesto completamente distinto al nuestro, que permite muchos contactos. También me encantó conocer el país”, dice.

A su regreso, unió a una segunda etapa en el Breogán al selecto grupo de clubs de LEB a los que ha servido (Melilla, Cáceres, Cantabria, Gijón, Burgos y Andorra), quedándose con la espina de no lograr plaza de ascenso en su último encuentro ante el Ourense en la 2014-15. “Fue una decepción y una pena no haber podido ofrecer a la gente de Lugo la victoria en el quinto partido del playoff”, reconoce.

López asume que su juego fue evolucionando con el paso del tiempo. “Cuando eres más joven, todo tu entorno te empuja a hacer más números y a buscar la anotación, pero luego te haces más listo y lo que quieres es hacer jugar a tus compañeros, usar más el cerebro”.

De vuelta a Salamanca más de 20 años después, no ha vuelto a jugar, centrado en sacar unas oposiciones que, a la vista de su perseverancia en otros aspectos de la vida, no tardarán en caer más temprano que tarde: “Siempre es complicada la transición después de dejar de jugar, pero yo creo que me he ido preparando bien. Terminé la carrera de Psicología y es un aspecto que me gustaría aplicar al trabajo que tenga en el futuro. Cuando estuve en Manresa aprendí mucho de Joan Vives, que es un especialista en este mundo”.

Con su hijo Ariel, de dos años.
Con su hijo Ariel, de dos años.