Lamont Strothers: Diez años de profesionalismo casi sin descanso

Lamont Strothers: Diez años de profesionalismo casi sin descanso
Diez años de profesionalismo casi sin descanso

Javier Ortiz Pérez

Con el Cáceres 98-99.
Con el Cáceres 98-99.

La carrera de Lamont Strothers se caracterizó porque apenas descansó en diez años como profesional: era uno de estos jugadores que aceptaba un contrato tras otro, en cualquier continente, indiferente al cansancio. No le faltaban pretendientes debido a sus cualidades ofensivas, claro. Es llamativo que, desde que salió de la pequeña universidad de Christopher Newport en 1991 y firmó por los Portland Trail Blazers, coleccionase un mínimo de quince camisetas distintas hasta su retirada, en el 2000, con apenas 32 años.

El ‘truco’ es que Strothers enlazaba la temporada ‘europea’ con la de los países latinoamericanos o buscase refugio en la CBA cuando no conseguía un hueco en la NBA. El canon habitual de que se debe parar y coger fuerzas durante el verano no pareció respetarlo. Sus motivos tendría para ello.

Era un buen escolta anotador, aunque en España no estuvo excesivamente bien en los meses que pasó en el Cáceres de la temporada 98-99. Disputó los diez últimos partidos de la campaña a las órdenes de José Alberto Pesquera con promedios de 10,5 puntos en 22 minutos, quizás individualista en ocasiones, pero mostrando una buena técnica individual y cierta amenaza tanto desde lejos como penetrando. Sin embargo, pareció dejarse influir por el espíritu algo apático de un equipo que a poco  de su llegada ya no se jugaba nada ni por arriba ni por abajo.

La extremeña fue una etapa más dentro de ese mapamundi que fue tachando poco a poco, desde su país natal (13 partidos con pocos minutos entre los Blazers y los Mavericks y varias etapas en sitios como Yakima, Rochester, Quad City y Rockford en la liga comercial) hasta Puerto Rico, Grecia, Israel, Francia, Turquía y Filipinas. En este último país fue especialmente apreciado (mejor extranjero de la liga en 1999). Otro dato muy bueno suyo es que su 41 puesto en el ‘draft’ de 1991 por los Warriors fue en su momento el más alto obtenido nunca por un jugador de la tercera división de la NCAA.

En la actualidad.
En la actualidad.

Después ha tenido una pequeña carrera como entrenador de ‘high school’ en su estado natal, Virginia, con los equipos de Bethel y Warrick. “Ahora estoy en un colegio privado llamado Nansemond Suffolk Academy y al mismo tiempo llevo una organización juvenil y deportiva llamada VA Hard2Guard”, cuenta. Es fácil imaginar que le hace mucha ilusión entrenar a su hijo Adria. “Es el máximo anotador del equipo”, destaca.

Si se le pregunta sobre sus recuerdos de Cáceres, comenta que le encantaba “comer paella en un restaurante en la calle principal” porque “el personal era encantador y la comida me parecía muy buena”. A nivel deportivo, se consideraba “un anotador agresivo. Allí en España no me fue del todo bien, pero disfruté del momento. Siempre me resulta duro hablar sobre mí mismo porque soy mi crítico más duro. Me guío por los elogios que recibí durante unos años para determinar cómo de bueno era. Viendo esos comentarios y los premios que conseguí, parece que lo fui bastante”.