Chuck Eidson: El ‘point forward’ que no triunfó en el Palau Blaugrana

Chuck Eidson: El ‘point forward’ que no triunfó en el Palau Blaugrana
El ‘point forward’ que no triunfó en el Palau Blaugrana

Javier Ortiz Pérez

En el Maccabi.
En el Maccabi.

Ilusionó enormemente el fichaje de Chuck Eidson por el Barcelona en la temporada 2011-12. Venía con la etiqueta de ser uno de los mejores norteamericanos entre los que jugaban en Europa, un privilegio obtenido después de una carrera ‘de más a menos’. Tenía casi 31 años, pero se trataba de un jugador contrastadísimo. Pues bien: ya se sabe que en deporte dos y dos no siempre son cuatro y aquello no funcionó, seguramente por temas de lesiones.

Su contrato era también de estrella: tres temporadas a razón de 1,8 millones de euros cada una. Como para no tener un rol principal, como había sucedido antes en otro gigante continental, el Maccabi. Era un  ‘3’ que con sus 2,02 incluso podía jugar como escolta. Tenía una buena capacidad ofensiva, uno de esos tipos que ‘genera estadística’ con mucha facilidad: un rebotito aquí, una falta provocada allá, un triple librado... Cuando entraba ‘en trance’ podía tener rachas apoteósicas.

No lo tuvo fácil para llegar a esa cima. A nivel universitario estuvo con South Carolina en su estado natal, pero no destacó lo suficiente ni para entrar en el ‘draft’ que le correspondía, el de 2003, ni para acceder a un equipo importante en Europa. Tras una temporada en la liga de desarrollo NBDL, pasó dos años en Alemania, con los Giessen 46ers, le dieron un MVP nacional, pero también una grave lesión de rodilla. De allí pasó a Francia, a Estrasburgo, pero su explosión definitiva no se produjo hasta el bienio 2007-09 con el Lietuvos Rytas.  En el segundo de ellos ganó la Eurocup y la Liga Báltica siendo el jugador de referencia en el conjunto lituano, que a nivel doméstico amenazaba la hegemonía del Zalgiris.

Fichó entonces por el Maccabi, al que llevó a la final (perdida) de la Euroliga en 2011. Fue entonces cuando llegó el Barça. Y el fiasco, sobre todo después de que se lesionase en la final de Copa ante el Real Madrid. A partir de entonces, su rendimiento bajó considerablemente. Se quedó en 7,7 puntos en 22 minutos, tras lo que se decidió prescindir de los dos años que le restaban de contrato. No importó haber ganado la Liga Endesa porque su contribución en las finales fue casi testimonial.

Con el Barça.
Con el Barça.

“En el equipo había muchísimo talento. No ayudó mi lesión a mitad de temporada y la verdad es que tras ello nunca me sentí al 100% hasta muy al final”, comentó en gigantes.com unos meses después, cuando ya jugaba en el Unics Kazan. Pese a todo consideraba que sus recuerdos de Barcelona eran “positivos en todos los aspectos. Me encanta la ciudad, el equipo, los aficionados y mis compañeros. Mi familia se encontró como en casa allí”.

Preguntado por su estilo como jugador, respondía: “No soy un anotador propiamente dicho. Me han llamado “point forward” a lo largo de los años. Creo que rindo mejor a la hora de tomar decisiones o dar pases para que los demás anoten. Mi foco se dirige hacia ganar, y tratar de hacer todo lo mejor posible, en lugar de sólo una cosa muy bien. Mi padre fue entrenador, me entrenó en el instituto y aprendí a jugar desde su punto de vista de entrenador. Para mí es un orgullo hacer las “pequeñas cosas”: negar líneas de pase, rebotear, conseguir tiros liberados o dando el pase si un compañero está en mejor posición”.

No juega desde 2014 y está extraoficialmente retirado, aunque después de la experiencia en Kazan hizo algún amago de volver a jugar. Ahora colabora entrenando a chicos en el ‘high school’ en el que se crío, Pinewood Preparatory School, donde su padre, Pat, es toda una leyenda (también llegó a dirigirle a él).

El Unics Kazan, su último equipo.
El Unics Kazan, su último equipo.