Otis Howard: Histórico interior en el primer título europeo del Barcelona

Otis Howard: Histórico interior en el primer título europeo del Barcelona
Histórico interior en el primer título europeo del Barcelona

Javier Ortiz Pérez

Machacando con el OAR Ferrol.
Machacando con el OAR Ferrol.

Otis Howard. Uno de esos nombres imborrables en la infancia de una generación que se enganchó al baloncesto. Aquí, este norteamericano fortísimo y con buen toque en ataque hizo un poco de todo: protagonista en un Barcelona que hizo historia, sustituto de lujo en un OAR Ferrol que buscaba un hueco entre los mejores y ‘desmotivado’ en un Tenerife que acabaría bajando. Pero en todo caso dejó huella.

Con una altura ‘standard’ para los pívots de la época (2,04), Howard, con sus anchos hombros y numerosos recursos, solía hacerse hueco en la zona para anotar tiros cortos y capturar gran cantidad de rebotes. Nacido en Oregón, creció en un ‘college’ bastante desconocido como el de Austin Peay State, donde, por sus acciones espectaculares, le sacaron el moto de ‘Doctor O’, en paralelismo con el ‘Doctor J’ del conocidísimo por entonces Julius Erving. A ambos les unía una peculiaridad física: unas manos muy grandes.

Pese a quedar bastante atrás en el ‘draft’ de 1978 (número 80), consiguió un puesto en el equipo que le eligió, Milwaukee Bucks. Su aventura NBA no fue muy allá en Wisconsin (tres partidos) ni en Detroit Pistons (otros once). Aquella misma campaña 78-79 ya la acabó en Rímini, donde empezó a convertirse en un americano de referencia en la Lega. Sus números en aquellas cinco temporadas y media entre Rímini y Brindisi fueron realmente de los que dejan sin aliento: nunca menos de 24,6 puntos ni 11,7 (con ‘picos’ de 29,0 y 14,9).

Uno de esos jugadores que, por cotización, en España solo podían permitirse los ‘grandes’. Así fue cuando el Barcelona le llamó para formar pareja con Mike Davis bajo los tableros. Con ellos, y un grupo de nacionales de altísimo nivel (Solozábal, Epi, Sibilio, De la Cruz), los azulgranas lograron su primer título europeo, la Recopa, en Grenoble ante el Zalgiris Kaunas (77-73). 11 puntos (incluyendo dos canastas decisivas en los últimos minutos) y 9 rebotes llevaron su firma aquella noche, con 5.000 azulgranas en las gradas del pabellón de la ciudad francesa. Acababa entonces una frustración que había tenido su punto máximo un año antes con la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Banco di Roma.

Howard no consiguió trabajo al inicio de la siguiente temporada. Ni renovó (se habló en su momento de que se trataba de un jugador anárquico y difícil de entrenar) ni volvió a jugar hasta bien avanzada la campaña, cuando otra súper estrella como Nate Davis se fracturó la clavícula en el OAR Ferrol. Lo hizo tan bien que sí que firmó esta vez su continuidad para la 86-87, en la que mejoró todavía sus prestaciones (25,6 puntos y 10,2 rebotes). Especialmente reseñable es el día que le clavó 45 al Español, superando su anterior marca de 43 al Cajacanarias (20/21 en tiros de dos aquel día...).

Últimos partidos en Tenerife.
Últimos partidos en Tenerife.

Tras regresar a Italia (Turín y Udine), su tercera etapa en España fue menos lucida, al menos a nivel colectivo, porque individualmente seguía asegurando casi siempre un 20-10.  Aquel caótico Tenerife Número 1 de Aleksandar Gomelski le fichó como referente en el juego interior, pero no acabó de sentirse cómodo. Con 33 años, y tras haber disputado la decimonovena jornada, expresó a la directiva su desmotivación para seguir jugando y pidió ser liberado del contrato. El club aceptó e incorporó a alguien más exterior como Tony Dawson. Disputó el último encuentro de su carrera ante el Breogán (18 puntos) y se marchó a Estados Unidos a atender sus negocios.

Desde entonces no se ha sabido mucho de él. En 2004 viajó a Italia para participar en un homenaje a las viejas glorias del equipo de Brindisi, donde todavía es considerado el mejor americano de la historia. El pasado 5 de noviembre cumplió 60 años...

En Italia en 2004.
En Italia en 2004.