Pablo Noguero: Portero de fútbol, exterior gijonés en la élite, empleado de banco

Pablo Noguero: Portero de fútbol, exterior gijonés en la élite, empleado de banco
Portero de fútbol, exterior gijonés en la élite, empleado de banco

Javier Ortiz Pérez

Con el Gijón Baloncesto.
Con el Gijón Baloncesto.

Pablo Noguero nos cuenta hoy sus vivencias en el baloncesto. Fue componente de la plantilla del Gijón, su ciudad, que subió por primera vez a la máxima categoría en 1995. En la campaña siguiente pudo disfrutar de la actualmente denominada Liga Endesa, aunque con pocos minutos (53 a lo largo de 11 partidos).

“Mi historia es un poco extraña, pues empecé jugar a baloncesto a los 14 años pues anteriormente era portero de fútbol. Cuando cambié del colegio al instituto, mi hermano, que ya jugaba desde hacía años, me “picó el gusanillo”.

Como empecé muy tarde, en los primeros años en el Grupo Cultura Covadonga, de Gijón, siempre estuve en los equipos de segundo nivel, hasta juvenil. Eso me ayudó mucho a coger confianza en mi juego y mis posibilidades. En el segundo año de junior ya estaba compaginando esa categoría con los seniors.

Ese año y el siguiente, el Elosúa de León (en aquellos años un referente ya en la ACB), me invitó a hacer  con ellos en una especie de ‘staff’ de verano para jugadores que les parecían podían serles interesantes en un futuro próximo. Entonces me di cuenta en que podía tener la suerte de llegar a la ACB. Me hicieron alguna oferta, preferí continuar con mis estudios de Economía en la facultad de Oviedo y  en los equipos del Grupo Covadonga,  hasta que el año siguiente me llamó el Gijón Baloncesto y acepté.

Podía jugar de ‘2’ o incluso de 3  “bajo” (con mi 1.91), pero mi corpulencia y mi tiro de larga distancia (con bastante acierto) hacía que pudiera desarrollar ambas facetas. Además era un gran reboteador, pues en las categorías inferiores siempre había jugado de alero  o incluso de ‘4’.

En la actualidad.
En la actualidad.

Estar en la máxima categoría con el Gijón Baloncesto fue mejor que cualquier sueño, pues fue en una fase de ascenso jugada en nuestro  Palacio de Deportes con más de 5.000 personas animándonos. No partíamos de favoritos en absoluto, pues éramos un equipo de una ciudad pequeña con poco presupuesto y había equipos con jugadores con muchísimo renombre. Tengo la suerte de ser el primer jugador gijonés de fichar por un equipo de la ACB. (el otro que jugó en la ACB ese año conmigo, Roberto Carbajal, firmó unos días después de mí).

Quizá mi recuerdo de mi paso por la élite es un tanto agridulce. No es tan bonito como llegar en sí porque los resultados no acompañaron nada y bajamos y mi aportación no es reseñable. A media temporada se hizo un cambio de entrenador y con el nuevo no volví a jugar.

Como recuerdos positivos, me queda conocer pabellones que había visto por la televisión durante muchos años (como el Palau Blaugrana y el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid) y jugar contra jugadores que estaban en la selección española y con los que nunca pensé en enfrentarme. Además también disfruté de un año de muchísimo apoyo de toda la afición, que, pese a los resultados, estuvo todo el año con el equipo. A día de hoy, hay gente de mi edad que no conozco y que me recuerda como jugador de aquellos años.

En la actualidad, con mis 45 años “a cuestas”, casado y con 4 hijos (haber jugado a baloncesto tiene el “tema  de los triples“ pues tres de ellos son trillizos), sigo muy próximo al mundo del baloncesto. Tanto a nivel personal (jugando en la liga Maxibasket de Asturias a la que me reenganché desde hace dos años tras mucho tiempo sin jugar) como a nivel familiar, pues tres de mis hijos juegan a baloncesto a un muy buen nivel (otra de ellas se ha dedicado al voley). Trabajo en una entidad financiera desde el mismo año en que dejé el Gijón, en 1997”.