Marcus Brown: El devorador de ligas (también en el Martín Carpena)

Marcus Brown: El devorador de ligas (también en el Martín Carpena)
El devorador de ligas (también en el Martín Carpena)

Javier Ortiz Pérez

CSKA Moscú.
CSKA Moscú.

Hay muy pocos casos (o quizás ninguno) como el de Marcus Brown, campeón de la competición liguera en nada menos que en seis países. Y no estamos hablando de sitios secundarios en el baloncesto mundial. Francia (dos veces), Turquía (otras dos), Rusia (dos más), Lituania (dos), España e Israel. Un muestrario realmente increíble de cómo un jugador conduce a ganar a su equipo o, como mínimo, tiene un tremendo ojo (él o su agente) para escoger equipos ganadores.

Brown siempre fue protagonista en esos títulos, algunos de ellos tan histórico como el conseguido en el 2006 con el Unicaja. Seguro que tiene más mérito ganar en Málaga que hacerlo con ‘gigantes’ en sus respectivos países como el CSKA, el Zalgiris o el Maccabi. Podría decirse que se trataba de un jugador ‘chapado a la antigua’. Con 1,93, era un escolta clásico, puro: ni le podías pedir que subiese el balón de forma constante ni tampoco que, por altura, jugase demasiado al ‘3’. Lo suyo era anotar, pero tampoco a toneladas, abusando del tiro. Pero siempre sabía lo que tenía que hacer y en los finales de partido no rehuía nunca la responsabilidad.

Criado en Arkansas y formado en Murray State, quedó muy atrás en el ‘draft’ de 1996 (número 46) y sus oportunidades con los Portland Trail Blazers estuvieron muy limitadas (21 partidos, 3,9 puntos en 8,8 minutos), así es que buscó un hueco en Europa para ganar su primera liga con el Pau Orthez 97-98. Su carrera estuvo en peligro poco después, ya que estuvo un año sin jugar por una grave lesión de rodilla. Aún así, consiguió un hueco en los Pistons 99-2000 (solo seis encuentros) en lo que fue su última experiencia NBA. Cuando ya se convirtió en una estrella rechazó ofertas porque estaba más a gusto siendo importante aquí.

Volvió entonces a Francia (Limoges, anotándose el triplete liga-copa-Korac a las órdenes de Dusko Ivanovic) y en el 2000 fichó por la Benetton de Treviso. Italia queda como su única estación negativa en tantos años de baloncesto: fue el único país en el que no ganó nada. Pero su prestigio ya era imparable y fue primero al Efes Pilsen y después al CSKA, venciendo a nivel nacional en casi todo lo que se le puso por delante. En su momento se aseguró que en Rusia había firmado el contrato más lucrativo en la historia del basket europeo: cinco millones de euros por dos años.

Unicaja.
Unicaja.

En 2005, ya con 31 años, y a cambio de retirarse de la puja por Trajan Langdon, le fichó el Unicaja, que buscaba en él el elemento diferenciador que le llevase a lo más alto. Sergio Scariolo no es tonto y el premio fue ganar la única liga que todavía ostenta el club malagueño en sus vitrinas. “Fue como un regalo caído del cielo. Era un jugador completo, pero más allá de sus indiscutibles cualidades sobre la pista, lo que me fascinaba de él era su dureza mental. Esto es algo muy difícil de aprender: o lo tienes en tu cabeza y en tu alma, o no lo tienes. Si me preguntan por los jugadores más duros mentalmente que entrenado, él estaría entre los tres o cuatro mejores. Los otros son Sasha Djordjevic, Juan Carlos Navarro y Pau Gasol”, decía el italiano en una entrevista para la Euroliga. En ella también contaba que era “increíble” en los entrenamientos. “Era capaz de machacarse a sí mismo repitiendo algo mil veces hasta que lo dominase o lo hiciese como quería. Me ayudó mucho con los jóvenes dando ejemplo”.

En sus dos años en el Martín Carpena (el segundo, marcado por las lesiones) promedió 13,2 puntos en 26 minutos, con más que aceptables 52% en tiros de dos y 39% en triples. Quedó en la memoria la anécdota de su mítico “te reto en Tau” a Igor Rakocevic en los cuartos de final del 2007.

Su ansia ganadora la prolongó en Kaunas durante cuatro temporadas (2007-11). Consabido es el dominio del Zalgiris en Lituania, lo mismo que el del Maccabi (excepto últimamente) en Israel, donde fue cedido en la 2008-09. Por cierto que vistió de verde en parte gracias a su relación con Arvydas Sabonis, presidente del club y ex compañero suyo en Portland. En las fotos de celebración estuvo siempre Brown, que tenía hasta ascendencia a nivel interno que llegó a ejercer de entrenador-jugador en caso de necesidad.

Es curioso que, pese a todo esto, nunca se anotase una competición en la que hasta hace poco era su máximo anotador histórico: la Euroliga. Entró en su equipo ideal en 2004 y en el segundo en 2003 y 2005, pero siempre le faltó el acierto suficiente en las Final Four que disputó en varias ocasiones. Se recuerda especialmente su mal partido en semifinales del 2005 con el CSKA ante el Baskonia (solo 12 puntos). Con Unicaja también estuvo en la de 2007 en Atenas, pero, como le pasó casi toda aquella campaña, arrastró problemas físicos.

Zalgiris Kaunas.
Zalgiris Kaunas.

Atenas, pero, como le pasó casi toda aquella campaña, arrastró problemas físicos.

En los últimos años ha regreso a West Memphis, en el estado de Arkansas, donde entrena a chicos jóvenes en el ‘high school’ en el que estuvo hace 25 años. Cuando le preguntan por su país favorito para jugar, se ve incapaz de elegir alguno: “Digo lo mismo de todos ellos, porque me permitieron ver a la gente sonreír y disfrutar con nuestras victorias. Mi experiencia fue magnífica. Allí los fans son genuinos y de verdad. Su emoción es muy pura”, relata en una reportaje titulado “The return of native”.

Dani Barranquero escribió en acb.com una ‘mini serie’ en la que Brown se explaya sobre todo su recorrido. Sin duda un jugador fundamental para explicar el baloncesto de este siglo en Europa y que también tuvimos la suerte de disfrutar aquí. Málaga nunca le olvidará.

Imagen reciente, ya como entrenador de ‘high school’ (Foto: memphismagazine.com).
Imagen reciente, ya como entrenador de ‘high school’ (Foto: memphismagazine.com).