Michal Ignerski: La certera muñeca polaca que ‘descubrió’ Manel Comas

Michal Ignerski: La certera muñeca polaca que ‘descubrió’ Manel Comas
La certera muñeca polaca que ‘descubrió’ Manel Comas

Javier Ortiz Pérez

Primer año en Sevilla.
Primer año en Sevilla.

Por encima de lo que podía esperarse en un principio el rendimiento de Michal Ignerski en España. Solo los muy puestos en baloncesto europeo le conocían cuando, procedente de una liga más bien humilde como la portuguesa, este polivalente polaco de 2,07 desembarcó en 2006 en Sevilla. Tres años estuvo en la capital andaluza y un cuarto más en San Sebastián ofreciendo un baloncesto de quilates, aunque no consiguió la unanimidad. Gustaba mucho su muñeca de seda, pero a veces se le reprochó su poca actitud defensiva, frialdad y ‘desapariciones’ a lo largo de los encuentros.

A Ignerski seguro que le ayudó mucho en su formación su paso por Estados Unidos, primero en un par de ‘junior colleges’ y después por la universidad de Mississippi State. Cuando regresó a su país, al Slask Wroclaw, ganó dos Copas y era un jugador más hecho, pero no terminaba de llamar la atención de los grandes mercados. Su aventura lusa fue fugaz, pero significativa de que no era considerado en su justa medida.

La apuesta del entonces Caja San Fernando por él tuvo su riesgo, pero acabó rentabilizándose. El desaparecido Manel Comas, aunque sus últimos años como entrenador no fuesen especialmente felices, demostró con su fichaje que todavía tenía mucho ojo para el talento. Y por descontado fue quien más partido le sacó.

Nuestro protagonista decía que no le gustaba hablar mucho sobre sí mismo y que prefería hacerlo en la pista. “Trato de aprovechar las situaciones en las que tengo ventaja por mis características y de hacer lo que el entrenador me pide. Soy consciente de que puedo ayudar al equipo ofensivamente, pero al mismo tiempo quiero defender cada vez mejor y apuntalar esta mentalidad de equipo”, comentó en una entrevista en acb.com. Ya por entonces se había hecho capitán y un jugador muy querido en San Pablo.

Lanzando en San Sebastián.
Lanzando en San Sebastián.

No llegaría a cumplir su último año de contrato, rechazado por Joan Plaza. Causó no poco revuelo que la rescisión le costase unos 100.000 euros al club sevillano. A continuación, fue acogido por el Gipuzkoa Basket en la 2009-10, también con más que aceptable rendimiento. Cuando se le presentó en Donosti dijo que se había ido “satisfecho” de Sevilla, pese a que vivió un periodo convulso en el club “con seis entrenadores en total”, recordó.

Cumpliendo el objetivo de la permanencia en Euskadi, cerró una etapa de 133 partidos en la élite española, perdiéndose solamente tres por lesión en todo este tiempo. Sus promedios (10,3 puntos y 3,5 rebotes en 24 minutos) quedan realzados por los porcentajes de acierto, que tienen una magnífica combinación: 40% en triples, 51% en tiros de dos y 82% en libres.

Después ha estado en distintas ligas europeas: la turca con el Besiktas, la rusa con el Nizhny Novgorod y el Samara, la francesa con Le Mans y la italiana con el Sassari y su último, el Cantú. El pasado verano cumplió 36 años, pero todavía no ha cerrado la puerta a continuar jugando. Hace poco sonó para el Pistoia. También ha servido mucho en la selección polaca, aunque normalmente en posiciones más interiores aquí. 

La pasada temporada, en Cantú.
La pasada temporada, en Cantú.