Kevin Holmes: Descenso en Bilbao, buen año en Lliria (y padre de un NFL)

Kevin Holmes: Descenso en Bilbao, buen año en Lliria (y padre de un NFL)
Descenso en Bilbao, buen año en Lliria (y padre de un NFL)

Javier Ortiz Pérez

Cajabilbao 90-91.
Cajabilbao 90-91.

Kevin Holmes tuvo dos experiencias bastante diferentes en España, aunque su rendimiento no difirió demasiado entre ambas. Pero a nivel colectivo, resultó muy distinto cómo acabó su año en el Cajabilbao 90-91 (con el descenso) respecto a un año después en el Ferrys Lliria, cuando el modesto equipo valenciano logró la permanencia con bastante holgura.

Holmes era un pívot bajito, de 2,03, pero bastante fuerte, jugando siempre cerca de los dos aros. No era una estrella, sino más bien un tipo regular, de esos que siempre aportan números jueguen bien o mal. Su balance estadístico en sus 82 encuentros oficiales en España fue de 18,7 puntos  y 8,6 minutos en 35 minutos en pista. No está nada mal, aunque esa aportación no sirviese en su primer año para salvar al Cajabilbao, que tenía muy buena plantilla (incluyendo ese gran triplista llamado Mark Simpson como otro extranjero), pero acabó bajando.

Parece que, en su origen, se trataba de un jugador más exterior, pero que tuvo que amoldarse a las exigencias de sus clubs de ejercer de pívot. En todo caso, su rango de tiro era más bien escaso, o bien nunca llegó a mostrarlo: solo cuatro triples intentados en la liga española (y ninguno encestado).

Nacido en California, empezó a jugar de forma muy tardía al baloncesto. Baste el dato de que reclutado por DePaul cuando ya tenía 21 años. Seguramente ansioso por hacerse profesional, optó por el ‘one and done’ (solo una temporada de universidad), decisión muy poco frecuente en la época (1986). Pero quedó muy retrasado en el ‘draft’ (número 113 por los Sixers) y, con los sueños NBA prácticamente imposibles, se vio obligado a buscarse la vida en una liga tan modesta como la de Suiza (tres campañas) y posteriormente en la belga (una).

A Bilbao llegó en aquel 1990 siendo un auténtico desconocido y, algo extraño en equipos mal clasificados, su puesto no llegó a correr peligro. El descenso ante el Granada después de desperdiciar un 0-2 en el ‘playoff’ definitivo fue un gran golpe para el club, pero Holmes encontró inmediatamente trabajo en el recién ascendido Lliria, donde también cumplió de forma muy parecida, esta vez con el premio de una salvación tranquila.

Pese a esta impronta positiva, no volvería a jugar en España: los años siguientes los pasó entre Israel, Turquía y Chipre antes de concluir su trayectoria en 1998 en Argentina con el Peñarol Mar del Plata.

En 1988 había nacido ya su gran orgullo: Andre Holmes, que optó por el fútbol americano y ha llegado bastante lejos. En las últimas temporada ha jugado como ‘wide receiver’ en los Dallas Cowboys y, sobre todo, en los Oakland Raiders. Ha tenido algún ‘problemilla’ con las drogas. Otro de los hijos, llamado Jason (nacido en 1989), también jugó al baloncesto, pero ha terminado en el fútbol australiano, esa modalidad que mezcla rugby y fútbol americano en campo circular.

Lliria 91-92.
Lliria 91-92.

Kevin Holmes ha tenido una carrera de entrenador en la que no ha hecho demasiado ruido, principalmente como asistente en las universidades de Marauder y North Park, así como en los Chicago Sky Liners de la ABA. Antes ejerció como técnico jefe en un ‘high school’, Guerin Prep.

Imagen de 2014.
Imagen de 2014.