Jan Martín: El hijo del mito que también jugó al baloncesto

Jan Martín: El hijo del mito que también jugó al baloncesto
El hijo del mito que también jugó al baloncesto

Javier Ortiz Pérez

Internacional en categorías inferiores... con el 10 de su padre.
Internacional en categorías inferiores... con el 10 de su padre.

3 de diciembre mañana y todos nos volvemos a acordar de Fernando Martín y su trágica muerte en la M-30. Aquel mediodía y las noticias confusas que iban llegando a través de la radio quedó como uno de los momentos más dolorosos para una generación que se enganchó al basket. De FM10 nos quedó como ‘herencia’, aparte de su fantástica historia, la existencia para el baloncesto de Jan Martín, que estaba a punto de cumplir cinco años cuando su padre falleció.

Como suele suceder, no debe ser fácil ser hijo de una leyenda. El chico, que vino al mundo en Hannover como consecuencia de la relación de su padre con la espectacular modelo alemana Petra Sonneborn (llegó a protagonizar una portada de Interviú), creció entre el país teutón e Israel hasta que se trasladó a Madrid. Empezó a jugar al baloncesto (hay quien dice que todo son genes) y consiguió la internacionalidad junior y sub-20.

Le suelen llamar ‘Jani’, aunque de diminuto tiene más bien poco. Con 2,03, es apenas dos centímetros más bajo que lo que era Fernando. Siempre se ha movido a medio camino entre la posición de alero alto y la de ‘4’. Quizás más cómodo en esta última.

De la cantera del Canoe pasó a la del Estudiantes, donde debutó en la máxima categoría en la temporada 2002-03. También disputó siete minutos en el Real Madrid unos años después, en la 2006-07, cuando jugaba para su filial de LEB Plata. Seis partidos (y un solo punto conseguido) en la actualmente denominada Liga Endesa suena a demasiado poco. Fue internacional por España en categorías inferiores y tuvo varias aventuras en las pistas de Fuenlabrada (2004-05, Oro), Castellón (2005-06, Plata) e Illescas (2008-09, Oro). También se abrió camino en Israel con cierto éxito (Elitzur Yavne, Maccabi Ashdod y Gilboa Galil, siempre observado por el Maccabi Tel-Aviv). Es un país al que tiene mucho aprecio y donde vive su familia materna y donde siempre ha dicho que se sintió liberado de la ‘sombra’ paterna.

En pista con el Real Madrid.
En pista con el Real Madrid.

Su último equipo a nivel federado fue el Estudio madrileño en Liga EBA, pero solo durante unos meses en la 2013-14. Fue justo después de que hiciese la pretemporada con el Bilbao Basket. Es curioso que otro ‘temporero’ en la capital vizcaína fuese Renaldo Woolridge, el hijo de otro fallecido mítico, Orlando Woolridge.

Es, aseguran quienes lo tratan, un chico con carácter, pero culto y tranquilo, además de muy reservado para hablar de su progenitor, de quien tenía, aseguraban, su misma alergia a la derrota. En los últimos años no ha dado entrevistas, pero valen varias cosas que dijo en Gigantes del Basket en abril del 2002, después de proclamarse subcampeón del Torneo de Mannheim: “Me imagino que mi padre no tendría esa presión de la comparación. Mi tío Antonio un poco más, porque era el hermano, así es que imagino que con el hijo será bastante más duro. Ya pasó cuando fui por primera vez a la selección, pero por mí será otra motivación. Quieras o no la gente va a comparar, así es que yo seguiré trabajando para ser un buen jugador de baloncesto. ¿Ser mejor o peor? No se sabe, porque cada uno tiene un juego diferente”.

‘Jani’ le dijo años después (2009) a Quique Peinado en marca.com que ya estaba cansado de comparaciones. “Le he visto jugar en vídeo y sí, era muy bueno. El baloncesto de entonces se parece muy poco al de ahora, pero me gusta cómo jugaba. Tenía mucho coraje”.

Con Renaldo Woolridge en Bilbao (2013).
Con Renaldo Woolridge en Bilbao (2013).