Pepe Torrubia: El fajador cordobés que se quedó a vivir en Melilla

Pepe Torrubia: El fajador cordobés que se quedó a vivir en Melilla
El fajador cordobés que se quedó a vivir en Melilla

Javier Ortiz Pérez

Melilla, temporada 91-92.
Melilla, temporada 91-92.

El pívot cordobés Pepe Torrubia fue uno de esos jugadores esforzados, peleones y necesarios para cada equipo, aportando cosas dentro y fuera de la cancha. Aquí va un pequeño recorrido por su vida en sus propias palabras.

Tardío inicio... y a Badalona. “En los 80 no era como ahora, que los chicos empiezan a jugar muy críos. Yo no me inicié en el baloncesto hasta que tuve 14 años y fue porque en mi colegio en Córdoba pusieron al fin unas canastas. Pero enseguida mejoré y pasé unas pruebas con el Joventut. Estuve en Badalona solamente una temporada, la de cadete de segundo año, y para mí fue algo increíble. No olvidaré nunca que quien me recibió fue Josep Maria Margall, que me regaló unas zapatillas. Entrenábamos técnica individual con Miquel Nolis”.

Regreso a Andalucía... y Melilla por primera vez. “Sin embargo, la distancia era mucha y decidimos volver más cerca de casa. Me fichó el Caja de Ronda y en Málaga pasé cuatro años más, debutando en la Liga con Mario Pesquera con ‘monstruos’ al lado como Ricky Brown, Joe Arlauckas, Rafa Vecina... En la 91-92 fue cedido al Melilla, que entonces era vinculado, para jugar en Primera B. Entonces conocí a la que sería mi mujer”.

Vuelta a Córdoba y ‘estrella’ en Portugal. “Necesitaba jugar minutos y en Córdoba se montó un buen equipo con gente joven, así es que volví allí tres temporadas, de 1992 a 1995. Tras un año en Badajoz, el primer año de la ‘sentencia Bosman’ (96-97) me decidí por irme a Portugal, al equipo de Madeira, que entonces estaba en la segunda división de allí. Fue mi mejor campaña, promediando 21 puntos y 13 rebotes por partido y subiendo, pese a que no estábamos entre los favoritos. La siguiente temporada, en primera, ya jugué menos, y además tuve una lesión en la rodilla”.

Imagen actual, jugando.
Imagen actual, jugando.

Melilla para siempre. “En 1998 volví a Melilla para jugar en el equipo de LEB y asentarme allí con la familia. Suele decirse que cuando llegas aquí, o te quieres ir enseguida o te quedas para siempre. Yo fui de los segundos. Estuve profesionalmente hasta el 2003, cuando me retiré, con los mejores recuerdos con las dos Copas del Príncipe que ganamos. No obstante, tres años después volví para echar una mano en Primera y EBA en el Enrique Soler, por amistad con Javi Nieto, pero ya entonces me dedicaba a un negocio de hostelería que había montado en el puerto deportivo”.

Como jugador. “El entrenador podía contar conmigo para lo que quisiese: salir a defender al americano rival, rebotear, luchar por todos los balones... Nunca he destacado como anotador, excepto el año aquel de Madeira”.

Vida actual. “En el Melilla llegué a ser delegado y ayudante de Josep Maria Izquierdo. Ya no tengo el negocio de hostelería, así es que soy autónomo y también trabajo en seguridad en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, donde estoy muy contento. Sigo bastante vinculado con el baloncesto, jugando en la liga local con mis 45 años y entrenando a un equipo de infantiles en el Colegio La Salle. Pero mi mayor orgullo es que mi hija Carla ha heredado algunas cosas mías y ha estado preseleccionada por España en la U13, U14 y U15. Ahora ha pasado a jugar de alero tras hacerlo de pívot y creo que tiene un buen futuro por delante. La sigo mucho y tengo otros dos hijos que son más pequeños”.

Carla Torrubia, con España.
Carla Torrubia, con España.