Juan Antonio Orenga: La perilla más famosa del baloncesto español

Juan Antonio Orenga: La perilla más famosa del baloncesto español
La perilla más famosa del baloncesto español

Javier Ortiz Pérez

Cajamadrid.
Cajamadrid.

Nunca es mal momento para recordar la figura del Juan Antonio Orenga jugador, o incluso reivindicarla. Por mucha controversia que levante su versión como seleccionador español, con la eliminación en cuartos de final ante Francia en el Mundial del 2014 como momento significativamente negro, no deja de ser uno de los pívots nacionales más importantes de una larga época, desde mediados de los 80 a principios de siglo.

Los números absolutos lo atestiguan: 128 veces internacional, 18 temporadas en la actualmente denominada Liga Endesa y un total en ella de 616 partidos, con 4.916 puntos anotados y 2.931 rebotes capturados (medias de 8 y 4,8 respectivamente) en 24 minutos en pista (14.662 en total). Pero más allá de eso, fue un símbolo en prácticamente todos los equipos por los que pasó.

Orenga es nacido en Castellón y llegó a Madrid con apenas 15 años, ‘reclutado’ por la cantera del club blanco, con el que llegaría a debutar con 17 en la primera Liga ACB, la 83-84. Tenía que competir con ‘los Fernandos’, Martín y Romay, pero su futuro presentaba cierto brillo en el horizonte. Sin embargo, tuvo un par de lesiones graves que cortaron su progresión y también acumuló dos descensos consecutivos en sus aventuras cerca de la capital en el Collado Villalba (84-85) y el Cajamadrid (85-86). ¿Estaba su carrera maldita?

No, no. También en Alcalá de Henares, en Primera B, con el Cajamadrid, se relanzó como un valor importante dentro de la zona, un jugador lleno de garra y con recursos técnicos en desarrollo. Fueron dos temporadas plenas a nivel individual, aunque el equipo no lograse ascender. Pudo extrañar que en 1988 el Estudiantes le recuperase para la élite, y que, no solamente eso, sino que automáticamente le diese un papel muy importante, con muchos minutos dentro de una configuración de plantilla que exigía un pívot nacional por la presencia de Ricky Winslow. Él enseguida respondió con mucho rendimiento y añadió una cuestión estética que le caracterizaría ya para siempre: una cuidada perilla que le dio una dosis extra de fiereza. 

Estudiantes.
Estudiantes.

Aquellas ocho temporadas en el club colegial (de la 88-89 a la 95-96) supusieron indudablemente el centro neurálgico de su trayectoria: primero aprendiendo mucho al lado de un jugador en cierto modo parecido como John Pinone; después, erigido en líder espiritual, cada vez con más matices a un estilo que no perdió dureza. Hasta para jugadores como Arvydas Sabonis era un ‘dolor’ medirse a él.

Ganó la Copa del Rey de 1992, al CAI Zaragoza (61-56), quitándose la espina de lo sucedido un año antes, cuando fue nombrado ‘MVP’ de la final pese a la derrota ante el Barcelona. Y también acudió a la Final Four en aquel mágico 92 para los estudiantiles... Por descontado, fue llamado a la selección absoluta (ya había estado en varias de categorías inferiores) y a partir de 1988 fue un auténtico fijo, desde su debut ante Suiza (130-53, con 15 puntos suyos) pasando por la medalla de bronce lograda en el Eurobasket de 1991 y el fiasco de los Juegos de Barcelona-92. Aún así, guarda entre sus mejores recuerdos haber desfilado en el Estadio Olímpico de Montjuic, por mucho que los angoleños estuviesen esperando a la vuelta de la esquina con una terrible decepción reservada.

Doce años después regresó al Real Madrid, deseoso de reforzar su ‘pintura’ con una presencia rotunda y experimentada como la suya. No fue la mejor época de la sección, que intentaba superar el golpe de la marcha de Sabonis y manejaba con cuidado la frágil integración de Dejan Bodiroga. En 1997 al menos pudo sumar otro título: el de la Eurocopa (antigua Recopa) ganado en Nicosia al Verona (78-64). Fue titular aquel día (13 puntos y 5 rebotes en 37 minutos).

Unicaja.
Unicaja.

En la recta final de su vida sobre el parquet bajó bastante su peso en los partidos, aunque se mostró siempre como ‘hombre de club’, con estancias de dos y tres años en el Unicaja y el Cáceres, sus dos últimas camisetas hasta su retirada en el 2003... con un último disgusto: el descenso de los extremeños. Entonces ya empezaba a atisbarse en él a un entrenador. Ante los malos resultados del equipo, le llegaron a ofrecer sustituir a Manolo Hussein en plena campaña, algo que él rechazó.

Con el tiempo sí llegó a ocupar un banquillo ACB, pero apenas duró unos partidos en la 2005-06 con el Estudiantes (seis victorias y nueve derrotas antes de ser destituido). Su campo de desarrollo iba a estar más bien en la Federación Española, con el título europeo sub-20 de 2012 como mejor momento. Después, la historia reciente y conocida: la ‘herencia’ de una selección absoluta (en la que había sido asistente) con muchas bajas con la que cumplió con el bronce en el Eurobasket de Eslovenia y el naufragio un año después, ya con todas las estrellas. El ostracismo que dio paso a su previsible dimisión, lapidado por la crítica general, se ha roto hace bien poco: otro oro continental con España sub-20 y la responsabilidad de ser seleccionador egipcio absoluto.

Lástima no haber podido contar con Orenga para hacer con el color de sus palabras el repaso a su carrera. Desde ‘aquello’ del Palacio de los Deportes de Madrid de hace dos años ha restringido mucho sus intervenciones públicas. A nivel personal siempre pareció un tipo cercano, con muchas ansias por formarse en aspectos más allá de los baloncestísticos, equilibrado y lleno de confianza en sí mismo.

Seleccionador español.
Seleccionador español.