Milos Vujanic: El negrísimo 2005 que cambió la vida de un gran talento

Milos Vujanic: El negrísimo 2005 que cambió la vida de un gran talento
El negrísimo 2005 que cambió la vida de un gran talento

Javier Ortiz Pérez

En Bolonia, antes de las lesiones.
En Bolonia, antes de las lesiones.

El mayor miedo del jugador medio no es el fracaso, o la derrota. Son las lesiones. Solo hay que ver el caso de Milos Vujanic, al que dos roturas de rodilla casi consecutivas le cambiaron radicalmente su papel en el mundo de baloncesto: de ser considerado el mejor base de Europa a ser uno más, un buen director de juego, pero nunca tan decisivo como antes. Todo sucedió en el año 2005, y parte de ese drama lo pudimos ver aquí en España.

Pero rebobinemos un poco más. Nacido en Loznica, una localidad fronteriza al noroeste de Serbia, desde siempre Vujacic debutó por su increíble talento para el baloncesto: 1,92, visión de juego, tiro exterior maravilloso, improvisación y control mezclados. Eso sí, su ‘florecer’ auténtico, tras un par de años en el Estrella de Roja, se produjo en su ‘eterno rival’, el Partizán, adonde llegó en el 2001. 

Barcelona 2005-06.
Barcelona 2005-06.

Sin haber cumplido los 23 años todavía se proclamó máximo anotador de la Euroliga con un promedio de 25,8 puntos. Un año antes, en el 2002, había sido campeón del mundo con Yugoslavia en Indianápolis y escogido por los Knicks con el número 36, en la segunda ronda, y se intuía que su futuro estaba tarde o temprano en la NBA. Sin embargo, prefirió seguir creciendo en Europa y firmó tres años con el entonces poderoso Skipper de Bolonia (la Fortitudo, vamos).

Todo iba bien hasta el tercer partido de los cuartos de final de la Lega, ante el Roseto, en mayo de 2005. Se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y el club italiano le rescindió la temporada que le quedaba de contrato. Fue entonces cuando el Barcelona, de la mano de Zoran Savic, hizo una decidida apuesta por él: otros tres años de contrato. Había tiempo para recuperarle, pero...

Pero a su quinto encuentro liguero como azulgrana (habría que sumar cuatro de Euroliga), en diciembre de ese mismo año, se volvió a lesionar la misma articulación, esta vez rompiéndose el menisco externo. Otros seis meses de baja. No volvería a jugar en el Barça y empezó un camino poco edificante (e impropio de alguien de su prestigio) como secundario en Panathinaikos (campeón de la Euroliga en el 2007), Dínamo de Moscú y Efes Pilsen. Su físico no daba para recuperar su versión anterior.

Murcia 2009-10.
Murcia 2009-10.

Tuvo un pequeño ‘revival’, ya que en el 2009 disfrutó de una segunda oportunidad en España, en el Murcia, y la aprovechó. Jugó los 34 partidos de la liga regular, promediando 17,7 puntos en 28,8 puntos y siendo jugador de la semana en la última jornada. El ‘borrón’ lo puso la parte colectiva, ya que su equipo descendió. “He tenido muchos problemas los últimos años pero vine a Murcia y me sentí cómodo y confiado, quería jugar más minutos y hacerlo bien (...). Me he sentido muy bien físicamente durante todo el año (...). Me gusta mucho España, creo que tiene los mejores equipos de Europa y la mejor organización. Si tengo la oportunidad de jugar en ACB el próximo año espero poder quedarme y jugar el máximo de años en esta liga”, dijo tras aquello. Pero sus deseos no se cumplieron y de hecho solamente estuvo un año más sobre las pistas (Panionios, 2010-11), retirándose a los 30 años. Realmente triste para un tipo de su calidad, ¿no?

Desde entonces ha tenido una doble vertiente baloncestística. En la 2012-13 fue entrenador asistente de Dusko Vujosevic en el Partizán, pero no pareció aterrizar bien en los banquillos porque abandonó pronto el puesto. En los últimos meses ha empezado una aventura en el mismo club con otro perfil: el de vicepresidente como ‘hombre de confianza’ de Nikola Pekovic.

En su época como entrenador asistente.
En su época como entrenador asistente.