J. J. Anderson: Máxima calidad, pero desgraciado rendimiento en Zaragoza

J. J. Anderson: Máxima calidad, pero desgraciado rendimiento en Zaragoza
Máxima calidad, pero desgraciado rendimiento en Zaragoza

Javier Ortiz Pérez

Último partido en Zaragoza.
Último partido en Zaragoza.

Resultó una decepción, sin matices, el fichaje de Mitchell ‘J. J.’ Anderson en el CAI Zaragoza de la temporada 91-92.  Llegaba con la vitola de ser uno de los mejores americanos de Europa y, por unas cosas o por otras, aquello no funcionó. La inversión fue altísima en uno de esos jugadores que transmiten calidad en todo lo que hacen, con un físico privilegiado. Pero a veces sucede esto: falta de adaptación a la liga, al equipo o a la ciudad, lesiones, dinámica negativa...

Sus credenciales eran difícilmente discutibles. Graduado en Bradley, donde ganó el título NIT, fue elegido por los Sixers en la segunda ronda del ‘draft’ de 1982 (número 36), jugando unos meses en Philadelphia y posteriormente dos temporadas y media más en los Utah Jazz. 4,8 puntos en 12,5 minutos de 157 antes de buscar contratos más lucrativos en Europa, donde solía acabar un jugador así: descarado de cara al aro, polivalente en las posiciones de ‘3’ y ‘4’ y con mucha ambición.

En Florencia, donde estuvo seis años, se convirtió en un ídolo total, siendo ‘capo cannoniero’ de la Lega en la temporada 90-91. Con esa vitola llegó  a Zaragoza: destinado a ser la estrella de un equipo emergente y a tener muchos balones, ya que el otro americano era un Cozell McQueen limitado en ataque, aunque muy poderoso en defensa. Todo fue mal casi desde el inicio y alguna actuaciones como los 4 puntos que le hizo al Barcelona en la tercera jornada (1/8 en tiro) hicieron encender algunas alarmas.

Justo cuando parecía entonarse, se rompió el dedo pulgar de la mano izquierda tras caer en mala postura tras recibir una falta ante el Mayoral Maristas. Era la jornada 7 y, suplido por Valdemaras Homicius, no reapareció hasta la 17. Su camino estuvo marcado por la irregularidad: lo mismo impresionaba con 29 puntos al propio Mayoral que se quedaba en 6 en Vitoria o 7 frente al Oximesa Granada.  Justo tras ese encuentro (jornada 25) tuvo que ser dado de baja otra vez al sufrir una inoportuna apendicitis y su puesto lo ocupó Gerald Paddio...

Reapareció en la 31 ante el Estudiantes. El CAI perdió aquel día (75-62) con 14 puntos de Anderson, pero aún así conservaba el liderato de la clasificación. ¿Y qué pasó? Con gran dolor de su corazón porque la apuesta había sido fundamentalmente suya, Manel Comas admitió que el equipo funcionaba mejor con Paddio y le dio la baja definitiva a nuestro protagonista de hoy. 15,6 puntos en 34,1 minutos con solo un 27% en triples fue su balance en los 16 encuentros que totalizó.

 Seis años en Florencia.vvv
Seis años en Florencia.

Su carrera volvió a recuperar cierto vuelo en su siguiente equipo, el Aris de Salónica, ganando la Recopa de 1993 en una violentísima final en la grada ante el Efes Pilsen (50-48). Y, tras dos años de regreso a Italia (Udine y Cantú) tendría una segunda oportunidad en España bastante más breve que la anterior con un contrato temporal en la 95-96 con el Tau (solo tres partidos, 32 minutos y una canasta de cinco intentos...).

Su último equipo fue el Hamburgo en la 98-99, donde, tras dos años sin saltar a una pista a nivel profesional, se atrevió a ejercer ese puesto tan raro en el baloncesto: el de jugador-entrenador. En nuestras pantallas volvió a aparecer como técnico asistente en los primeros Memphis Grizzlies de Pau Gasol. También ha sido entrenador un par de años de los Chicago Steam de la ABA (2013-15). Una última curiosidad: nació en Springfield (Illinois), la localidad de Los Simpsons...

Técnico asistente en la NBA.
Técnico asistente en la NBA.