Leonard Mitchell: El ‘hombre espectáculo’ que no supo cambiar de marcha

Leonard Mitchell: El ‘hombre espectáculo’ que no supo cambiar de marcha
El ‘hombre espectáculo’ que no supo cambiar de marcha

Javier Ortiz Pérez

En el Collado Villalba 84-85.
En el Collado Villalba 84-85.

Leonard Mitchell disputó la temporada 84-85 en las filas del Collado Villalba. El tipo dejó huella por su espectacularidad, la de un ‘jugón’ que corría y saltaba como solamente lo hacían en España los norteamericanos en aquella época, y más si eran exteriores, como es su caso. Estaba en dos metros justos y su posición natural era la de alero alto, pero también podía echar una mano como ‘4’. En su caso, era el encargado de poner la anotación, mientras que su compatriota Ben McDonald era más el ‘currante’, aunque también se trataba de un jugador muy atlético.

Mitchell vino muy joven aquí, recién salido de la universidad de Louisiana State, donde durante cuatro años había rayado a buen nivel, con medias de 12,8 puntos y 7,8 rebotes, superando un grave accidente de tráfico y otro, aún más complicado, de tipo doméstico que le afectó a la mano con la que tiraba. Sin embargo, se quedó fuera de la NBA, ya que tenía complicado el acceso a un puesto en los Cleveland Cavaliers, que le habían elegido en el ‘draft’ de aquel 1984 con el número 60 (tercera ronda). “Gran jugador: ágil, rápido, con poderoso salto,, buen tiro exterior, buen defensor y puede ayudar en el rebote y jugar bajo canasta. Será uno de los mejores americanos de la Liga”, se escribía en número 123 de Nuevo Basket.

Los números le dieron la razón a quien pronosticaba que brillaría: 25,6 puntos, 9,5 rebotes, 2,4 robos y 2,3 tapones en 38 minutos en pista. Sin embargo, el borrón quedó en que no logró hacer ganar a su equipo. El Collado Villalba quedó para los restos como uno de los peores equipos de la historia de la competición: solo sumó cuatro victorias en 28 partidos de liga regular y después perdió en el ‘playoff’ de permanencia ante el Cajamadrid al mejor de tres encuentros (2-1).

 También protagonizó una maravillosa anécdota que ha sido mil veces contada, pero sin mencionarle directamente. Cuando llevaba poco tiempo aquí se quejó de que había tardado horas en recorrer los pocos kilómetros que hay desde Madrid a Collado Villalba, que el coche que le habían dado apenas corría. La explicación, a poco que se averiguó, es que había hecho todo el camino en tercera marcha al no saber cómo cambiarlas, acostumbrado a los vehículos automáticos de Estados Unidos. La historia suena, ¿verdad? Pues fue a él a quien le ocurrió.

Homenajeado en el Hall of Fame del baloncesto de Louisiana.
Homenajeado en el Hall of Fame del baloncesto de Louisiana.

No volvería a jugar en España, desgraciadamente, porque era un jugador interesante. Fue de país en país: Francia, Australia, México, República Dominicana, Argentina y Venezuela. Hace unos años, cuando fue elegido para el Hall of Fame del baloncesto de Louisiana, comentaba su amor por nuestro deporte. “Me encanta jugar. Todavía lo haría si no hubiese sido por las lesiones”, indicó. Está contento de haber visto el mundo gracias al basket. “Todo era anotar y ganar. Si ganas, todo es maravilloso. Si pierdes, los americanos somos maldecidos”. Es guardia de seguridad en un centro comercial de Baton Rouge.