Alberto Ortega: ‘Bandera’ de una época de crecimiento baskonista

Alberto Ortega: ‘Bandera’ de una época de crecimiento baskonista
‘Bandera’ de una época de crecimiento baskonista

Javier Ortiz Pérez

El 15, su número de siempre en el Baskonia.
El 15, su número de siempre en el Baskonia.

Ganas había de sacar aquí a uno de los ‘clásicos’ de los 80 en la liga. Quizás no un ‘primer espada’, pero sí un miembro distinguido de la ‘clase media’, que es lo que sin duda fue Alberto Ortega. Vitoriano de pura cepa, asistió a los primeros años de crecimiento del Baskonia hasta convertirse en lo que es ahora. Y bien orgulloso que está.

Se trataba de uno de esos exteriores ‘de rompe y rasga’, batalladores en defensa y con mucho instinto para el contraataque. Una especie de Juanma Iturriaga gazteiztarra, ¿no? “A mí no me molesta el término ‘palomero’. Me hinché a correr y a meter canastas solo”, recuerda, entre risas.  Debió meter muchas porque con 3.304 puntos solo es superado en la tabla histórica de anotadores del club por Luis Scola. Solo en números ACB totalizó 273 partidos (desde 1983 a 1991) con un promedio de 12,1 puntos.

“Para mí fue impresionante jugar tantos años con la camiseta del equipo de mi ciudad y verlo progresar, de ser un equipo de mitad de la tabla a poner competir contra los ‘grandes’ como el Barcelona y el Real Madrid. Pasé de tener a Josean Querejeta de compañero a tenerlo de presidente, lo cual no deja de ser curioso”, recuerda. Los títulos todavía tenían que esperar, siendo el único que conseguiría el Torneo de la Asociación 84-85. 

En acción (Foto: Gigantes).
En acción (Foto: Gigantes).

Criado en la cantera del San Viator, de la mano de su entrenador, Juan Pinedo, que hacía tándem con Aíto García Reneses, llegó a asomarse a la selección española juvenil a finales de los 70, empezando una época en la que fue de acá para allá hasta que se estabilizó de regreso a Vitoria. “Estuve en el Caja Rural Canarias, en el Covadonga asturiano, en el Santa Clara de Vigo. Después, desde 1981 a 1983, tuve dos años casi en el limbo, porque tuve que hacer el servicio militar en Mallorca y jugué en La Salle solo por placer”, apunta.

Tras las ocho temporadas como baskonista, llegando a suceder como capitán a Iñaki Garayalde, optó por apurar el baloncesto en Bilbao, en Primera B. Sin embargo, la experiencia no fue positiva porque en la primera temporada, la 91-92, el equipo fracasó en su objetivo de lograr el ascenso (“un cataclismo”), y en la segunda tuvo problemas para rescindir el contrato y se vio obligado a estar en el equipo de Segunda. “En 1993 regresé definitivamente a Vitoria porque, aunque tenía ofertas para seguir jugando de sitios como Cáceres o Huesca, opté por estar en el Baskonia, que me había ofrecido ser director de eventos. En ese puesto estuve otras siete temporadas”. También ejerció como entrenador en las categorías inferiores y fue uno de los primeros mentores de José Manuel Calderón tras su llegada a Vitoria.

Después de ello, salió al mercado laboral, centrado en el mundo de los seguros. “Entré en una correduría a nivel nacional y en la actualidad soy el director de riesgos de otra. Con 56 años, todavía me queda bastante para jubilarme”, señala. Por lo que se ve, no ha renunciado a su característico bigote.

En los últimos meses, señala, ha ganado el partido más duro de su vida: ver de cerca cómo sufría un linfoma su hija Sara, que ha seguido sus pasos jugando en el Araski, nuevo equipo de la Liga Femenina. Finalmente ha conseguido superarlo, para alegría de todos. “Creía que yo había jugado encuentros difíciles, pero ninguno como este. La verdad es que ha sido una vivencia terrible, pero afortunadamente todo ha podido reconducirse. La chica nos ha dado una gran lección a todos de superación y de cómo llevar una situación así. Y ahora vuelve a estar con muchas ganas de seguir jugando. En la pista dicen que tiene cosas mías”.  La chica fue operada en dos ocasiones y superó varias sesiones de quimioterapia. “No tengo suficientes palabras de agradecimiento por todo lo que se ha preocupado la gente. No ha habido un solo día que no me hayan preguntado cómo estoy o me hayan dado ánimos”, comentaba en Marca.

Por otra parte, Alberto Ortega lamenta profundamente la reciente muerte de Quino Salvo. “Tenía unos duelos tremendos con él. Nos pegábamos en la pista, pero era un tipo súper noble. Es una lástima lo que le ha sucedido”. 

Ultimas canastas en Bilbao (Foto: Gigantes).
Ultimas canastas en Bilbao (Foto: Gigantes).

Para terminar, una anécdota de las muchas que vivió con el sempiterno número 15 a la espalda. “Recuerdo con especial cariño haberle hecho un gran marcaje a Drazen Petrovic y dejarle en muy pocos puntos para lo que en él era habitual, pero eso también tuvo su lado negativo. Debió quedarse con mi cara y, cuando volvimos a enfrentarnos unas semanas después, creo que me metió 25 en apenas 11 o 12 minutos”. 

Imagen actual.
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Sara Ortega (Foto: FEB.es).
Sara Ortega (Foto: FEB.es).