Derrick Alston: Pura fibra, máxima competitividad, inteligencia en la zona

Derrick Alston: Pura fibra, máxima competitividad, inteligencia en la zona
Pura fibra, máxima competitividad, inteligencia en la zona

Javier Ortiz Pérez

Campeón con el TDK Manresa en 1998.
Campeón con el TDK Manresa en 1998.

Jugador importantísimo Derrick Alston. Muy pocos pueden decir que han jugado en tres grandes como Barcelona, Real Madrid y Valencia y además haber sido protagonista al máximo en la mayor sorpresa de la historia del baloncesto español: la Liga ganada por el TDK Manresa en 1998.

Manresa le cambió la vida a Alston, que andaba en un momento difícil de su carrera. Sí, había sido número 33 del ‘draft’ de 1994 y había jugado tres años entre quienes le escogieron, los Sixers, y los Hawks, pero resultó sorprendente que después de promediar 22,1 minutos en el segundo de ellos (6,2 puntos y 4,1 rebotes), en Philadelphia no le renovasen y solo consiguiese un contrato de diez días en Atlanta.

Fibroso, con gran ‘timing’ de salto y listo en ataque, parecía que su sitio para ganar buenos dólares estaba más bien en Europa. Tras ser cortado en Georgia, eligió Turquía, el Efes Pilsen, donde no encontró la solidez suficiente pese a ganar el doblete liga-copa. El TDK llamó a su puerta y todo cambió. “Cuando me ofrecieron por primera vez fichar allí, dije que no quería ir. No pensé que fuese el equipo adecuado para mí. Y estaba muy equivocado, claro. ¡Wow! Era el equipo perfecto, con el grupo perfecto de jugadores y entrenador (Luis Casimiro). Ganar aquel título para el club y la propia ciudad fue tan especial…”, recuerda hoy en día. “Todavía recibo mensajes agradecimiento por el campeonato. Mi corazón siempre amará aquel sitio y a su gente. La clave fue tener la mezcla adecuada entre veteranos y jóvenes. Los americanos (junto con él estuvieron Bryan Sallier y Herb Jones) eran estupendos, no les importaba quién anotaba más puntos… ¡Solo queríamos ganar! Todos hacíamos lo que era mejor para el grupo, sin celos. No había otra cosa que no fuese el equipo”.

Lanzando con el Barça ante el Real Madrid.
Lanzando con el Barça ante el Real Madrid.

Eso (17,1 puntos y 8,7 rebotes) le abrió las puertas de clubs de mayor presupuesto: Barcelona (1998-2000), Valencia (2000-02) y Real Madrid (2002-03).  “No quería irme de Manresa, pero… Barcelona era increíble, como volver a la NBA. ¡Dinero, fama y presión! Cuando ganábamos, nos trataban como reyes. Era un gran equipo, con Sasha Djordjevic, Roberto Dueñas, Roger Esteller… La dureza fue la clave para los títulos que conseguimos (una Copa Korac y otra Liga ACB). Nunca lo olvidaré porque éramos como una familia. Madrid y Valencia eran grandes equipos también, muy profesionales, pero no tuvimos suerte y no gané ningún título”, resume.

Su última casa española fue Lleida (2003-04), pero allí no rindió bien y no acabó la temporada (“fue decepcionante. Tuve problemas en la rodilla y no pude portarme tan bien con el club como el club se portó conmigo”).

Culminaba así 301 partidos ACB con 14,6 puntos, 7,2 rebotes y 1,5 tapones en 31 minutos. A partir de entonces se dedicó a conocer otras ligas: Francia (Gravelines), Rusia (Ural Great), Nueva Zelanda (Breakers), un breve regreso a Turquía (Turk Telekom)... Hasta que en 2008 tuvo que desempolvar sus conocimientos de español y se marchó a Argentina, donde estuvo hasta el 2012 jugando en Libertad de Sunchales, Boca Juniors (dos etapas) y La Unión de Formosa, rozando cumplir los 40 años en las pistas.

 “Allí era casi un jugador-entrenador. Enseñé gracias a mi experiencia a los jóvenes a cómo ser profesionales y ayudar a sus equipos tener éxito. La verdad es que trabajé muy cerca de los entrenadores”, cuenta. Después empezó su carrera como entrenador trabajando individualmente con los hombres altos de los Houston Rockets primero y ahora como asistente en los Westchester Knicks de la D-League. 

Taponando con el Pamesa Valencia.
Taponando con el Pamesa Valencia.

Alston quedó enamorado de la cultura española. “Me encantaba el estilo de vida allí. La gente era feliz y tranquila. Me trataron con mucho respeto y me sentí como si estuviera en casa”, resume. Y suelta tres palabras básicas en castellano: “siestas, jamón, tapas”.

En definitiva, un jugador imprescindible de su época, alguien que era algo más que un cuerpo bien esculpido. “Intenté siempre usar la cabeza, ser listo. Si lo haces, puedes sacarle mucho más partido al físico”, apostilla.

Asistente en los Westchester Knicks.
Asistente en los Westchester Knicks.