Ángel de Pablos: El diestro que botaba con la izquierda (y debutó ‘viejo’)

Ángel de Pablos: El diestro que botaba con la izquierda (y debutó ‘viejo’)
El diestro que botaba con la izquierda (y debutó ‘viejo’)

Javier Ortiz Pérez

Cáceres 91-92...
Cáceres 91-92...

Hoy el personaje es Ángel de Pablos, que protagoniza una curiosa historia: en su día (temporada 99-2000) debutó en la máxima categoría con 32 años, un dato poco habitual tratándose de un nacional. Pero su carrera la caracterizó más bien su aportación como base sobrio y cumplidor un peldaño más abajo. Nos ha elaborado un ameno artículo hablando de todo.

“Mis recuerdos de una canasta y un balón de basket se remontan al colegio. Con 8 años, calculo yo, había un cura en el Colegio La Salle de Valladolid, el padre Vicente, que se empeñaba en sacar cantera desde los más pequeños. Me vio cualidades y, por capricho suyo, consiguió por entonces que botara mejor con la mano izquierda que con la derecha, a pesar de ser diestro. Quería tener alguien que dominara la pelota con la mano izquierda y, como no había nadie zurdo en ese grupo, me hizo pasar horas y más horas de entrenamiento en el pabellón del colegio (hoy, llamado Pabellón Lalo García) botando con la izquierda, obligándome a que la derecha la tuviera pegada a la espalda. El caso es que esa cabezonería resultaría efectiva en el futuro, porque todos los ‘scoutings’ de los equipos le indicaban al base contrario que, como buen diestro, me llevaran a la izquierda, y yo encantado…

Lo que me aficionó fueron los partidos en Huerta del Rey a los que me llevaba mi padre con muy poquitos años, y en los que alucinaba con la pareja Carmelo Cabrera-Nate Davis. Me acuerdo del pabellón con niebla (del humo de los fumadores) y estos dos artistas practicando el ‘show time’.

De ahí empecé a destacar dentro de los mejores jugadores vallisoletanos de mi edad; ya, en categorías inferiores iba a empezar un periplo de travesía por diferentes equipos cada año, imitando lo que sería mi sino en equipos profesionales posteriormente. De La Salle pasé en etapa juvenil a CB Las Delicias, CDU Universidad de Valladolid, y en etapa junior, un año en Maristas y dos en Fórum Filatélico. Guardo  muy buenos recuerdos de todas las etapas, especialmente del año con Fórum Filatélico con un equipazo (Silvano Bustos, Victor Fernández, Alfredo Aranda, Miguel Angel Reyes, Alfredo Diaz de Cerio, etc…). Recuerdo los duelos en sectores de Campeonatos de España con Pablo Laso (Caja de Álava) o Ricardo Aldrey (OAR Ferrol).

...Y Cáceres 99-2000.
...Y Cáceres 99-2000.

Ya  en mi último año en Fórum, doblaba y entrenaba con los juniors y con el primer equipo. Me acuerdo de la pretemporada con el primer equipo en Segovia, a las órdenes de Mario Pesquera, al que le gustaba la ensalada bien troceada…imagina quién era el encargado de hacerlo cuchillo y tenedor en mano en todas las comidas (el junior). Una gran experiencia. Con jugadores a mi lado como Arturo Seara, Pepe Alonso, Quino Salvo (qué  gran enseñanza obtuve con él viajando después de cada entrenamiento en su Opel Kadett negro…!), José Manuel Beirán, Samuel Puente… Empecé a saber lo que era una estructura de equipo profesional.

Mi entrenador  del junior y segundo de Mario entonces trataba de convencerme con la posibilidad de ganarme la vida de ahí en adelante con el baloncesto; yo alguna vez le dije que estaba loco, que no lo veía. No me habría ganado la vida tampoco como Rappel…

 

Mi primer contrato profesional lo firmé en Burgos con el C.B Tizona en Primera B, allí coincidí con jugadores como Juanmi Alonso, Miguel A. Morate, Vicente Lafuente, Ramón Ruiz… y José Alberto Pesquera como entrenador. Fue la primera experiencia profesional seria, jugando minutos y contra equipos históricos como Gran Canaria, OAR Ferrol, Elosúa León… Empecé viviendo en una Residencia de estudiantes y a mitad de temporada, cuando dejamos de cobrar de forma regular, volvía a Valladolid y solo íbamos para entrenar el día antes del partido. Ahí me curtí en otras lides…

De ahí a Segunda División, Caja Palencia, en casa, y así pude avanzar en los estudios universitarios. Jugamos fase de ascenso a Primera B en Lliria, pero nos quedamos a las puertas. De ese año recuerdo una gran familia dentro del vestuario con Gustavo Aranzana a la cabeza, que no pudo terminar la temporada por cuestiones personales.

Y al terminar, me llaman de Cáceres, que tenían entre manos un proyecto nuevo con un entrenador de Madrid, que tenía buenas referencias mías. Todavía me acuerdo de la primera entrevista con José Mª Bermejo en el Bar Malvasía, que hacía las veces de sede improvisada del club. Fui con otro compañero de Valladolid, Iñigo Fernández. En el pabellón Municipal empezaba el germen de la afición al baloncesto con enfrentamientos épicos con CABA de Albacete, Caja Badajoz… A los que luego decían que no era un base anotador les invito a que tiren de hemeroteca y busquen las anotaciones por partido que hacía ese año. Con un equipo modesto hicimos una gran temporada y la gente empezaba a disfrutar de buen baloncesto en la ciudad.

El siguiente año con Matín Fariñas se debía  subir un escalón más para intentar meternos en Primera División. Con David Suñé, Pepe Benedé, Antonio Espina, Yiye Alvarez, Juanjo Morcillo… Fracasamos porque se nos puso de nuevo por medio CABA de Albacete con un tal Tomasiello (hispano-brasileño procedente de Fórum) y no pudimos jugar la fase de ascenso.

Jugándose esa fase de ascenso, yo negocié mi renovación para jugar en Segunda y firmé antes de que se comprara la plaza en Primera, así que era el único integrante con contrato de “Segunda” de aquel equipo histórico de la temporada 91-92 que logró subir a la ACB. Me llevé un ‘berrinche’ cuando no me renovaron.

Con sus hijos.
Con sus hijos.

Al año siguiente, en Granada, con mucho dinero y jugadores de renombre, como Migue Juane, Aitor Zárate, Sasa Radunovic… Fue este último quien frustró el ascenso, porque dos días antes de jugar el playoff contra Huelva, competía a pulsos con el ruso del otro equipo granadino (C.B Loja), un armario empotrado, estilo el ruso de Rocky. Sasa era muy competitivo y le ganó todos los pulsos con la derecha y con la izquierda. El día de partido se me acercó y me preguntó al oído que qué le podía pedir al médico, que no podía levantar los brazos… El resultado: con el contrato encima de la mesa de mi agente para renovar dos años más, solo con haber pasado ese primer corte, se hizo añicos y a buscar equipo.

Siguiente destino: Gijón. Llegué con mucha ilusión, allí volví a coincidir con Gaby Abrines, pero Bill MacCammon se encargó de hacerla desaparecer. Tenía que jugar el chico de Gijón y yo hubo muchos partidos que no llegué a quitarme la camiseta de calentamiento. Recuerdo que se acercaron mis padres a verme cuando jugamos en Salamanca, y le dije a mi madre después del partido que me preparara la habitación, que dejaba el basket y me ponía a acabar los estudios.

No fue posible. Una llamada de Luis Casimiro con los primeros móviles (no había mucha cobertura) dio al traste con mi idea de terminar estudios en Valladolid. Se cortaba la comunicación después de decirle varias veces que no, y tras varios intentos de contactar, me hizo reflexionar y pensé: bueno, si sale mal, es un año solo, puedo volver al siguiente. Así que le dije que sí a su oferta para un nuevo proyecto en Alicante. Él me recuperó como jugador.  Quizás fue el año que me sentí más cómodo e importante jugando al basket. Llegamos a jugar el ascenso en Gijón, precisamente contra el señor MacCammon, y desgraciadamente no pude tomarme buena revancha; perdimos por una canasta con polémica final y el Pabellón de La Guía a reventar… El siguiente año en Alicante, sin Luis, no fue bueno, para olvidar en lo deportivo.

La siguiente etapa fue mi retorno a Gijón, pero con otro entrenador de garantías, mi valedor Luis Casimiro. Con un equipazo con jugadores de la talla de Paco Vázquez, Carles Marco o Mike Giomi, también habríamos subido de no ser por la lesión grave que se produjo Giomi unos días antes del playoff.

De Gijón a Córdoba, otro entrenador americano, el periodista Frank Lawlor (estaba yo receloso por lo de otro entrenador americano que me cruzaba…) con cantidad de anécdotas este año de las que se podía escribir un libro. Gran temporada con buenos jugadores como Jorge García, Joe Alonso, M. Angel Luque y unos desconocidos Eric Cuthrell y Joe Modermann que fueron la sorpresa del campeonato.

Ese verano, pensando que era tarde ya para encontrar equipo, estaba de vacaciones largas cuando me llamó mi agente y me dijo que si quería volver a Cáceres. Directamente le colgué pensando que estaba de broma. Alterné equipo filial en Casar con primer equipo, a las órdenes de Casimiro (no podía ser otro el que me hiciera debutar en ACB).

Al año siguiente, ya metido con las categorías de formación del Cáceres, me llama un 26 de diciembre Piti Hurtado porque Julbe había pedido que fuera a hacer una prueba. Porque no era todavía el día de Los Santos Inocentes, pero también dudé de la veracidad de la llamada. Me dio tiempo a aparecer en acta en tres partidos y a jugar contra Jasikevicius y Pau Gasol (esto es para contárselo a mis hijos).

Terminé mi carrera deportiva en Alcalá con un contrato de 3 meses para intentar salvar al equipo del descenso. Más tarde obtendría el título de entrenador Superior en Málaga codo con codo con Pablo Laso y Xavi Pascual (qué ironías del destino…)

Comencé a trabajar de verdad (lo anterior era diversión pagada) en Marextel (telefonía móvil) y de ahí a lo que me dedico en la actualidad visitador médico.

Con dos hijos, que el otro día les ponía una cinta VHS de un partido mío con la camiseta de Alicante y se partían de risa de mi (cría cuervos…). Por cierto, guardo recuerdos de todos mis años menos del año glorioso del Cáceres. Perdí todas las grabaciones de entonces en alguna de las numerosas mudanzas que hice. Si algún alma caritativa todavía conserva esos videos, le agradecería mucho una copia para hacer memoria…”.