Randy Woods: El revulsivo perfecto para sacar al Caja de los apuros

Randy Woods: El revulsivo perfecto para sacar al Caja de los apuros
El revulsivo perfecto para sacar al Caja de los apuros

Javier Ortiz Pérez

En la universidad de La Salle.
En la universidad de La Salle.

Randy Woods vivió una época corta pero muy intensa en Sevilla, en la temporada 97-98. El Caja San Fernando andaba con muchos problemas en la clasificación cuando recurrió, a falta de once jornadas para el final de la liga regular, a este base bajito (1,78), pero explosivo y muy anotador. El resultado fue que muy pronto logró las victorias necesarias para salir de la situación complicada liderado por su capacidad de ver el aro como una auténtica piscina olímpica.

Lástima que no volviese a jugar en España porque era un tipo de una gran calidad, aunque corría la leyenda de que arriba solían cruzársele los cables. Ocurrió en su universidad, La Salle, en su Philadelphia natal, cuando fue suspendido durante seis partidos por darle un puñetazo a su compañero  Keith Morris, que ‘casualmente’ era el hijo del entrenador, Speedy Morris.

Incidentes aparte, se mostró como uno de los mejores jugadores ofensivos de la NCAA en 1992, con 27,3 puntos de media. Eso le valió ser elegido en la primera ronda del ‘draft’ de aquel año (número 16, por delante de tipos como Doug Christie, Tracy Murray o Latrell Sprewell) por los Clippers, donde permanecería tres campañas con escaso éxito. Sus ocho encuentros en los Nuggets en la 95-96 fueron su fin, con un promedio total de 2,4 puntos en 7,2 minutos. Como se ve, muy muy muy marginal.

El tipo se obsesionó con volver a la NBA, siendo un habitual de las ligas de verano y esperando su momento en la CBA durante nada menos que tres temporadas. Podía haber cobrado más en Europa, pero hasta que el Caja San Fernando no le llamó en febrero de 1998 no aceptó ninguna oferta de por aquí. Los andaluces le dieron el puesto de un jugador especialista en defensa como Stanley Jackson, exigiéndole acierto en el tiro exterior. Y vaya si lo tuvo.

Con los Clippers.
Con los Clippers.

En el primer partido, ante el Huelva, clavó 22 puntos en 20 minutos (seis triples). Y en el penúltimo, ante el Forum, alcanzó los 35 (9 desde 6,25, un récord del club que todavía conserva). Sus promedios fueron de 23 puntos en 35 minutos. “Tenía un dribling espectacular, habilidad de bote y velocidad en transición como pocas se han visto por San Pablo”, se comenta en Wikicaja.

Alberto Pesquera recordaba sus cualidades (buenas, pero también malas) en Solobasket:  “Ni Anderson, ni Turner, ni nadie, el base más espectacular, fue el pequeño Randy Woods, el tío acabó salvando al equipo del descenso (...). Era muy díscolo y era capaz de lanzarse entre 10 y 12 triples por partido, pero metía la mitad. Lo podía hacer absolutamente todo, menos adaptarse a sus compañeros. Un día se quedó en el vestuario porque no quería salir a jugar. Lo convencimos para salir a la pista de titular, no había ni calentado y enchufó 30 puntos, dio 10 asistencias y ganamos el partido. Los partidos eran suyos, hacía lo que quería”.

Solamente once partidos que no tuvieron continuidad. ¿Por qué? Volvió a la CBA a esperar un regreso a la NBA que no se produjo. En 1999 tuvo una segunda y última experiencia europea, en el Papagou griego. Tenía solo 29 años, pero a partir de entonces, la nada: ni un solo dato se encuentra en internet sobre cómo le ha ido desde entonces.