Marcelo Capalbo: Mito en Uruguay y secundario en España

Marcelo Capalbo: Mito en Uruguay y secundario en España
Mito en Uruguay y secundario en España

Javier Ortiz Pérez

Marcelo Capalbo-Fuenlabrada 96-97.
Fuenlabrada 96-97.

Sin duda, uno de los mayores ídolos que ha dado el baloncesto uruguayo en los últimos años. Marcelo Capalbo también estuvo en España, aunque pasó más inadvertido que en su país, donde es considerado una leyenda y ahora hace crecer una incipiente carrera como entrenador.

Capalbo nació en Montevideo. Nunca le arrugó nada, empezando por su pequeña estatura para jugar al baloncesto. A su 1,78 le acabó sacando partido a base de velocidad, al estilo Facu Capazzo. Se dio a conocer en el Malvín, debutando en la máxima categoría con solo 17 años, en 1991. De allí a pasó a otros clubs más grandes, primero en el Aguada y después en el Hebraica y Macabi, con el que logró su primer título en 1994.

Tras brillar en el Panamericano del 95, fue invitado a los campus pre-draft de la NBA, pero no acudió. “Fue una noticia para la cual no estaba preparado, las épocas eran diferentes, muy distintas a las actuales. Por ejemplo; no existía internet,  la liga americana no contaba ni cerca con los extranjeros de hoy. Era como ir a la luna (...). Viéndolo a la distancia, me arrepiento no haberme testeado a ese nivel. No estaban dadas las condicionantes para mi incursión”, comenta en una amplia entrevista.

Cuando se abrieron las fronteras en Europa, en 1996, lo aprovechó para dar el salto gracias a su pasaporte italiano. Fichó por el Larisa griego, “una experiencia nefasta, ya que fueron meses en los cuales no solo no me adapté, sino que tampoco cobré”. Aquella misma campaña la concluyó con su primer equipo español, el Fuenlabrada, al que intentó ayudar para evitar el descenso, pero no lo consiguió. Fueron solo ocho partidos y no mucho protagonismo.

Marcelo Capalbo-Como entrenador.
Como entrenador.

Volvió a Uruguay, donde ganó un par de campeonatos más con Welcome. “Me sentí en ese 
periodo más jugador, manejando mejor los tiempos, buscando asistir de mejor manera, siendo protagonista sin llegar a tanto al goleo (anotación) personal. Bajé de 30 a 17 puntos aproximadamente por partido, para llegar a distribuir de mejor manera el juego”, apunta.

Pasó a Argentina, a Ferrocarril Oeste, antes de su segundo viaje a España, al León 99-2000 (22 encuentros). “Viví  la etapa más positiva de mi pasaje por el exterior,  ya que además la coroné con el nacimiento de mi hijo Lucas”, recuerda. Sumó 30 partidos ACB con 4,6 puntos en 16 minutos. Tendría un tercer equipo, el Murcia 2001-02, pero en la LEB (5,9 puntos en 21 minutos). Hasta 2006 no se retiraría, jugando en las ligas italiana, chilena y por supuesto uruguaya, aunque ya sufría bastantes problemas físicos en un tobillo.

Después le ha cogido gusto a los banquillos, dirigiendo a varios de los mejores equipos de su país a partir de 2010: Welcome, Aguada, Hebraica y Macabi y Bigua, este desde 2014.

“El básquet así como tiene reglas dentro de la cancha, que te las enseñan cuando te inicias, tiene también un reglamento fuera, que lo terminas de aprender cuando se apagan la luces, en el final de tu trayectoria. Si hoy volviese a comenzar, haría la misma actividad que la hecha hasta hoy. Mi vida es el baloncesto”, resume. Hasta ha publicado un libro autobiográfico titulado ‘Deleite’.