Epi: El ‘Súper’, motor clave y eterno para el baloncesto español

Epi: El ‘Súper’, motor clave y eterno para el baloncesto español
El ‘Súper’, motor clave y eterno para el baloncesto español

Javier Ortiz Pérez

Epi-Muy joven, con la camiseta del Colegio Alpe.
Muy joven, con la camiseta del Colegio Alpe.

Juan Antonio San Epifano Ruiz, o más bien simplemente ‘Epi’, cumplió ayer 57 años. Han pasado dos décadas desde su retirada, pero como los más grandes, sigue ahí, ocupando una parte fundamental en la historia de nuestro basket. Porque Epi fue mucho Epi y su leyenda resulta inamovible. En los años 80, cuando la canasta en España despegó desde de un deporte más bien secundario a un espectáculo de masas, él compartió con Fernando Martín al mismo tiempo el antagonismo y la gloria. Ídolo total y absoluto.

No pueden explicarse aquellos años sin este tirador impenitente, sin este referente para el Barcelona y la selección. No era un jugador físicamente potente ni era un especialista defensivo, pero en ataque tenía esa magia invisible de los que meten, meten y meten. Porque en ese aspecto, no le faltaba ni un recurso: sabio lector del contraataque finalizado con una elegante bandeja, buen penetrador buscando huecos donde no los había y, sobre todo, un tirador impenitente, tanto de media distancia (casi siempre a tabla) como de tres cuando la línea se impuso al inicio de la temporada 84-85.

Fue lo que se vino a llamar el ‘Episistema’: cuando salía de un bloqueo, ya podías ir sacando desde el fondo de la pista porque te habían hecho canasta. De hecho, mantiene el récord de anotación en la historia de la Liga ACB (contabiliza desde 1983) con los 54 puntos que le hizo al Joventut en la primera temporada bajo este formato. Lo curioso es que el triple todavía no existía. “Fue un partido extraordinario y tuvo dos prórrogas. Yo tenía un día acertadísimo, con unos muy buenos porcentajes en el tiro. Estaba muy inspirado, y recuerdo que además anoté las canastas importantes en los momentos decisivos. Tengo un recuerdo muy grato. Nunca pensé que esa anotación fuera a perdurar tanto”, comentaba unos años después. Va a ser difícil que se la quiten.

Epi-Hombre anuncio.
Hombre anuncio.

Vayamos un poco a su historia. Nació en el barrio zaragozano de Torrero y curiosamente lo hizo un par de meses después de otro genio que también marcó una época, ‘Magic’ Johnson, con el que cultivaría una buena relación con el tiempo. Sobre sus inicios en el baloncesto, estuvieron marcados por el hecho de que sus dos hermanos, Fernando y Herminio, de seis y cuatro años más, ya lo practicaban.

Según contaba en ‘Gigantes’, el primer partido de su vida lo perdió “por 27-0”, en un año en el que no llegó a conocer la victoria. “El año siguiente ya conseguimos un empate a siete puntos y yo metí cuatro”, apunta, entre risas. Al igual que otros tipos que luego han sido grandes, vivió un momento que ahora suena casi gracioso: fue descartado en el colegio Santo Tomás de Aquino porque sobraban tres jugadores.

El baloncesto se convirtió en su obsesión: mientras todos jugaban al fútbol, él se entretenía con una pelota de papel, intentando enchufarla en una cesta. Con 15 años fichó por el equipo de la capital maña, el Club Natación Helios. “Lo recuerdo como una etapa muy especial, con unos compañeros muy agradables. Evidentemente, en aquel entonces jugaba de pívot. Era un ‘5’ nato”, apunta. Fueron años de duros entrenamientos a la interperie con sus hermanos.

Llegó entonces un momento clave, una historia que hay que volver a contar porque resulta increíble. Era 1974 y Herminio tuvo que abandonar el Kas Bilbao, que desaparecía. Al recibir la oferta del Barcelona, puso como condición que el joven Juan Antonio también fichase por el club azulgrana. Su primer entrenador allí fue un formador del prestigio de Miquel Nolis.

Epi-Levantando una de sus diez Copas del Rey.
Levantando una de sus diez Copas del Rey.

También formó parte del Colegio Alpe, donde se concentraba la cantera del Barça (y alguna futura estrella del rock, como Loquillo), y fue campeón de España y del mundo escolar. Su evolución resultaba imparable: “Quería mejorar continuamente. Cuando estaba en juveniles ya era ala-pívot. Y al pasar a junior ya alterné esa posición con la de alero”. Con 17 años empezó a viajar con el primer equipo, en el que ya no estaba Herminio.

Su debut no se hizo esperar de la mano de Todor Lazic, aunque su protagonismo real empezó a aumentar con Eduardo Kucharski en el banquillo. Al tiempo, se hacía importante en las selecciones inferiores, donde se asomaba una generación decisiva para el ‘boom’, como el propio Nacho Solozábal, su compañero en el Barça.

El gran salto lo dio en 1978. Su querencia por los partidos decisivos la manifestó en la final de la Copa del Rey, disputada en su Zaragoza natal, cuando anotó doce puntos en la segunda parte ante el Real Madrid (103-96). Tenía 18 años y había llegado para quedarse: el periodista Joan Cerdá, casi por casualidad y para cuadrar un titular, le puso el prefijo de ‘Súper’ y se quedó con ‘Superepi’. No podía ser de otra manera: su primera experiencia con la absoluta llegó en el Eurobasket-79, en Turín, con el sexto puesto, al lado de otros coetáneos como Juanma Iturriaga o ‘Joe’ Llorente.

El Barcelona se decidió a intentar acabar con la hegemonía prácticamente total del Real Madrid en la liga. Ganó las de 1981 y 1983, esta última en un mítico desempate entre ambos clubs que se jugó en Oviedo. Pero no iba a ser tan fácil y los blancos recuperaron la iniciativa en las tres temporadas siguientes. La respuesta azulgrana, siempre con Epi como hombre básico, fue contundente: cuatro consecutivas, desde 1987 a 1990. Todas ellas con Aíto García Reneses en el banquillo. Ambos, al menos aparentemente, mantuvieron siempre una buena relación. “Si algo tiene valor en mi carrera es que he ido amoldándome a todos los entrenadores. Hay que adaptarse a lo que te piden, sea quien sea. Las circunstancias cambian y es la única manera de poder estar tantos años en la élite. Yo siempre tuve ganas de aprender, necesitaba mejorar globalmente cada año”, reflexiona.

Epi-239 veces internacional.
239 veces internacional.

Hubo momentos únicos, como el quinto partido de la final 88-89 ante el Madrid de Drazen Petrovic. Aquel día Epi perdió el clásico respeto que siempre tuvo por sus rivales y celebró de forma provocativa algunas de sus canastas, al estilo del genio balcánico (“Si no hubiese actuado de esa manera, podíamos haber perdido el partido y la Liga. Sabía que Petrovic haría algo parecido para levantar a su equipo y para minar nuestra moral. Antes de que empezase él, por una vez y sin que sirva de precedente, decidí que era fundamental para la victoria que yo adoptase esa actitud”). También fue increíble la resolución de la Copa 87-88, cuando Solozábal clavó un triple en el último segundo en la final de Copa.

En la selección, las cosas ya no iban tan bien. Las platas del Eurobasket-83 y los Juegos de Los Angeles-84 dieron paso a una larga época de frustraciones. Algo similar le pasó al Barcelona con las competiciones europeas: tres títulos consecutivos (las Recopas del 85 y 86 y la Korac del 87) no tuvieron continuidad en la gran espina que nunca se sacó nuestro protagonista: la Copa de Europa. Perder tres ‘finales a cuatro’ consecutivas ante la Jugoplastika (88, 89 y 90) debió dolerle en el alma. Tampoco aprovechó las ocasiones anteriores (la final tirada a la basura ante el Banco di Roma de 1984) ni las posteriores (derrota en semifinales de 1994 ante el Joventut, pese a los 23 puntos de un Epi ya en su recta final).

Epi-Ultimo relevista en Barcelona-92.
Ultimo relevista en Barcelona-92.

También enmarcado está en su vida el 25 de julio de 1992. Aquel día, cumpliendo los rumores que se habían levantado las semanas previas, ejerció como último relevista de la antorcha olímpica en la inauguración de los Juegos de Barcelona. La emoción que sintió debió ser indescriptible: “Lo he dicho muchas veces, pero es la única manera de definirlo: fue como estar en un nube, un momento mágico”. Eran sus cuartos Juegos, en los que, a nivel deportivo, sufrió un borrón importante con la eliminación en la primera fase tras perder contra Angola.

Al final de la 94-95 decidió dejarlo. Su peso en el Barça se había reducido drásticamente, pero...  ¿qué mejor manera de despedirse que haciendo lo que más le gustaba, que era ganar? El quinto encuentro de la final ante el Unicaja (25 de mayo) se resolvió con holgura (73-64) y él pudo decirle adiós al Palau desde la pista anotando dos tiros libres. Poco tardó el Barça en retirar su número 15, para siempre.

Y es que un aspecto que se ha valorado siempre mucho de él ha sido su imagen. Ha protagonizado una gran cantidad de anuncios, ha sido comentarista televisivo y ha liderado varias iniciativas solidarias. Y siempre con una sonrisa en la boca. Desde luego, más que una simple estrella. En la actualidad mantiene una empresa que organiza eventos deportivos, entre otras actividades.

Y es que, si tuvo un enemigo durante tantos años, fueron las lesiones en distintas zonas de su cuerpo (rodilla, tobillo, gemelo...), pero siempre batalló contra ellas con tesón. Muy magullado tenía que estar para perderse alguna gran cita. En sus últimos años era clásico verle en el banquillo con hielo en sus articulaciones durante los partidos, una imagen casi tan expresiva sobre su trayectoria como la de aquellos tiros a tabla que siempre entraban.

Epi-Siempre sonriente.
Siempre sonriente.

¿Números? Un jugador así trasciende a ellos, pero allá van unos cuantos: 421 partidos (solo contabilizando ACB) con 16,7 puntos en 28 minutos de media y con un tremendo 43% en triples; 239 veces internacional absoluto; 7 Ligas; 10 Copas del Rey; una Supercopa; dos Recopas; un Mundial de Clubs; una Supercopa de Europa... Acabamos con un estupendo vídeo por si queréis emocionaros una vez más viéndole en acción.