Mike Jones: Un ‘gordito’ con mucho baloncesto en las manos

Mike Jones: Un ‘gordito’ con mucho baloncesto en las manos
Un ‘gordito’ con mucho baloncesto en las manos

Javier Ortiz Pérez

Barcelona 92-93.
Barcelona 92-93.

Los ‘gorditos’. Qué adorable ‘subespecie’ en el baloncesto, ¿verdad? Si vemos a alguien haciendo la rueda de calentamiento con unos kilos de más, decimos inmediatamente “bah, imposible que ese tipo juegue bien, pero mira cómo está”. Y resulta que de vez en cuando pasa lo que pasaba con Mike Jones: que dan una lección de baloncesto cada vez que cogen el balón.

Y es que, por descontado, la báscula no está reñida con el talento. Todo lo contrario. Hay jugadores que, por mucho que les den la brasa los dietistas y los preparadores físicos con que bajen su peso para sacar más partido a sus cualidades, de la única manera en la que se sienten a gusto es teniendo un aspecto más natural respecto a su morfología. Ejemplos hay muchos: Mike Ansley, Quino Salvo, John Williams... Vaya tres, ¿verdad?

Jones está en este grupo selecto. Cuando llegó al Barcelona 92-93 era ya un americano ya muy reconocido en Europa, donde había estado en equipos que luchaban por la máxima competición continental como el Aris de Salónica y el Pau Orthez. En ambos sitios fue un jugador de 20 puntos por partido. Con 2,01, era sobre todo un ‘3’ con muy buena mano desde lejos, pero también podía postear gracias a su corpulencia. Tenía una sorprendente rapidez.

Su fichaje por un Barça que estaba en una época de recesión deportiva dio los resultados esperados a nivel individual (15,2 puntos y 7,4 rebotes), aunque colectivamente fue la primera vez en siete años que los azulgranas no se metieron en la final y hubo ‘limpia’ en el vestuario. Jones regresó a Francia, primero al Cholet (máximo anotador de la liga) y luego de nuevo al Pau Orthez. Se asomó a Israel (Hapoel Holon) antes de su segunda y negativa etapa en España, cuando entró por Corey Crowder en el Murcia 95-96 y solo duró cinco partidos (12 puntos en 32,6 minutos) antes de ser sustituido por Duane Washington.

Con un grupo de chicos en Chipre.
Con un grupo de chicos en Chipre.

Se vio entonces abocado a un mercado inferior, alternando Uruguay con Chipre. Este último fue el país que le hizo auténticamente feliz y donde se quedó a vivir siendo entrenador. Llegó allí a los 40 años jugando, aunque en realidad su último equipo fuesen los Bellingham Slam, de la IBL, en la temporada 2006-07.

Jones trabaja en el club de Limassol, la capital chipriota. No he conseguido hablar con él directamente, pero en un texto que escribió cuenta varias cosas interesantes. “El entrenador de baloncesto no necesita haber sido una estrella, debe ser un estudioso del juego. ¿Cuántos jugadores mediocres se han convertido en grandes entrenadores? Y, por otro lado, también conocemos muchos grandes jugadores que han sido malos entrenadores. Para tener éxito solo hay que desarrollar un mapa de carretera llamado ‘filosofía’, lo que tarda años en lograrse (...). En mi caso, después de muchos años jugando a alto nivel, he tenido mucha suerte de haber trabajado con importantes e influyente técnicos y haber aprendido de ellos”, cuenta. Entre ellos menciona a Aíto García Reneses, por descontado. “En España el estilo es más físico, como en Grecia, y orientado a jugar en estático”, opina.