Roque Hernández: Arquitecto en las pistas y primer canario en jugar con el Claret

Roque Hernández: Arquitecto en las pistas y primer canario en jugar con el Claret
Roque Hernández nos hace llegar un especial relato sobre su fugaz tiempo en la é

Javier Ortiz Pérez

A la izquierda, luchando por un rebote.
A la izquierda, luchando por un rebote.

Roque Hernández nos hace llegar un especial relato sobre su fugaz tiempo en la élite del baloncesto (cuatro partidos en la temporada 85-86 con el actual Herbalife Gran Canaria, entonces denominado Claret). Por lo que se ve, un tipo con buen toque para la escritura, además de ejercer como arquitecto.

“Llegué al Claret, que debutaba en la ACB,  de manera circunstancial. Nací y vivía en Tenerife. Acababa de terminar los estudios preuniversitarios y quería estudiar arquitectura. Pero esa carrera, en Canarias, solo era posible realizarla en Gran Canaria. Somos tres hermanos, de edades cercanas y desplazarme a estudiar a otra isla suponía un esfuerzo muy grande para mis padres. Así es que surgió algo que cambió mi vida. De alguna manera se enteraron de mi interés por estudiar en la universidad de Las Palmas y el Claret contactó conmigo. Debía ir para allá y, si todo iba bien, me quedaría a jugar y me pagarían los gastos de estancia y comida. Se me abrieron las puertas del cielo. ¡Vivir la experiencia de un  equipo de ACB y estudiar lo que me gustaba!

Gracias a esa oportunidad tuve momentos inolvidables viendo, aunque fuera desde el banquillo, a jugadores míticos de nuestra liga y compartiendo vida con los directivos, compañeros y equipo técnico del Claret. Anecdóticamente, fui el primer jugador canario en jugar en ese equipo de ACB.

Jugaba de alero o escolta, y mi trabajo consistía en aprender todo lo posible, ayudar en los entrenamientos y estar preparado para jugar algún minuto, si llegaba esa oportunidad. Cada vez que jugábamos en la península arrastraba con libros y apuntes para estudiar en los ratos libres. Como anécdota contar que, en un partido amistoso contra el Barcelona de Epi, Solozábal, Sibilio y compañía, nuestro entrenador, Joaquín Costa, me regaló la oportunidad de jugar varios minutos. No lo esperaba por lo que, al entrar a cancha y preguntar a quién defendía, me dijeron: al número 15. “¡El 15 es Epi!”, pensé. Creo que estaba más preocupado por no causarle alguna lesión que de defenderle.

Imagen actual.
Imagen actual.

Empecé a jugar más bien tarde, con quince años, en un equipo filial del Club Náutico, el Tenerife Anaga. De ahí pasé al Náutico juvenil, con un gran entrenador, Ramón Asensio, y luego al júnior. Al año siguiente, segundo año de júnior, fiché en el Claret de Las Palmas. Estuve ahí dos temporadas. En la tercera, decidí dejar el baloncesto y dedicarme plenamente a los estudios.

Tras acabar arquitectura tomé la decisión,  con mi  mujer de toda la vida, de vivir en Garachico, un precioso pueblo junto al mar cercano al lugar donde nací, Buenavista, en el norte de la isla de Tenerife. Aquí trabajo como arquitecto y tenemos dos niños, Miguel y Ana. Colaboro, junto con un grupo de amigos, llevando el CB Garachico, histórico club de baloncesto del pueblo intentando que este deporte ayude, como herramienta educativa, en la formación de los jóvenes como personas. En este club he seguido jugando muchos años, incluso ahora en 2016,  con amigos con los que disfrutamos como cuando tenía 18 años.

Siempre he dicho que le debo mucho al baloncesto. Tuve la gran suerte de conocer gente que influyó de manera decisiva en mi formación, no sólo como jugador sino, lo que para mí fue más importante, como persona.  Siempre que tengo ocasión insisto en esa idea, en utilizar la etapa de formación en el deporte como “escuela de vida” donde poner en práctica y potenciar los valores que nuestros padres tratan de inculcarnos.

Es curioso. A veces, en nuestra adolescencia, anhelamos determinados sueños. Pero casi siempre ocurre que, sin darnos cuenta, los caminos de la vida nos conducen a una realidad mucho mejor que aquellos sueños.  Parte de esa realidad la viví en el Claret, aquel pequeño club que, gracias al trabajo incansable de grandes personas como Pepe Moriana, se ha consolidado en la Liga Endesa”.