Pablo Giménez: Un adicto al parquet

Pablo Giménez: Un adicto al parquet

Javier Ortiz Pérez

Ourense 93-94.
Ourense 93-94.

Fantástica la historia de Pablo Giménez, una de las de mayor longevidad en nuestro basket, puede que solo superada por la de Wen Perdomo. Y es que este hombre, que en junio cumplirá 47 años, sigue tirando a canasta en Primera Nacional con el Pla balear. “El año que viene espero hacerlo en EBA, porque le dije a la gente del club que si seguía, era para estar arriba”, destaca, con excelente humor. “Voy a seguir jugando mientras el cuerpo me aguante. Me dije que lo dejaría cuando Alberto Herreros se retirase, pero lo hizo demasiado pronto. Yo creo que llegaré a los 50”, añade.

Para darse cuenta de lo suyo, solo hay que darse cuenta que debutó en el mundo profesional en la Primera B 88-89 con el Prohaci Mallorca, que disputó dos temporadas y media en la ACB entre 1993 y 1996 en Ourense (con los míticos ‘Jackson Five’, no hay que olvidarlo) y que conoce varias categorías más (LEB Oro, Plata, EBA…). Hace dos años ‘rizó el rizo’ jugando contra su propio hijo, Andreu, en Primera. “La verdad es que estaba tan metido en el partido que no me dio tiempo a pensar mucho en la situación. Nos llegamos a emparejar en algunas ocasiones. Fue muy curioso, desde luego”, recuerda. Los genes los ha transmitido también a Inés, la pequeña de la familia que ha acudido incluso al Campeonato de España con la selección infantil de Baleares.

Giménez es argentino, pero solo de nacimiento. Nació en Santa Fe y a los dos años sus padres regresaron a Mallorca, donde estaban sus raíces familiares. “Yo no recuerdo nada”, confiesa. Desde luego, acento porteño no tiene. Empezó a jugar al basket en el colegio Ramón Llull de Palma y de ahí a la Peña Madridista y al Prohaci, en lo que fue el inicio de una larga serie de vivencias alrededor de una pista de juego. “Me gusta muchísimo. No puede haber otra explicación. Cuando regreso a casa después de jugar o entrenar, me tiro en el sofá y es imposible que me muevan. Pero sigo yendo a tope y no me regalan los minutos”, sostiene. Curiosamente, el entrenador que tuvo la pasada temporada era 15 años menor que él.

Defendiendo al ‘Lagarto’ De la Cruz en un partido informal en 2004.
Defendiendo al ‘Lagarto’ De la Cruz en un partido informal en 2004.

La mayor parte del tiempo ha jugado en distintos equipos de su isla (Inca, Basquet Muro, Palma Basquet y ahora Pla), pero también ha tenido aventuras fuera, como la reseñada de Ourense, un par de etapas en Melilla y una muy importante de cinco años en el Aveiro portugués, desde 1999 a 2004.

Con tanto tiempo sobre el parquet es lógico pensar que ha evolucionado mucho, que, más que un jugador, ha sido varios jugadores. “Es verdad. Al principio tenía un tiro malísimo y no metía ni una. Era todo penetrar, saltar mucho, correr. Después, a los 30, ya empecé a enchufar mucho más. Después también he cambiado de posición. Con 2,02 fui al principio alero, pero luego me pusieron bastante de pívot, sobre todo en Portugal. En los últimos años he vuelto a ser un ‘3’, pero no posteando, sino jugando de cara al aro”, analiza. Algunos compañeros bromean sobre que no le gusta defender, pero él responde con el mismo  tono: “¡Es que alguien tiene que resolver en ataque y no puedo estar en todo!”.

Obviamente, hace años que no se gana la vida con el baloncesto como tal. Es quiromasajista en una compañía de seguros de salud. Y, claro, si algún compañero tiene algún problema, también puede echar una mano en ese aspecto. Como seguro que en muchos más, conociendo su experiencia.

Con su hijo Andreu, al que se enfrentó.
Con su hijo Andreu, al que se enfrentó.