Brian Jackson: Muchísimo más que un tirador

Brian Jackson: Muchísimo más que un tirador

Javier Ortiz Pérez

En el Real Madrid.
En el Real Madrid.

La unanimidad es total cuando se habla de Brian Jackson: un fantástico tirador, un profesional íntegro y un tipo fantástico. Sin duda, uno de los mejores americanos llegados nunca a España. Baste el dato de que es incluso hoy en día el máximo anotador extranjero de la historia de la Liga Endesa (tercero en total, superado por Alberto Herreros y Jordi Villacampa) con un promedio de 22 puntos por encuentro que no supera absolutamente nadie entre los 25 primeros clasificados.

Raza blanca, tirador. Es taxativo decirlo, pero ningún americano de todos los que han pasado por España escenifica mejor la definición de Andrés Montes como él. Se hace difícil imaginarlo ahora, como un anónimo profesor en una escuela del estado de Utah. Fue un ídolo total allá por donde pasó con un estilo sencillo, pero demoledor.

El profesor Jackson, de 54 años, enseña materias como marketing y desarrollo financiero a adolescentes en la Entheos School, un centro privado situado en Kearns, en el corazón del ‘reino’ de los mormones. Sus alumnos saben que fue una estrella en la Utah State University, pero alucinan cuando ven en Youtube sus recitales anotadores en España, donde jugó doce temporadas, las últimas nueve consecutivas.

Defendiendo en Huesca.
Defendiendo en Huesca.

“Muchas veces lo hablo con mi mujer, Heidi. Éramos muy jóvenes y quizás no lo apreciamos tanto entonces. Ahora nos hemos hecho viejos y lo comentamos a menudo. Con el paso del tiempo aprendes a valorar más todo el tiempo que pasamos en España. No tenía ni idea de que pasaría tantos años allí cuando llegué por primera vez para jugar en el Cotonificio”, explicaba en ‘Gigantes del Basket’ hace tres años. Se refería a su fichaje en 1981 por el equipo de Badalona cuando ni se había fundado la ACB… El ojo de Aíto García Reneses se posó en un huesudo alero que las metía con una facilidad pasmosa, pero que al mismo tiempo era un tremendo jugador de equipo, generoso y atento con el compañero.

“Me siento muy agradecido por todo lo que pasó aquellos años. En el Cotonificio me acogieron muy bien. Era la primera vez que jugaba fuera de Estados Unidos y fue un choque en muchos aspectos, pero el equipo era joven e hicimos una buena temporada. Lo que más recuerdo era lo unidos que estábamos, lo bien que nos llevábamos fuera de la cancha. Eso nos valió para competir con los equipos más grandes”, recuerda. Elegido en el ‘draft’ por Portland con el número 26, su idea era coger experiencia, pero durante un par de veranos consecutivos no consiguió un hueco en los ‘workouts’ y decidió que su sitio estaba al otro lado del océano. Nunca llegaría a jugar en la NBA, una de esas raras injusticias de la historia del basket.

“Es que al final disfruté más jugando en Europa que en mi país. Lo mejor fue quedarse para hacer lo que más me gustaba, que era contribuir en el equipo decisivamente, jugar muchos minutos, no estar la mayor parte del tiempo en el banquillo para salir un poco y luego sentarte”, razona Jackson, que tuvo su momento cumbre de popularidad de 1983 a 1985, cuando fichó por el Real Madrid.

Las dos ligas ACB que jugó vistiendo de blanco las ganó, además de una Recopa y una Copa del Rey. Pero pareció el ‘cabeza de turco’ de la derrota en la final de la Copa de Europa del 85 (87-78 ante la Cibona, con solo 10 puntos suyos) y cedió su puesto a Linton Townes. “Fue el sitio más importante de toda mi carrera, el que me hizo más conocido probablemente, porque un club así siempre atrae mucha atención, aunque también presión porque había que ganar siempre. Fue muy especial estar con los mejores jugadores de España por entonces, como Fernando Martín y Corbalán, qué dos tipos más grandes. Jugamos a un nivel muy alto”, apunta.

Imagen reciente, en Utah.
Imagen reciente, en Utah.

 

 

Tras un año en Gorizia, le tocó reinventarse en Huesca, siendo el emblema, junto a Granger Hall en la pareja de americanos que más tiempo ha permanecido junta en España: “Es que aquello era todo lo contrario que Madrid, una ciudad muy pequeña en la que el equipo era una parte muy importante. Siempre nos sentimos muy apoyados. Estar en la zona baja de la clasificación era un desafío diferente, pero pienso que también puedes ser también un ganador en un equipo así, que está luchando por no descender. Con Granger siempre me entendí muy bien”.

Allí fue donde terminó de aprender un español que, asegura, todavía practica a veces. “Lo tengo un poco olvidado, pero entiendo todo todavía”, asegura. Quizás lo refresque un poco con otro mormón que dejó huella en España, Steve Trumbo. “Es muy buen amigo mío, vivimos cerca y charlamos de vez en cuando de los viejos tiempos”, asegura Jackson.

En Aragón estuvo hasta 1992, cuando le reclamó el proyecto del Caja San Fernando, que buscaba hacerse un hueco entre los mejores. “Aprendí mucho allí de gente como Raúl Pérez. Fueron también buenos años. Sevilla es una ciudad donde se disfruta mucho de la vida. Creo que era un poco lo que me faltaba de conocer de España, porque había pasado por sitios tan distintos como Barcelona, Madrid y Huesca. Aparte de lo que pasase en el baloncesto, culturalmente fue una experiencia muy rica para mí pasar por tantos lugares, entender tan bien cómo funcionaba el país”.

¿Y el baloncesto ahora? Está bastante desconectado, por lo que parece. La Entheos School no tiene equipo y ya no trabaja en la West Ridge Academy, un centro en el que estuvo entrenando a chicos que han tenido problemas. Sus hijos, Patrick, Christopher y Connor, no han heredado su pasión competitiva por el basket.

Imagen reciente, en Utah.
Imagen reciente, en Utah.

¿Algún mensaje para los que una vez aplaudieron tus numerosísimas canastas, Brian? “Gracias por los recuerdos. A mi mujer y a mí nos gustaría volver pronto. Fueron unos años inolvidables”.