Pere Práxedes: Identificado con Andorra

Pere Práxedes: Identificado con Andorra

Javier Ortiz Pérez

Breogán 84-85.
Breogán 84-85.

Pere Práxedes estuvo en la máxima categoría en esa transición desde la Liga Nacional, controlada por la Federación Española, a la de ACB, cuando los clubs cogieron el mando en 1983. Era un alero de 1,96 muy luchador, capaz de aportar en varias facetas al mismo tiempo sin ser especialista en nada.

Nacido en Prat de Llobregat, sus cualidades hicieron que el Barcelona se fijase en él para su cantera. Se incorporó en categoría juvenil y estuvo al menos dos años bajo la disciplina del primer equipo, de 1977 a 1979. Le dio  tiempo a ganar dos Copas del Rey, aunque con poca participación sobre la pista. Posteriormente, y ante la acumulación de jugadores estelares en su puesto, pasó al vecino Mollet. Como tantos otros en su caso, acudió a la búsqueda de minutos que le ayudasen a acumular méritos en el regreso al Palau. Todo iba por buen camino, como indica la llamada de la selección junior. Se proclamó subcampeón de Europa de esta categoría en 1978 al lado de gente como Fernando Romay, Epi, ‘Joe’ Llorente e Iturriaga. Y un año antes se enfrentó a Estados Unidos (con ‘Magic’ Johnson a la cabeza, nada menos) en el Torneo de Mannheim (increíble resultado final de 137-110 para los americanos, como cuenta bien aquí Antonio Rodríguez).

En la misma tónica de intentar progresar deportivamente estuvo su paso al OAR Ferrol en la 81-82, pero una grave lesión de rodilla le tuvo mucho tiempo parado y le limitó algo físicamente. “Eso marcó mi futuro”, lamenta hoy en día. Aun así, pudo regresar a la élite, primero con el Manresa (82-84) y luego con el Breogán Lugo (84-85). Disputó las dos primeras ligas ACB y de él se conservan unos números de 7,9 puntos en 22 minutos de promedio. “Yo era un todoterreno”, resume. No le faltaba carácter y tenía una fama que él mismo reconoce y que lamenta con el paso del tiempo: la de protestar demasiado a los árbitros.

Imagen reciente.
Imagen reciente.

En 1985, su vida vivió un momento decisivo con su fichaje por el Andorra, que intentaba hacerse un hueco en Primera B. Tan a gusto se sintió en el pequeño principado que allí se quedó a vivir (seguramente para siempre) e incluso obtuvo la nacionalidad, defendiendo su camiseta en partidos internacionales absolutos. Su carrera en las pistas se alargó hasta 1991 y a partir de entonces se puso a entrenar, alternando eso con la actividad como empresario. Fue técnico ayudante de Edu Torres en el histórico ascenso del Festina en 1992 y también en los años siguientes en ACB.

“Lo que más recuerdo es haber estado a gran nivel al lado de grandes jugadores”, resume. El baloncesto sigue corriendo por sus venas. “Después de diez años vuelvo a entrenar y me ocuparé de la selección andorrana masculina de 3x3”, cuenta. Ha sufrido un par de sustos cardíacos, pero afirma estar bien, fuerte, recuperado para seguir dando guerra en las canchas.