Fabricio Oberto: Ser diferente para triunfar

Fabricio Oberto: Ser diferente para triunfar

Javier Ortiz Pérez

Tau (1999-2002).
Tau (1999-2002).

Extraordinario jugador Fabricio Oberto, ¿verdad? Seguramente el mejor ‘5’ de la historia del baloncesto argentino, lo cual es decir bastante, aunque la verdad es que tampoco era un ‘center’ nato, sino que tenía aspectos de ‘4’. Fue fenomenal tenerle en España durante una parte fundamental de su carrera: dos temporadas y media con el Tau (99-2002) y tres más en el Pamesa Valencia (2002-05).

Un tipo elegante en el juego y también duro al mismo tiempo. Estar en Vitoria estabilizó una línea que había levantado algunas dudas, ya que del Olympiacos, que había puesto una buena cantidad de dracmas para ficharle del Atenas de Córdoba, había salido con problemas. Bajo la cúpula del Buesa Arena encontró su sitio, despidiéndose de ella de la mejor manera posible: con el doblete Liga-Copa. Lástima de final de Euroliga en el 2001.

El Pamesa fichó directamente la fórmula ganadora del juego interior del Tau. Oberto se entendía a la perfección con Dejan Tomasevic, su compañero en la ‘pintura’, y ambos fueron juntos a ‘La Fonteta’. Quizás faltaron más títulos en esa etapa, aparte de la ULEB Cup del 2003, pero nuestro hombre vivió lo más grande en los Juegos Olímpicos de Atenas con la medalla de oro con su selección. En 2005 se sintió preparado para el siguiente paso: la NBA. Se cerraban así 219 partidos ACB con 11 puntos y 5,8 rebotes de media en 26 minutos.

Pamesa Valencia (2002-05).
Pamesa Valencia (2002-05).

Sin embargo, en sus seis temporadas (cuatro con los Spurs de su amigo Manu Ginobili y una con Washington y Portland) estuvo bastante lejos de ser  tan importante como en España. Totalizó 336 encuentros (3,2 puntos y 3,5 rebotes en 14,5 minutos), con poco protagonismo ofensivo.

En noviembre del 2010 nos dio además un susto descomunal: anunciaba su retirada por padecer problemas cardíacos a los 35 años. Un año antes había sido operado del corazón, pero se dijo había sido algo rutinario, una ablación. “En el partido con Milwaukee del martes pasado me vinieron unos mareos y me puse nervioso, me preocupé mucho. Y desde entonces estuve masticando la idea, lo hablé con mi familia y llegué a una decisión que es absolutamente mía”, comentó. Era entonces miembro de unos Blazers muy atractivos, como LaMarcus Aldridge, Greg Oden y Rudy Fernández, entre otros. Sin embargo, un año siguiente dijo que podía volver a las pistas después de superar las pruebas y llegó a hacerlo en el equipo de su niñez, Atenas, y la selección argentina en el Preolímpico, pero no estaría en Londres-2012 alegando “motivos personales”.

Tras su retirada definitiva se ha mostrado muy activo fuera de la cancha. Toca la guitarra (ya tuvo un grupo en Valencia con su compañero de equipo Fede Kammerichs), tiene un programa de radio y otro de televisión y ha dado el salto a los despachos del baloncesto como directivo de la intervenida federación argentina y también como miembro de la comisión de jugadores de la FIBA.

En una reciente entrevista en el diario La Nación confiaba en que el basket de su país recuperase el gran brillo que tuvo cuando él estaba en su apogeo:  “Esperamos tener una estructura, una forma de reclutar jugadores. Que Argentina sea potencia, como Yugoslavia en su momento, como Serbia hoy. Más que de la ‘Generación Dorada’, queremos que se hable de la selección argentina. Apuntamos a estar entre los cuatro mejores del mundo”.

Se le ve un tipo bastante especial. Y para conocer mejor su forma de pensar y cómo ve su carrera, nada mejor que este vídeo de una conferencia que ofreció hace unos meses que os extracto un poco por temas.

Campeón olímpico en el 2004.
Campeón olímpico en el 2004.

El origen. “Siempre quise ser diferente, siempre busqué una alternativa. Vengo de una familia muy trabajadora. Desde chico aprendí cómo se ganaba un mango. Era durísimo. En la primaria ya decidí que quería trabajar. No quería depender de que diesen plata. Probé muchos trabajos. Vendía cosas en la calle. También lo hice con los deportes: el vóley, el handball (balonmano), atletismo, fútbol… Gracias a Dios no fui bueno. El basket siempre estuvo ahí. No tengo memoria de haberme perdido una práctica nunca, salvo a haber estado lesionado. Ahí comencé a tener un sueño, a hacer un montón de actividades, a entrenar solo. Escuchaba los partidos por la noche de Atenas. Todo esto sin tener una planificación, pero yo no sabía. Con 10-11 años, ¿cómo iba a saber? Viajé en colectivo (autobús), 170 kilómetros, a Atenas. Llegué y pesaba 89 kilos. Se me complicaba enfrentarme a jugadores de más de 100. Tenía que meterme 9 o 10 horas de entrenamiento. Supe que tenía que ver cómo me hacía indispensable para el equipo. Vi en el banquillo que al equipo le hacían falta rebotes y los pocos minutos que salía, iba a por todos los rebotes. Acabé metiendo 37 puntos en una final”.

El salto y Vitoria. “Me voy a Europa y es una etapa oscura por problemas con mi agente. Estuve seis meses sin jugar. Me rescató el Tau y había tres argentinos. La primera noche que llegué, antes de jugar un partido, cogí a las cuatro de la mañana y me fui a casa. Me preguntaba qué hacía allí. Estuve con psicólogos, con psiquiatras. No estaba preparado. Tenía un montón de dudas y me preguntaba qué hacía allí. Me agarró Juan Espil, me llevó a su casa y me trató como a un hijo más. Estuve dos años más y me tenían como rebotero y defensor”.

Valencia. “Quería ser un jugador completo. Me voy al Pamesa. Me lo tomé como un reto. Fueron de los tres mejores años de números que he tenido. Era la primera o la segunda opción en ataque. Todo lo que quería hacer, lo podía hacer. Había que sumarle que defendía. Era un jugador de equipo, pero podía generar”.

Spurs (2005-09).
Spurs (2005-09).

La NBA. “Terminó mi tercer año. Pagué dinero para irme y estuve un mes esperando. Pensaba que no iba a tener otra ‘chance’ para ir a la NBA. Me llamó mi agente con una oferta de Memphis Grizzlies, pero le dije que tenía que esperar un día. Cuando se agotaba el plazo para responder, llamó San Antonio. Entonces le dije: ‘Listo’, aunque me ofrecían menos plata. No me importaba. Mi ídolo en la vida era Tim Duncan, en un equipo que veía todas las noches. Tenía que encajar en ese equipo y aposté a eso. A veces jugaba cinco segundos el primer año. Esas cosas me fueron armando. Popovich dijo en una entrevista que yo era ‘the best ugliest player’. Fue una validación muy grande. Me había vuelto ‘el mejor peor jugador’, aunque en español suena bastante mal. Encontré el huequito que a veces nos vemos, llenarlo porque muchos a lo mejor no lo quieren hacer. Y lleva un sacrificio”.

En la actualidad (Foto: CAAB).
En la actualidad (Foto: CAAB).