Eduardo Sanjurjo: El ‘sparring’ de Winfred King

Eduardo Sanjurjo: El ‘sparring’ de Winfred King

Javier Ortiz Pérez

En el Breogán en su época como jugador.
En el Breogán en su época como jugador.

Eduardo Sanjurjo jugó muy poco en el Breogán de los años 80, pero lo disfrutó mucho. Aquella etapa de su vida la narra en un escrito que nos ha hecho llegar con una gran naturalidad y poniéndole mucho corazón. A degustarlo.

“La mía no es una historia normal de jugador ACB. No me formé en una cantera famosa a nivel nacional, ni destaqué desde niño. Entré a jugar en ACB con el Breogán porque un entrenador, Pablo Casado (quizá el mejor entrenador que he tenido), necesitaba un jugador que pudiera defender a uno de los jugadores más fuertes que había en España en el año 1985: Winfred King. Según me comentó Pablo, no había en Galicia ningún jugador que pudiese aguantar un entrenamiento con Winfred sin caer al suelo, por lo menos, dos o tres veces. En el primer entrenamiento en el que participé no me caí ni una vez y pasé la prueba. De esta forma, estuve tres años jugando en Lugo para ‘elevar’ el nivel de los entrenamientos, y para dar descanso a los americanos cuando era necesario. En aquel momento, la diferencia entre pívots nacionales y americanos era muy grande, y aunque yo era uno de los pívots gallegos más altos (por supuesto, el más alto era el gran Fernando Romay), en mi caso también había diferencia.

Como es lógico, tuve que entrenar mucho más que el resto del equipo para poder ganarme un puesto. Llegaba de jugar en el equipo de mi colegio (Maristas de A Coruña) con mis amigos de toda la vida. Un solo entrenamiento con Manel Sánchez, Nino Morales, Manel Bosch, Antonio Sacedo o Marcos Carbonell (por no hablar de Winfred King, Jimmy Wright o Claude Riley) te enseñaba más que años de competición local. Mi primer año de ‘profesional’ me obligaba a entrenar entre 6 y 7 horas diarias (entrenamiento mañana y tarde con el equipo senior, noche con el junior, gimnasio y ‘footing’ cuatro días a la semana…). A partir del segundo año ya me igualé un poco al nivel físico del equipo, y solo entrenaba unas 5 horas diarias. Me olvidaba de comentar que, en los huecos entre entrenamientos, iba a clase. Me matriculé en Ingeniería Técnica Agrícola, y a partir del segundo año también me apunté a la liga universitaria de baloncesto (imagino que para no aburrirme).

En la actualidad.
En la actualidad.

Mis años de ACB en Lugo fueron fantásticos. Conocí gente maravillosa, viajé por toda España, me formé como jugador y como persona. Por supuesto, a partir del segundo año no desentonaba en el equipo, pero me di cuenta de que nunca sería un jugador de primer nivel (nunca jugaría como Fernando Martín, Andrés Jiménez o Epi, jugadores a los que poco antes tenía en pósters en mi habitación, y en ese momento tenía en la cancha muy cerca de mí).

Al tercer año de estar en Lugo terminé la carrera, y decidí cambiar de aires. Volví a Coruña para matricularme en la Facultad de Informática, que había empezado su andadura un año antes. Por supuesto, seguí jugando al baloncesto, en categoría inferior (As Pontes, Ribeira, Córdoba), para seguir practicando el deporte que es mi pasión (además, me ayudaba a pagar la carrera y mis gastos).

Al acabar la licenciatura de informática empecé a trabajar en Tecnocom. Es una empresa multinacional, de capital español, que ‘juega’ en la primera división de las empresas TIC nacionales. Soy director de proyectos informáticos (una especie de entrenador de equipos de trabajo informáticos), por lo que he hecho un pequeño cambio (de jugador a entrenador). Sigo haciendo deporte, pero mi contacto con el baloncesto es ahora más de espectador que de jugador (aunque, por supuesto, sigo jugando un partido de vez en cuando con mis amigos)”.