Leo López: El uruguayo ‘andorrano’

Leo López: El uruguayo ‘andorrano’

Javier Ortiz Pérez

Festina Andorra 92-93.
Festina Andorra 92-93.

Leo López fue uno de los dos jóvenes hermanos uruguayos que firmó el Caja San Fernando iniciada la temporada 87-88, todavía en Primera B (el otro es Quique López). Conseguido el pasaporte español por ascendencia, se esperaba de él que fuese un buen aporte en el juego interior, pero apenas dispuso de oportunidades en Sevilla. Sí encontraría luego su ‘lugar en el mundo’ en Andorra, con el que consiguió su segundo ascenso a la ACB en 1992 (había subido con el Caja tres años antes).

En su país natal empezó a jugar al baloncesto con 14 años, “muy tarde”, reconoce. Su altura –llegaría a los 2,04 actuales— fue su gran aval entonces. Tener padres españoles le facilitó la nacionalización y la llegada a Sevilla de la mano de Ramón Echamendi, un entrenador uruguayo que les consiguió la oportunidad. “Éramos muy jóvenes y no habíamos salido nunca de casa. Se portaron muy bien con nosotros”, apunta.

“La época de Sevilla la recuerdo con mucho cariño”, cuenta. Pero, sin muchos minutos, fue cedido al Cartagena (90-91) y después se desvinculó, fichando por el Andorra (91-92). Un problema le vino con una lesión que no se le supo diagnosticar y que resultó ser una fractura por estrés.

 Edu Torres lo quería para el primer año de ACB y se quedó en el principado, aunque disputando de nuevo pocos minutos con dos tipos tan buenos como ‘Piculín’ Ortiz y Dan Godfread por delante. A los 27 partidos en la máxima categoría que había jugado con el CSF en la 89-90 le sumó otros 13, con promedios de 2,1 puntos y 1,5 rebotes en 8 minutos. Era un pívot fuerte, que no evitaba el choque.

Imagen reciente.
Imagen reciente.

“La temporada siguiente me propusieron quedarme, pero yo quería jugar más y me fui a Torrelavega (Primera B), pero el equipo fue fatal y ganamos pocos partidos. Todos teníamos los ánimos por los suelos”, dice.

Su siguiente parada fue Motril (EBA) y más lesiones, en este caso una hernia discal. Eso le hizo pensar en la retirada, pero le surgió la ocasión de regresar a Uruguay, al Hebraica Macabi, “un club muy nuevo, pero con muchas aspiraciones. Fueron dos años buenos a nivel deportivo y también a nivel familiar, ya que hubo la oportunidad de volver a casa de mis padres y tuve con mi mujer, Sole, uno mis hijos allí”.

Rechazó continuar en la liga uruguaya, pese a las posibilidades que tenía, y empezó a encarar la ‘nueva vida’ sin el baloncesto profesional. Regresó a Andorra, donde consiguió una plaza de funcionario para el Govern. Allí suele acudir a los partidos del MoraBanc y también sigue la carrera incipiente en minibasket de su hijo Leo, que no destaca tanto como el padre en cuanto a altura, pero sí es muy rápido, ágil y buen pasador. Es curioso que su entrenador sea un ex compañero de Leo padre en sus años de jugador, Carles Farfán.