Juan Dixon : Un positivo doloroso

Juan Dixon : Un positivo doloroso

Javier Ortiz Pérez

Maryland.
Maryland.

Un fastidio que el positivo de Juan Dixon en un control antidopaje al poco tiempo de llegar al Unicaja en la temporada 2009-10 le apartase de la liga española para siempre. Era un excelente anotador, un ‘jugón’ que estaba causando mucho impacto. Pero se le detectó nandrolona, según él, por un  complemento nutricional que le dio un entrenador antes de llegar a Europa. No valieron excusas: le cayó un año de sanción y su carrera enfiló la guerra final. Regresó en el Banvit turco, pero esta vez problemas físicos le empujaron a la retirada.

Hasta entonces había cumplido en Málaga desde el primer día. En sus cuatro partidos en la Liga Endesa promedió 18,8 puntos, con estupendos porcentajes de 50% en triples (12/24), 56% en tiros de dos (15/27) y 90% en libres (9/10). Su fama de ‘cañonero’ ganada con el paso de los años en la NCAA y la NBA estaba más de justificada.

No es una historia fácil la suya. Antes de cumplir los 17 años ya había perdido a su padre, Phil, y a su madre, Juanita, por enfermedades relacionadas con el sida. Es difícil imaginar lo duro que debe ser eso para poco más que un adolescente. Pero decidió centrarse en el baloncesto y cumplió los cuatro años preceptivos en Maryland, sin caer en la tentación de dar el salto a los profesionales antes de tiempo. El premio fue convertirse en el máximo anotador de la historia de la universidad, a la que llevó a la primera Final Four de su historia en 2001 y a nada menos que el título nacional en el 2002 (nombrado mejor jugador de la fase final). Los Wizards le escogieron en el puesto 17 del ‘draft’.

Dani Barranquero lo glosa todo con su ayuda en uno de sus fenomenales artículos para acb.com, que tituló ‘Una burla a su destino’. Dixon le cuenta ahí que su infancia “fue dura. Pese a eso, mis familiares consiguieron que creciera felizmente. Me dio por ser deportista y soñaba con convertirme en profesional, ya fuese de fútbol americano, beísbol o baloncesto, aunque me decanté más por el basket porque siempre seguí los pasos de mi hermano mayor, que era mi mentor. Si él quería jugar, yo también lo hacía. Tenía seis años cuando descubrí este deporte y me encantó”.

Toronto Raptors, defendido por Navarro.
Toronto Raptors, defendido por Navarro.

La canasta, sostiene, fue “su válvula de escape”. “Estaba muy triste y la gente me decía que tenía que creer en mí mismo. Y lo hice. Pasar por lo que vivimos mis hermanos y yo, te convierte en una persona más dura. Saber que tus padres están en la calle consumiendo drogas o cometiendo delitos duele, pero mentalmente te hace más fuerte”, añadía.

Respecto al título de la NCAA, considera que fue “el mejor momento” de su vida. “Había jugadores tan buenos… y lo disfruté yo. Llegar a la Final Four y ganarla, disfrutar con los fans, estar en la cima del mundo… fue una experiencia maravillosa”, comenta.

Su carrera posterior en la NBA no fue sencilla tampoco. Era un escolta quizás demasiado pequeño (1,91). En los tres primeros años promedió 6,4, 9,4 y 8,1 puntos. Los 35 que les clavó a los Bulls en los ‘playoffs’ fueron su techo, lo que considera el mejor partido de su trayectoria profesional. “Crecí mucho como jugador y disputé buenos encuentros. Eddie Jordan me dio bastante confianza, éramos un equipo fuerte, con jugadores como Arenas, Hughes o Jamison y cada año mejoramos al anterior. Disfruté mucho”, añade.

Desde Washington marchó a Portland, donde siguió mejorando (12,3): “No ganamos muchos encuentros pero tuve la oportunidad de jugar mucho, algo con lo que todos soñamos. Y lo aproveché, una excelente temporada, en la que más anoté de todas. Mi mejor año, sí”.”Tuvo otro año después otro año más flojo (8,9). En la 2006-07 fue a Toronto a cambio de Calderón, sintiéndose a gusto en ataque, aunque de más a menos (11,1 puntos en la primera temporada y 4,3 en la segunda). Detroit y de nuevo Washington fueron sus últimas paradas en la NBA, cada vez con menos protagonismo.

En el Unicaja 2009-10.
En el Unicaja 2009-10.

El Aris de Salónica, en el 2009, fue su primer destino europeo. “Lo vi como una opción muy interesante. Significaba una oportunidad. La NBA es fantástica, con gran talento y los mejores del mundo y yo creo que he tenido éxito estando siete años en ella, pese a las dificultades en los dos últimos. Sigo teniendo aspiraciones de jugar allí pero este año me he centrado en Europa”, contaba entonces. No tuvo buenas relaciones con Fotis Katsikaris: “No nos llevábamos bien. Creo que hice bien mi trabajo de ser uno de los máximos anotadores, al final nos fuimos en diferentes caminos”.

Solo estuvo dos meses en Grecia, pero poco después recibió la llamada del Unicaja. “He venido a Málaga para ganar y que el equipo tenga el mayor éxito posible (…) ¿Motivación? ¡Muchísima! Me queda aún mucho baloncesto y varios años al más alto nivel. Pasó el tren y lo cogí. Era una oportunidad. Soy un tipo afortunado, con salud y dos niños pequeños que son mi motivación. Quiero enseñarles cómo juega su padre al basket”, proclamaba.

La nandrolona en España y la posterior lesión en Turquía se interpusieron en su camino para apurar unos últimos años de parquet. Ahora ha vuelto a la universidad de Maryland dentro del equipo de asistentes del entrenador, Mark Turgeon.