John Turner: De más a menos en Zaragoza

John  Turner: De más a menos en Zaragoza

Javier Ortiz Pérez

Con el Zaragoza (Foto: Gigantes).
Con el Zaragoza (Foto: Gigantes).

Bien y mal John Turner en Zaragoza durante su año y medio allí, en el ‘principio del fin’ en la élite de lo que se viene a llamar a menudo ‘el antiguo CAI’. El pívot norteamericano completó una buena primera temporada 91-92, a pesar de que el club empezaba a tener serios problemas económicos y no podía aspirar a estar tan arriba como antaño. Renovó y, en la siguiente campaña, nuestro protagonista de hoy decepcionó a nivel deportivo y, sobre todo, disciplinario. No llegó a concluirla.

Le persiguió durante una época cierto ‘malditismo’, aunque supo enderezar su trayectoria en el momento adecuado. En 1989 fue ser expulsado por la prestigiosa universidad de Georgetown porque a su técnico, John Thompson, no le gustaban sus compañías, un conocido narcotraficante llamado Rayful Edmond, amigo suyo desde la infancia. Poco después, Turner fue sorprendido con 30 gramos de ‘crack’ encima, lo que le pudo llevar a la cárcel. Finalmente no fue así y se enroló en un centro más pequeño, Phillips University. Jugó tan bien que entró en la primera ronda del ‘draft’ (número 20) por Houston Rockets en 1991. Con ellos jugaría una temporada, aunque muy pocos minutos (8,2 de promedio en 42 partidos, 2,8 puntos y 1,9 rebotes). Llegó a un acuerdo para marcharse en septiembre de 1992, justo antes de fichar por el Club Baloncesto Zaragoza.

No era un jugador excesivamente habilidoso en ataque, aunque sí muy fuerte y duro bajo los tableros, con un potente tren inferior. En aquel primer año a orillas del Ebro sus números no fueron de relumbrón (10,7 puntos y 7 rebotes), pero dejó la impronta de ser un jugador rentable y profesional. En el segundo, todo se fue a pique: ocho derrotas consecutivas en los meses de noviembre y diciembre, cambio de entrenador (fuera José Luis Oliete y dentro Herb Brown) y problemas con los americanos. Eso incluyó a Turner, cuyo contrato fue rescindido en Navidad después de viajar sin permiso por segunda vez a Estados Unidos.

Después se hizo un jugador prácticamente fijo en Italia: desde 1993 a 2003, con un único paréntesis para sacarse unos dólares en Nueva Zelanda en 1998. Y jugando en equipos de grandes plazas como Siena, Livorno, Roma o Nápoles. Tuvo temporadas realmente buenas, como la propia 93-94, cuando salió de Zaragoza para acabar en Fabriano, con marcas de 21,4 puntos y 10,4 rebotes.

El día del ‘draft’.
El día del ‘draft’.

“Recuerdo con mucho cariño España. Fue una experiencia maravillosa”, cuenta hoy, con cierta memoria selectiva, desde Waldorf, en el estado de Maryland (él es de la cercana capital, Washington DC). Vive allí con su esposa y sus dos hijos y trabaja entrenando a niños en baloncesto. “La comida fue estupenda y la gente estuvo muy agradable conmigo. Me encantaría volver algún día”, añade. Tiene además un recuerdo especial para los aficionados zaragozanos: “Hace mucho que no voy allí, pero estoy seguro de que siguen siendo muy buenos”.

En la actualidad.
En la actualidad.