Juan Ramón Marrero: Reservado pero significativo canario

Juan Ramón Marrero: Reservado pero significativo canario

Javier Ortiz Pérez

En el BBV Villalba.
En el BBV Villalba.

Ha costado un poco, pero ya tenemos aquí el perfil de Juan Ramón Marrero incluyendo algunas declaraciones suyas. “No soy tímido, sino reservado”, afirma el actual coordinador deportivo e institucional del Herbalife Gran Canaria. No le gusta demasiado hablar de sí mismo, pero parece un tipo agradable que se empieza disculpando por haber postergado durante varios meses la entrevista.

En la cancha era un jugador de esos que gustan a hinchada y compañeros: ayudaba en todo sin ser un gran especialista en nada. Defendía con intensidad, tenía buena mano y, sobre todo, mucho carácter competitivo. Durante algunos años fue la ‘bandera’ del Collado Villalba bajo sus distintas denominaciones (Bancobao, BBV, Atlético de Madrid) y después se dio el gustazo de cerrar su carrera en el equipo de su ciudad, Las Palmas de Gran Canaria. Es de Tafira, un barrio bien situado.

A la capital de España había llegado con apenas 16 años y permanecería en ella una década. “Al principio jugaba al fútbol, pero luego ya lo compaginé con el baloncesto. Clifford Luyk, que por entonces llevaba el juvenil del Real Madrid, me ofreció la posibilidad de fichar por el club y acepté”, cuenta este rubio escolta de 1,92.

Tras dos años en el Madrid, compartiendo pensión con otros becados, llegó al Inmobanco, que era prácticamente su filial, y consiguió un puesto en el Mundial junior de Palma de Mallorca en 1983, justo el año en el que se incorporó al primer proyecto fallido de la sección de baloncesto del Atlético, en Primera B.  Sin embargo, él seguía a su nivel, que siguió acreditando desde 1984 en Villalba. Seis campañas permaneció en el equipo de la sierra, cuatro en ACB y dos en Primera B, llegando incluso a la internacionalidad absoluta en ocho ocasiones (“aquello fue un gran orgullo para mí, sin duda”).

Con el Gran Canaria.
Con el Gran Canaria.

“Justamente fueron unos años en los que se pasaba de ser ‘amateur compensado’ a profesional. Aquello se llamó ‘el boom del baloncesto. Fue una época excepcional para mí, tanto en lo deportivo como por conocer a mucha gente. Estoy contento con haber podido jugar tantos años arriba. Disfruté mucho”, apunta. En Villalba llegó probablemente su momento culminante y eso que por entonces se permitía el lujo de simultanear el basket con unos estudios de Derecho que acabaría culminando.

¿Cómo se veía jugador? A ver si conseguimos una respuesta sin que le salga el introvertido: “Casi preferiría que eso lo dijesen otras personas, otros compañeros, que he tenido bastantes. Creo que intentaba ser un jugador de equipo, que hiciese mejor a mis compañeros. Tenía un tiro aceptable y entendía bien el juego”.

En 1990 regresó a su isla para intentar devolverla a la ACB, algo que conseguiría un año después, aunque esa etapa arriba de los amarillos solo duraría un año. Sus números totales en la élite fueron 182 partidos, con 8,5 puntos en 27 minutos.

Aunque con pequeños paréntesis en Granada y Fuerteventura, en el ‘GranCa’ continuaría ya hasta nuestros días, en distintos puestos dentro del club. “He estado ya bajo el mando de cinco presidentes”, apunta. El actual es Miguelo Betancourt, que llegó a arbitrarle. “Me pitó muchas veces, sí, pero nunca ninguna técnica”, bromea.

Representando al Herbalife Gran Canaria en un sorteo copero.
Representando al Herbalife Gran Canaria en un sorteo copero.