‘Charly’ López Rodríguez: Un ‘triple’ a la esclerosis

‘Charly’ López Rodríguez: Un ‘triple’ a la esclerosis

Javier Ortiz Pérez

Presentación con el Joventut.
Presentación con el Joventut.

En el 2016 se cumplirán diez años desde que a ‘Charly’ López Rodríguez se le detectó una esclerosis múltiple contra la que lucha desde entonces. Estamos hablando de uno de los primeros jugadores españoles que le sacó partido auténtico a la línea de triples, establecida en el basket FIBA en 1984. Nuestro protagonista de hoy, que ya era un consumado tirador, se especializó en hacerle daño al rival sumando de tres en tres. Ahora tiene un reto mucho más grande que está llevando con entereza.

Se llama Juan Carlos, pero todo el mundo en el baloncesto le conoce como ‘Charly’. Un tipo muy querido tras su paso por Estudiantes, Joventut, CAI Zaragoza, Huesca y Gijón. 113 partidos solo contado los de la ‘era ACB’ (a partir de 1983) con 13,7 puntos en 28 minutos.

“Muchos ex compañeros”, apunta, le han apoyado en una enfermedad degenerativa que no ha encontrado todavía una cura. El sistema nervioso central se ve dañado, con todo lo que ello conlleva. La sufren millones de personas en el mundo y muchas de no lo saben. Tiene que pasar muchas horas en el gimnasio para que su organismo no se resienta de más. Su movilidad todavía es bastante amplia.

“Es una lata, pero es algo que hay que asumir porque es lo que me ha venido. No se puede decir que yo esté ganándole a esto, pero progreso adecuadamente. No hay nada para recuperarme en realidad. Solo mucha rehabilitación. Cada día es diferente. Unos mejor y otros peor”, afirmaba hace un par de años en una entrevista para ‘Gigantes del Basket’.

Resultó llamativo que me contase que el basket le está ayudando en su pelea diaria. “Tengo que dar las gracias porque en estos años me ha ido bastante bien, a pesar de que es una enfermedad bastante complicada. Por lo que me cuentan, mis músculos ‘se acuerdan’ de la época en la que jugaba. Estoy en forma”, añadía. Hablaba con cierta lentitud, pero se le entendía perfectamente y no ha perdido memoria de su época triplista. “La primera temporada en la que se puso la línea quedé segundo en triples anotados por detrás de Craig Dykema, pero en la siguiente, la 85-86, por fin pude ganarlo”, cuenta. Lo hizo ‘enchufando’ con el Peñas Huesca 3,0 por partido, una cifra muy alta teniendo en cuenta que no era un recurso táctico tan habitual como ahora.

Entrando a canasta con el CAI.
Entrando a canasta con el CAI.

Su ‘encasillamiento’ como lanzador lejano estaba hecho: “Yo creo que la gente estaba deseosa de que yo tirase. Me lo pedían. Pero también creo que a los entrenadores les molestaba un poco. No se pintaban tantas jugadas para el triple, no como en el baloncesto actual. A mí me daba un poco igual. Incluso desde antes de la línea me había acostumbrado a tirar muy de lejos. Y está claro que la nueva norma me vino fenomenal. Era rápido y saltaba bastante”.

Sí, sí que brincaba bastante. Antes de dedicarse profesionalmente al baloncesto, lo hizo con el atletismo, y llegó a superar los siete metros en salto de longitud. Su entrenador era Rafael Blanquer, el mismo que el del desaparecido Yago Lamela.

En su carrera hay un momento culminante que no caerá en el olvido nunca: en la última posesión de la final de Copa de 1983 ante el Barcelona anotó una bandeja que aseguró el título al CAI Zaragoza. El nombre propio que se asocia a aquella noche en la capital del Ebro es el de Kevin Magee, pero sin el acierto de nuestro hombre quizás el desenlace hubiera sido otro. “Me tocó a mí resolver, jugarme el todo por el todo. Vi que se venían encima tres ‘cosas negras’ que eran Mike Davis, Marcellous Starks y Chicho Sibilio, pero anoté. Fue una locura porque quedaba muy poco tiempo ya”, destacaba.

Otro ‘highlight’ se produjo cuando, siendo muy joven (temporada 74-75) unos tiros libres suyos con el reloj a cero ante el Manresa certificaron la permanencia del Estudiantes, con el que unos años después (80-81) sería subcampeón liguero. Por cierto que para ‘la Demencia’, siempre osada con los motes, fue ‘Sapo’. Él creció en las canchas del Ramiro de Maeztu (luego se licenciaría en Ciencias Políticas). En uno de esos sarcasmos del destino, fue en el pabellón Antonio Magariños donde sufriría posteriormente una rotura de ligamento lateral interno, jugando para el Magia de Huesca un choque con John Pinone.

Lanzando con el Magia de Huesca.
Lanzando con el Magia de Huesca.

Disfrutaba recordando el pasado (llegó a ser nueve veces internacional absoluto, aunque no disputaría ningún gran torneo), pero es en el futuro donde tiene la batalla más difícil. Actualmente vive en León (nació en la pequeña localidad de Piedrafita de Babia), adonde regresó para regentar un negocio familiar relacionado con el turismo rural.

Imagen actual.
Imagen actual.