Juanma Rodríguez: Genuino grancanario (al volante)

Juanma Rodríguez: Genuino grancanario (al volante)

Javier Ortiz Pérez

Penetrando a canasta contra el Fuenlabrada.
Penetrando a canasta contra el Fuenlabrada.

Pocos jugadores expresan tan bien la identificación con el actualmente denominado Herbalife Gran Canaria como Juanma Rodríguez. No, no fue una estrella, pero sí un hombre íntegramente formado en la cantera del club amarillo, a cuyo primer equipo echó una mano durante varias temporadas en momentos concretos de los partidos y, sobre todo, dando nivel a los entrenamientos.

Rodríguez, por descontado, es de Las Palmas de Gran Canaria. “Desde muy pequeño, creo que desde prebenjamín, todos mis recuerdos de baloncesto son con el ‘GranCa’”, asegura. Es fácil imaginarle disfrutando y sufriendo con las cosas del club, que en los 80 y principios de los 90 no se caracterizaba por la estabilidad actual, sino por ser un poco ‘ascensor’, subiendo y bajando con facilidad de ACB a Primera B y viceversa.

El gran momento llegó en la temporada 97-98, cuando pudo debutar con su Gran Canaria en la tercera jornada. Fueron 3:20 en una dura derrota ante el Caja Cantabria (104-84). Pese a todo, lo considera “cumplir un sueño que tenía desde niño”. Aquella campaña vio la pista cinco veces más y seis más la siguiente. La de mayor protagonismo fue la 99-2000, con 30 encuentros y casi diez minutos de promedio. “Está claro que yo ahí era el especialista defensivo, el que salía para defender un rato a la estrella del juego exterior del rival. Y estaba contento, desde luego”, asume.

Buscó más minutos en la LEB en la 2000-01 en Huelva y los encontró, volviendo al Gran Canaria en la siguiente, pero su papel volvió a estar en segunda fila. Cerraba así 63 partidos ACB con 1,4 puntos y 1,3 rebotes en 9 minutos de promedio. Solamente una vez alcanzó en todos ellos la decena de puntos.

Con su camión, en su vida actual.
Con su camión, en su vida actual.

Volvió a asomarse a la penínsular en Melilla 2002-03, pero su mejor momento tendría que esperar a la 2003-04 con Bilbao Basket, siendo partícipe del ascenso. “Fui mejorando como jugador y ya aportaba más cosas”, dice con satisfacción. Sin embargo, aquella fue también la temporada de su primera lesión grave, en el menisco.

Se consolidó como un valor fijo en la LEB en equipos como Cantabria, Hospitalet y de nuevo Melilla, donde le sobrevino otro problema físico que le hizo regresar a Canarias en 2007. Se despidió del basket en la 2007-08 en EBA con el Vecindario, pero ya tenía las miras puestas en una nueva etapa de su vida: la de participar en la empresa familiar de transporte.

“He tenido suerte. Aquí estamos, intentando aguantar la crisis”, dice. Está muchas horas al volante de un camión, llevando contenedores arriba y abajo en la isla después de recogerlos en el gigantesco puerto de Las Palmas. “Tal y como está la cosa, hay que multiplicarse”, destaca. Apenas tiene tiempo para echar una ‘pachanga’ y una cerveza con los ex compañeros. “He cogido algunos kilitos”, reconoce. Bueno, también se pone bien ancho cuando recuerda que contribuyó modestamente a que el club de su vida creciese y creciese…