Dejan Bodiroga: Asombroso látigo

Dejan Bodiroga: Asombroso látigo

Javier Ortiz Pérez

Sesión fotográfica con el Real Madrid.
Sesión fotográfica con el Real Madrid.

Si de los últimos 25 años de baloncesto mundial hiciésemos una encuesta sobre el mejor ‘jugador FIBA’ que no ha pisado la NBA, a todos prácticamente nos saldría un nombre: Dejan Bodiroga.  Se supone que este mágico serbio de 2,05 no fue a América porque no quiso, porque han sido innumerables los profesionales (mejores y peores) que antes y después de su ‘reinado europeo’ han acabado probando suerte. Y muchos de ellos, triunfando.

Bodiroga no. Prefirió jugar en ligas como la española siendo siempre algo más que importante para sus equipos. Fue el centro absoluto del juego por motivos que se escapan a lo meramente baloncestístico. Las cualidades que le adornaban iban desde una asombrosa polivalencia (podía jugar sin dificultades en cuatro de las cinco posiciones con sus 2,05) hasta un control total de los minutos decisivos, en los que tomaba un altísimo porcentaje de decisiones acertadas. Sin ser un jugador egoísta, sobre todo en la parte final de su trayectoria, no había sistemas para él cuando cogía la bola y encaraba el aro, bien para lanzar o bien para doblarla, dos artes que manejaba a la perfección. Casi siempre acababa bien aquello.

Pertenece a ese escaso grupo de jugadores que dejó una acción propia, peculiar, que perdurará con el tiempo, aunque sea imposible imitarla, como el ‘sky hook’ de Kareem Abdul-Jabbar. Se trataba de ‘el látigo’, un extraño bote cambiándose el balón de mano en penetración que dejaba patidifuso a su defensor. Merece la pena ver un minuto con la recopilación de varias de estas jugadas: por mucho que supieras que te la podía hacer, te la hacía. El ‘scouting’ aquí quedaba inservible.

Campeón del mundo en el 2002 con Yugoslavia.
Campeón del mundo en el 2002 con Yugoslavia.

Esto, claro, se reflejó en títulos, por encima de todo. El palmarés resulta irresistible: seis ligas (tres de Grecia, dos de España y una de Italia), dos Copas (España e Italia), tres Euroligas (dos con Panathinaikos y una con Barcelona), una Recopa (con Real Madrid), dos oros mundiales, tres europeos y una plata olímpica. Todo eso además de una amplia nómina de reconocimientos individuales que, a buen seguro, le importaban bastante poco comparados con los colectivos.

Sobre por qué no fue a la NBA habría que buscarle los defectos, aparte de su propia elección. Solía decirse que no era un gran defensor, aunque sí tiraba de inteligencia y de envergadura para no ser rebasado fácilmente. Y también que no hubiese aguantado bien el ritmo de los americanos, siendo él un tipo en la cancha más bien pausado, cerebral. Esta última hipótesis casi levanta la risa. La inteligencia siempre vence, vaya donde vaya. Como sucedió en algunos partidos internacionales entre Yugoslavia y Estados Unidos, particularmente el del Mundial de Indianápolis en el 2002, estamos hablando de alguien capaz de adecuar la velocidad de los encuentros a la que mejor requería su cabeza. Y tampoco era alérgico a correr, que conste.

¿Cuál es su historia? Se suele afirmar, sorprendentemente, que empezó jugando al baloncesto demasiado tarde, con 13 años. Apenas cuatro después ya era profesional con el Zadar. El hundimiento de la antigua Yugoslavia estimuló su marcha sin apenas haber cumplido todavía los 20, en 1992. En principio iba a producirse a Grecia, pero se negó a nacionalizarse y acabó en Trieste, que le dio plaza de extranjero pese a su enorme juventud.

Dos veces campeón de Europa en el Panathinaikos.
Dos veces campeón de Europa en el Panathinaikos.

En Milán permanecería hasta 1996, con una elección en la segunda ronda del ‘draft’ por los Sacramento Kings (número 51) un año antes. Revisar la lista y ver la cantidad de jugadores que no fueron absolutamente nada y que terminaron delante de él es para echarse a llorar.

El chico acabó en Madrid, a las órdenes de Zeljko Obradovic y en un equipo con bastantes estrellas que pretendía recuperar la corona nacional y continental, huérfano tras la marcha de Arvydas Sabonis a Portland. Aquello, la verdad, no salió bien. Bodiroga lució a nivel individual durante dos años, pero no pareció del todo metido en el ‘ecosistema’ blanco. La mencionada Recopa fue su única cosecha, transmitiéndose a menudo que no conseguía compartir el balón del todo bien con Alberto Herreros y Joe Arlauckas.

Quizás fueron los peores momentos de toda su trayectoria. El Panathinaikos le acogió en 1998 y fue una de las mejores decisiones de su historia. El Barcelona, decidido a ganar por fin su primera Euroliga, apostó fuerte por él en el 2002 y obtuvo un rédito instantáneo: ‘triplete’ liderado por aquel tipo que siempre parecía estar tranquilo, por mucho que el marcador apremiase. La madurez total.

Cuando se cumplieron diez años de la hazaña en la máxima competición continental, el diario Ara le entrevistó. “Hicimos feliz a mucha gente. Los aficionados hacía muchos años que estaban esperando el máximo título europeo, y lo vivieron con mucha pasión, pero la temporada no fue muy fácil ya que teníamos mucha presión, y además la Final Four se jugaba en el Palau Sant Jordi, pero terminó bien y logramos conseguir un triunfo histórico”, comentó.

Triplete’ en el 2003 en Barcelona.
Triplete’ en el 2003 en Barcelona.

Para él, la clave fue “fue la suma de muchos factores, el club estaba muy bien organizado. El equipo de fútbol no iba muy bien y los aficionados se desvivieron por el equipo de basket. La química entre el entrenador y los jugadores también fue muy buena”. No pasa por alto su conexión con su compatriota Svetislav Pesic: “es muy exigente y trabajador. Nos permitió conseguir cosas increíbles, y pese a no tener mucho banquillo nos supo sacar un muy buen rendimiento”.

Hubo dos temporadas más en España, la primera más bien exitosa (aunque un inexplicable bajón en el ‘top 16’ le privó aspirar a otra Euroliga) y la segunda bastante triste, en la que pareció acabar bastante desconectado y el equipo no ganó nada. Acababan así 202 partidos ACB con unos promedios de 16,9 puntos (sin haber llegado nunca a los 30), 4,8 rebotes y 2,5 asistencias en 31 minutos.

Le dio tiempo para seguir disfrutando dos temporadas más en Roma, al lado de Pesic, por cierto. Y desde el 2007, cuando colgó las botas, estamos huérfanos de él, porque no ha salido un jugador similar ni parece que volverá a salir. Ahora, con algún kilo de más y una barba que no había lucido en su época de jugador, todavía podemos verle en algunos campeonatos representando a la federación serbia.

“He pasado 15 años de felicidad y me he divertido muchísimo. He jugado y he ganado haciendo lo que más amo, el baloncesto”. Pues sí, dejan. Y nosotros nos divertimos muchísimo viéndote jugar…”

Imagen reciente.
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