Víctor Alemany: Polivalencia sin minutos

Víctor Alemany: Polivalencia sin minutos

Javier Ortiz Pérez

Con el Cornellá.
Con el Cornellá.

Víctor Alemany fue durante una época (principios de los 90) una gran promesa del baloncesto nacional. Internacional en categorías inferiores, entrenaba y jugaba algún minuto con el primer equipo del Barcelona y se mostraba emergente en su filial, el Cornellá. Podía jugar de ‘3’ y ‘4’ sin apenas diferencia gracias a sus 2,06 con buena movilidad y tiro a media distancia. Pero… Siempre hay un pero, ¿verdad?

Ocurrió en la temporada 95-96. Estaba cedido en el Cáceres cuando tuvo que parar de jugar casi un año por una fractura de tibia por estrés. “Llevaba varios veranos sin parar y al final lo terminé pagando. Eso frenó mi progresión”, apunta hoy en día. Le queda un regusto amargo del baloncesto. “Es que acabé muy quemado. Lo sigo, pero ya no es el fanatismo de antes. Pero quizás algún día entrene a niños”, aventura.

Alemany lamenta que no consiguiese protagonismo a alto nivel. “En el Barça estaba para darle calidad a los entrenamientos. Era muy difícil competir con gente en mi puesto como Andrés Jiménez. En Cáceres, la lesión frenó mi trayectoria, pero conseguiría recuperarme y volver al primer equipo del Barcelona. Y en Manresa también tuve un año horrible porque echaron a Manel Comas, que era quien confiaba en mí”, analiza. Solamente totalizó 51 partidos ACB (en seis temporadas distintas) con promedios de 2,3 puntos y 1,2 rebotes en 7 minutos… “Desde luego, donde mejor me encontré fue en Portugal (Aveiro 98-99). Obviamente era una liga de menor nivel, pero al menos jugué”, añade.

Cromo en el Cáceres 95-96.
Cromo en el Cáceres 95-96.

Es de Torelló, una pequeña localidad cercana a Vic. Es curioso lo que cuenta de su salto al Barça. “Tenía doce años y un ojeador del Joventut me vio. Incluso vino Miquel Nolis, que aprobó que me fichasen, pero el club decidió no becar a nadie aquel año, así es que enseguida me llamó el Barcelona y me llevaron a ‘La Masía’, donde estuve conviviendo con gente como Pep Guardiola. Fue una época muy especial. Era difícil siendo tan joven salir de casa, aunque solamente estaba a una hora y cada vez que había algún problema mis padres podían venir a verme rápidamente”.

Como jugador se analiza como “un comodín, ocupando el puesto de alero o de pívot dependiendo de las características del otro equipo. Me tenía que aprender los sistemas para el ‘3’ y para el ‘4’”. En su etapa final se convirtió en un jugador de EBA, categoría en la que estuvo, con algún paréntesis, entre el 2000 y el 2008. Lo hizo en Vic un año, pero sobre todo en equipos aragoneses, como el Monzón, el Stadium Casablanca y el UGT. Guarda un muy buen recuerdo del ascenso a Plata con el histórico Huesca la Magia en el 2005. 

Y es que se quedó a vivir en Zaragoza, de donde es su mujer, con la que, por cierto, tiene mellizos. Sacó adelante una oposición (“estuve cuatro años preparándola, muy absorbido por ello”) y ejerce como oficial de mantenimiento en un colegio público.

Imagen reciente.
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