Antoine Rigaudeau: ‘Le Roi’ en ‘La Fonteta’

Antoine Rigaudeau: ‘Le Roi’ en ‘La Fonteta’

Javier Ortiz Pérez

Dominante en Bolonia.
Dominante en Bolonia.

Seguramente hablemos hoy del mejor jugador de la historia de Francia antes de que surgiese Tony Parker. Es Antoine Rigaudeau, que pasó la parte final de su exitosa carrera en el Pamesa Valencia. No era raro que fuese conocido internacionalmente como ‘Le Roi’, es decir, ‘El Rey’.

Elegante y competitivo a partes iguales, fue la bandera del baloncesto galo durante más de una década, alternando sabiamente las posiciones de escolta y base con sus 2,00 de estatura. Conceptuado como ‘niño prodigio’, debutó en el equipo de su ciudad, Cholet, en la máxima categoría con apenas 16 años, en 1987. Ocho años después subió un escalón en el Pau Orthez (1995-97). La apertura de fronteras comunitarias justo en aquella época le convirtió en una pieza decisiva y codiciadísima.

Su cima, claro, la alcanzó en la Virtus de Bolonia (denominada Kinder por entonces). Formó parte fundamental de un equipo por el que pasaron una nómina de jugadores increíble: Marko Jaric, Manu Ginobili, Matjaz Smodis, Predrag Danilovic, Rasho Nesterovic, Rashard Griffith, David Andersen… Dos Euroligas fueron los momentos culminantes de aquel proyecto que después se deshilachó.

Rigaudeau era un valor seguro dentro de aquel ecosistema, al tiempo que empezaba a hacerle ojitos a la NBA, como no podía ser de otra manera. Disputó un par de ligas de verano hasta que cumplió su gran sueño mediada la campaña 2002-03. Ya con 31 años, los Dallas Mavericks le vieron en acción durante 11 partidos, pero, con su juego quizás demasiado pausado, la aportación que acreditó fue escasísima y, tras ser traspasado a los Warriors, regresó a Europa sin debutar en la bahía de Oakland.

Once partidos en la NBA con Dallas.
Once partidos en la NBA con Dallas.

¿A dónde mejor que a Valencia? Aquel Pamesa era un equipo emergente, con muchas ambiciones, que acababa de ganar la Eurocup. Él parecía la guinda. Pero la cosa no terminó de ir bien: aunque en la primera campaña su rendimiento individual fue positivo, en la segunda arrastró demasiados problemas en un tobillo y solamente pudo disputar 10 encuentros. Lo peor fue que el equipo fue quinto y noveno, respectivamente. No meterse en ‘playoffs’ en la 2004-05 fue una herida que sangró bastante tiempo en ‘La Fonteta’.

Sin embargo, Rigaudeau seguía siendo un jugador apetecible y el club ejecutó su cláusula de renovación automática. Pero él quería cambiar de aires. La situación se enquistó hasta tal punto que el jugador decidió dejar el baloncesto y el Pamesa le demandó por incumplimiento… Fue un amargo final a 49 encuentros ACB con buenos promedios de 13,8 puntos (41% en triples) y 2 asistencias en 28 minutos. Las relaciones se recompusieron con el tiempo y este mismo año ha sido visto en algún entrenamiento del Valencia Basket saludando a los empleados y, se supone, tomando nota del funcionamiento interno de un gran club. Siempre se ha declarado un gran admirador del baloncesto español. Y viceversa: firmó muchos autógrafos cuando estuvo en la Copa del 2009.

Párrafo aparte merece su papel en la selección, desde la plata de Sydney-2000 al bronce del Europeo de 2005 en Belgrado. Aquella cita en Serbia le dejó también un poso  terrible: junto a Boris Diaw, cometió varios errores decisivos en la semifinal frente a Grecia que le hicieron perder seis puntos de ventaja en el último minuto. La ‘paliza’ a España en el tercer y cuarto puesto fue su última vivencia en las canchas.

Acrobático lanzamiento en Valencia.
Acrobático lanzamiento en Valencia.

¿Qué ha hecho después? La verdad es que había desaparecido de la primera línea hasta hace muy poco, cuando se ha anunciado que tendrá que su primera experiencia en el banquillo en el París Levallois, un club que pretende ser fuerte en la capital francesa en el que ya fue director general, accionista y vicepresidente (2006-08). En algunas ocasiones se ha hablado de él como seleccionador galo, pero finalmente su candidatura ha sido rechazada por su falta de experiencia entrenando. Quizás sea lo que busque ahora: adquirirla. “No acepto el puesto por un capricho. Quiero transmitir cosas y hay jugadores bajo contrato con los que podemos trabajar de cara al futuro. Ya sé que la profesión de entrenador es arriesgada, pero es así para cualquier persona y en cualquier lugar. Pero me gustan los retos y quiero salir adelante. Podemos hacer algo bueno”, ha comentado en ‘Le Parisien’.

Imagen reciente.
Imagen reciente.