Thomas Jordan: Rarísimo, pero buenísimo

Thomas Jordan: Rarísimo, pero buenísimo

Javier Ortiz Pérez

Granollers 92-93.
Granollers 92-93.

Uno de los mejores americanos llegados a España en la década de los 90… y también uno de los más problemáticos. Thomas Jordan fue sembrando canastones y tensiones quizás a partes iguales en los cinco clubs en los que jugó: Granollers (92-93), Zaragoza (93-94), Baskonia (96-97), Cantabria (97-98) y Valladolid (99-2000). En total, 112 encuentros con 15,3 puntos y  7,5 rebotes en 33 minutos en pista.

Las estadísticas, aunque buenas, no terminan de hacer justicia a su calidad sobre a la cancha. Con un físico tremendo (2,08, fibroso pero fuerte), era también rápido y lucía muy buenos fundamentos. Allá donde estuvo cumplió sobre la pista… y fue un ‘bicho raro’ fuera de ella. No es casualidad que en 15 años apenas repitiese temporada en alguno de ellos. Era muy bueno, sí, pero, aseguran, también insoportable.

Hacía la guerra por su cuenta, sobre todo en los viajes, en los que solía rehuir, salvo alguna excepción, el contacto con los jugadores nacionales e incluso con sus compatriotas si no eran afroamericanos. En el Phillips de Milán se las tuvo tiesas con Sasha Djordjevic, en Argentina dejó tirados a más de un equipo a mitad de temporada (en una de ellas alegó que tenía que donarle parte de la médula a un hermano suyo), en la NBA solo jugó cuatro partidos en la 92-93 con los Sixers, pese a su gran facilidad para hacerlo todo sobre una pista...

Aquella experiencia en Philadelphia fue llamativa. Había terminado la temporada en España con el Granollers y los Sixers quisieron verle en acción en los últimos partidos de la liga regular. Pues bien, en su debut, en la pista de los todopoderosos Bulls de Jordan, no tuvo inconveniente en hacer 11 tiros. Y el día siguiente, en casa frente a Miami, otros 17. Promedió 11 puntos y 4,8 rebotes en 26,5 minutos, pero no consiguió el contrato garantizado para la siguiente temporada que buscaba.

Una lástima, ¿verdad? Bueno, al menos de su juego sí se pudo disfrutar en España, y bastante. Se dio a conocer en Granollers, en Zaragoza y Vitoria tuvo contratos temporales y en Valladolid ya acabaron hasta el gorro de sus cosas, siendo sustituido por un John Williams mucho más moldeable. Quizás su mejor año fuese del Cantabria, contribuyendo de forma decisiva a la permanencia con partidos como el que protagonizó en Granada (34 puntos, su tope aquí).

Valladolid 99-2000.
Valladolid 99-2000.

Salido de las calles de Baltimore, se intuye en él una infancia y juventud complicadas. Por no tener las notas mínimas no pudo jugar en su primer año de universidad en Oklahoma State, que abandonó tras el segundo para ser profesional por falta de entendimiento con el resto del equipo. Sorpresón.

Era 1988 y empezó entonces un larguísimo carrusel que duró hasta el 2003 y que incluyó países como Turquía, Italia, Argentina, Grecia y finalmente Letonia con el Skonto. Lo curioso es que no dejaba de jugar prácticamente, aprovechando el verano para acudir a ligas como la puertorriqueña. Y eso que, llegó a asegurar en una entrevista, el baloncesto no le gustaba.

¿Dónde anda? Francamente, no se encuentra ni rastro de su vida actual en internet. Pero su historia era lo suficientemente interesante como para contarla sin, como suele ser habitual aquí, narrar su ‘última hora’.