Francisco Gómez: El defensor diabético

Francisco Gómez: El defensor diabético

Javier Ortiz Pérez

Ferrys Lliria 92-93.
Ferrys Lliria 92-93.

Francisco Gómez, un alero andaluz de 1,97 conceptuado como especialista defensivo, nos explica en primera persona su carrera y su vida actual. Siempre quedará en el ‘roster’ que consiguió el ascenso con el Elosúa León en 1990. Su carrera había arrancado en su localidad natal, Dos Hermanas, y siguió en el junior del Real Madrid, llegando a la internacionalidad en categorías inferiores. Ahora entrena, aparte de trabajar en un proyecto de hondo calado social. A ver qué nos cuenta, pero ya adelanto que lo más llamativo es que pudo jugar a alto nivel pese a ser diabético, un trastorno muy delicado de controlar. Salvando las distancias, es nuestro Adam Morrison, ¿verdad?

“Ser jugador profesional me permitió cumplir muchos de los sueños que tiene un niño cuando empieza a jugar al baloncesto. Gracias a él he conocido a mi mujer y a personas entrañables y maravillosas que de una forma u otra han influido en mí notablemente. Seguro que me olvido de muchos, pero Raimundo Gorgojo, José Luis Guerrero, Willy Villar, Tirso Lorente, Ramón Fernández, Joaquín,  Carlos Morais, Pepe Estrada, Chechu, Alfonso García Seijas, la familia Conejero en Plasencia, Charo y Fran, en Motril, Ronnie Grandison, etc. entre otros, fueron y son muy importantes para mí.

¿Cómo empecé? Mi hermano, tres años mayor que yo, empezó a jugar en el club de nuestra localidad, y cuando llegaba a casa me enseñaba  lo que había aprendido. Me gustó y decidí inscribirme a baloncesto como actividad extraescolar. De ahí a las categorías de formación del Club Dos Hermanas de Baloncesto y al poco tiempo, el Real Madrid Juvenil fue a Sevilla a realizar una gira en Semana Santa y jugué contra ellos. Juan Jurado, un entrenador del club, me animó a ir a hacer las pruebas del Real Madrid y ahí di el salto al baloncesto “profesional”.

Llegar a la cantera del Real Madrid supuso un cambio total: estar cerca de jugadores que tan sólo podías ver por televisión, competir al máximo nivel, ser campeón de España, llegar a la selección española Junior y jugar el Torneo de Mannheim… Todo ello en mi primer año. Fue algo increíble.

Ahora, como entrenador.
Ahora, como entrenador.

El segundo comenzó de una manera muy diferente, ya que me diagnosticaron diabetes, con todo lo que eso acarrea. El club quiso prescindir de mí en octubre, pero Tirso Lorente hizo que me quedara toda la temporada. Esto fue muy importante para mí, ya que entonces decidí que mi enfermedad no iba a condicionarme. Al finalizar la temporada, se estimó conveniente no seguir contando conmigo.

Ese mismo año, tras estar haciendo la pretemporada con el Caja San Fernando, me llamaron del Elosúa León para sustituir a un lesionado.  Allí me dieron la oportunidad de demostrar que mi enfermedad no era impedimento para hacer aquello que más me gustaba: jugar a baloncesto. Fueron cuatro años maravillosos en los que crecí como jugador, pero fundamentalmente como persona.

El ascenso a la ACB supuso la recompensa a mucho trabajo por parte del club, directivos, equipo técnico, jugadores y personas cercana, y de la consecución de un sueño para la afición leonesa, de la cual guardo un recuerdo extraordinario. Posiblemente fue uno de los mejores momentos de mi carrera deportiva, sobre todo porque verte jugando para ascender con toda la afición leonesa volcada con el equipo fue algo muy emotivo y gratificante. Para mí, personalmente supuso alcanzar algo a base de trabajo y de esfuerzo, peleando contra la idea de que siendo diabético no puedes jugar ni rendir al máximo nivel.

Después ha habido momentos muy buenos a nivel deportivo en todos los equipos en los que he jugado, como por ejemplo el ascenso a ACB con el Trébol Gijón Baloncesto jugando la fase de ascenso ante nuestra afición fue una experiencia inolvidable, aunque lamentablemente no continuara en el club al año siguiente. El resto de los años, aunque estuve jugando a otro nivel, no dejaron de ser buenos y positivos, en todos disfruté del baloncesto y, sobre todo, de compañeros entrañables.

Cuando comencé era un jugador eminentemente defensivo. Aunque en ataque también aportaba, no destacaba. Para eso había compañeros mucho mejores que yo en ataque. Lo mío era “pelearme” con los aleros del equipo contrario. Poco a poco fui adquiriendo un rol de jugador más ofensivo, fruto de la experiencia y de las necesidades del equipo. Al final de mi carrera deportiva era un jugador mucho más completo, que seguía siendo buen defensor y que podía ser referente en ataque.

Actualmente trabajo en el Programa Dos Hermanas Divertida, de la  Delegación de Juventud del Ayuntamiento de Dos Hermanas. Se centra en la prevención de adicciones en los/as jóvenes, dándoles herramientas para que ellos/as desarrollen una actitud crítica ante éstas y adquieran hábitos de vida saludables, motivándoles y despertando en ellos el interés por la formación para luchar contra el riesgo de exclusión social.

A nivel deportivo soy entrenador superior de baloncesto, y llevo más de 15 años entrenando a equipos de diferentes categorías, casi siempre en formación, tanto masculinos como femeninos. Desde hace seis años lo hago en el Club Baloncesto Utrera, y el año pasado nos encargaron a mí y a un compañero, Juanma Muñoz, llevar el equipo senior de Primera Nacional, logrando el ascenso a Liga EBA al quedar tercero en la fase final”.