Berni Tamames: Un policía adicto al basket

Berni Tamames: Un policía adicto al basket

Javier Ortiz Pérez

En el Gran Canaria.
En el Gran Canaria.

Berni Tamames fue noticia recientemente por su regreso a las pistas a los 41 años con el Pardinyes, de Liga EBA. Había dejado el basket profesional en el 2007 en su ciudad, Lleida, jugando en LEB. En realidad, esta última aventura ha sido para quitarse ‘el gusanillo’, ya que desde hace unos años su vida profesional va encauzada a lo mismo que otros ex jugadores: defender la ley y el orden. Es policía local (o guardia urbano, como lo llaman allí) en la capital ilerdense, quizás el más alto de España con sus 2,06.

Tras 13 años en la ACB y 300 partidos repartidos entre Barcelona, Andorra, Gran Canaria, Caja San Fernando y Lleida, fue su salida laboral. No dejaba de ser un ‘jornalero’ de las pistas (3,8 puntos y 2,5 rebotes en 12 minutos de promedio en la élite). Y cuando eso pasa, no se gana tanto dinero como para jubilarse el día en el que el balón deja de volar.

Con el Caprabo Lleida.
Con el Caprabo Lleida.

“Acabar trabajando en esto es algo que no me había planteado, la verdad. No es por vocación. No me hice millonario y tengo que seguir trabajando. Piensas que eres especial cuando estás jugando. Es una etapa corta que te marca para siempre. Pero es algo que no vas a volver a tener”, reflexionaba hace un par de años en una entrevista para ‘Gigantes del Basket’. Según me contaba, hizo un máster en dirección de empresas deportivas y montó una empresa de organización de eventos en la capital ilerdense, pero la idea no prosperó y hubo que replanteárselo todo.

“Surgieron oposiciones y tengo una hermana que es ‘mosso d’esquadra’. Me dijo que me presentase y le respondí ‘¿yo?’. Luego pensé que podía ser una buena idea. Estuve en una academia en Mollet y durante casi un año me dediqué íntegramente a intentar sacar la plaza. En el 2010 lo conseguí y estoy muy contento”, añadía.

En este tiempo, le ha dado para anécdotas debido en buena parte a que se trata de una persona muy conocida en su entorno. “Cuando vas a multar a alguien porque a lo mejor ha aparcado mal, me reconocen. ‘Coño, Berni, no me hagas esto’… Y acabas teniendo respuestas para todo. Ser ex jugador a veces te facilita las cosas. La clave en este trabajo es rebajar tensiones y el hecho de que te conozcan ayuda”.

Su altura desde luego deben imponer. “La presencia física intimida un poco, está claro. Me ha ayudado a que más de uno no se me rebotara. En la pista yo creo que era bastante guerrero, pero aquí soy todo lo contrario. Se necesita mucha psicología, apaciguar en las situaciones complicadas”, destaca. Al menos no ha tenido que sacar la pistola por ahora, aunque sí “la porra, alguna vez”. “No es una ciudad conflictiva. Quizás un poco más en verano, cuando hay más movimiento”, agrega.

“El deporte encaja bien en esto: la forma física, los valores y el respeto que aprendes en un vestuario… Pero la otra vida después del baloncesto es dura. El que no ha tenido cabeza con los negocios y cosas parecidas lo tiene complicado”, afirma.

En la actualidad, como policía local.
En la actualidad, como policía local.

Mirando atrás, dice estar muy orgulloso de su carrera. “Empecé a jugar en serio federado a los 16 años. Hasta esa edad solo había hecho baloncesto en el colegio o en la calle. Durante mi etapa escolar a lo que me había dedicado era al balonmano. Para mí acabar en la ACB fue muy rápido. Poniéndolo todo en perspectiva, no he sido nunca una estrella. Jugué mucho tiempo con los mejores y eso, para haber salido de la nada, está muy bien”.

5,7 puntos y 4,7 rebotes en 14 minutos atestiguan que, pasados los 40, todavía tiene algo que ofrecer sobre una pista de basket.