Ramón Rivas: Terrorífico salto de calidad en Vitoria

Ramón Rivas: Terrorífico salto de calidad en Vitoria

Javier Ortiz Pérez

En los Celtics.
En los Celtics.

Todo un clásico en Vitoria Ramón Rivas, ¿verdad? Podría hasta decirse que su fichaje, en 1989, inauguró una nueva etapa más opulenta y exitosa en el entonces conocido como Taugrés y ahora Laboral Kutxa. Fue un tremendo salto de calidad para un equipo así tener un ‘5’ de nivel NBA que no ocupase plaza de extranjero. Durante la siguiente década su carrera se desarrollaría en España.

El padre de Rivas era de Valladolid, creció en Barcelona y emigró al Bronx neoryorquino, donde conoció a una puertorriqueña con la que tendría a Ramón. El pequeño creció en la isla, desde la que volaría hasta Estados Unidos para completar su formación en una universidad de prestigio baloncestístico como Temple.

Aunque no entró en el ‘draft’ que le correspondía, el de 1988, consiguió un contrato con los Boston Celtics, con los que le vimos por primera vez, aunque fugazmente, en el Open McDonald’s que se disputó en el Palacio de los Deportes madrileño. En la NBA solo permaneció un año (1,4 puntos y 0,9 rebotes en 3,3 minutos, 22 partidos) y buscó más protagonismo (y se supone que un contrato mejor) en el país de su padre. No hubo trampa ni cartón porque los trámites se resolvieron rápidos para un pasaporte que le hacía muy valioso.

Desde el principio su impacto fue inmediato. No era un gran estilista, pero sí un jugador terriblemente duro, difícil de rebasar en defensa, muy comprometido, del que se cuentan anécdotas salvajes sobre cómo intimidaba de todos los modos posibles a sus rivales. Con él el Baskonia accedió por primera vez a unas semifinales ligueras y empezó a llenar su sala de trofeos con la Copa del Rey del 95 y la Copa de Europa (denominación ya de la antigua Recopa) del 96.

“Fue una química que surgió muy rápido. El público me hizo sentir como en casa. Me identificaba mucho con ellos y ellos conmigo. Todas las noches iba a jugar duro, físico. Y la gente de Vitoria eso lo agradece mucho. Cuando llegué, el Baskonia era pequeño. Querejeta llevaba un año con el equipo y estaba mejorando, discutiendo a los ‘grandes’ de siempre. Fue difícil cambiar la mentalidad, tanto para la prensa como para el público y los árbitros. En siete años vimos poco a poco cómo entramos en la élite del baloncesto”, me contaba hace un par de años para ‘Gigantes del Basket’.

Con el Taugrés 89-90.
Con el Taugrés 89-90.

Curioso que de aquellas plantillas haya salido tanto entrenador de éxito unos años después: Pablo Laso, Velimir Perasovic... “Es que éramos un equipo con muchos cerebros. Íbamos a jugar cualquier partido y todo el mundo tenía algo que decir ahí dentro. A menudo hablábamos entre nosotros lo que había que hacer. No éramos de los que hacíamos exactamente lo que se nos ordenaba”.

A Rivas le entristeció la muerte de Manel Comas, el entrenador que más apostó por él. “Hablé con él unos mees antes. Le comenté la huella que había dejado en mí y él me respondió destacando mi entrega para hacer un equipo ganador. Eso me hizo sentir muy especial, porque cuando uno está en el proceso jugador-entrenador, no hay momentos para expresarse bonito. Cada victoria y cada derrota cambia el ánimo. Pero había respeto mutuo, un cariño mutuo (…) Era un tipo muy especial. Siempre decía muchas cosas que daban risa por la manera de expresarse, pero era un guerrero sobre la cancha”. Hablaba desde Orlando, donde ejerce como comentarista para la radio oficial de los Magic en español.

Fijo en la selección puertorriqueña, con la que disputó tres Juegos Olímpicos, su papel fuera de Vitoria no fue tan lúcido: ni en el Barcelona (96-97, aunque ganó una liga) ni unos meses en Cáceres (97-98, refuerzo para la permanencia) fue tan importante, lo mismo que en breves experiencias en el AEK de Atenas y en el Fabriano. Su total de partidos ACB es alto (307) y esos 10,7 puntos y 7,5 rebotes en 27 minutos no terminan de hacerle justicia.

Habrá que seguir de cerca a Juan Ramón Rivas, su hijo, que juega en la Universidad de Kansas-Missouri, donde va a empezar su segunda temporada. “Pone bien el balón en el suelo y tiene buen tiro”, resume su progenitor, que ha sido su entrenador personal durante toda su vida. Seguro que también le ha dado lecciones de fiereza.

Luchando por un rebote en el Barcelona.
Luchando por un rebote en el Barcelona.

Para cerrar. Antes comentaba lo de las “anécdotas salvajes” de intimidación de Rivas. Pues bien, que hable su ex compañero Joe Arlauckas (entrevista en Jotdown): “Un día salimos a jugar contra Estudiantes y se acercó a Orenga, se puso a correr con él, a su altura, y le dice: “Estás en mi casa, aquí me llamas papá”. Y Orenga: “¿Qué?”. Mientras, yo mirando, pensando qué manía le tenía que tener para decirle eso. “Aquí me llamas papi, aquí soy tu puto padre”. El tío calentando y Ramón corriendo detrás de él. “Que no me voy hasta que me llames papi” (…) Era la hostia. Uno de los primeros días en Vitoria fue  a su casa y estuvimos viendo la tele. Al irme, al ir a salir, vi un cartel al lado de la puerta lleno de nombres. Veo que son nombres de jugadores de la ACB, le pregunto qué era eso y me dice: “son la gente de mi lista (…) De mi lista de pegar una hostia”. Tenía como quince o dieciséis nombres. Encima veo que el noveno era yo. “Pero si estoy yo aquí”, le digo. “Sí… mmm… bueno, te voy a quitar ahora que jugamos en el mismo equipo”. Le pregunté qué hice y dice: “Me metiste un mate y me hiciste el pistolero con las manos en la cara”. “¿Y por eso me ibas a dar una hostia?”.  “Sí, sí, una hostia limpia”. Todos los de la lista la recibieron. Juanan Morales, Jordi Soler. Todos. Llegaba el partido y raca, pum, nariz fuera, sangre por todas partes”.

Cáceres, últimos partidos en España.
Cáceres, últimos partidos en España.



En la actualidad.
En la actualidad.